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Diario YA

La portavoz del Gobierno informaba de la decisión de que tomara inmediatas cartas en el asunto la Fiscalía del Estado

Rebeldía separatista del Parlamento de Cataluña: De la debilidad y del coraje

Manuel Parra Celaya. La portavoz del Gobierno informaba de la decisión de que tomara inmediatas cartas en el asunto la Fiscalía del Estado, que yo he traducido verbalmente -con sonrisas de aprobación de los comensales de la mesa vecina- de curar un cáncer con tiritas; omito pudorosamente el resto de mis comentarios por respeto al lector estival. Acabado el café con cierta prisa, he salido al aire libre -en sentido literal y no poéticamente político- y, cosa curiosa, por asociación de ideas, me ha venido a la mente una anécdota que explicaba mi profesor de Historia de bachillerato, de cuya exactitud y rigor no respondo (no tengo mi biblioteca al alcance), pero, en todo caso, relacionada con mis pensamientos del momento. Allá por el mil trescientos y pico, el rey Pedro IV de Aragón, enfrentado a los nobles insumisos en la batalla de Épila, rasgó con su punyalet, el documento del Privilegio de la Unión, que concedía amplios poderes a aquellos; en su ímpetu, se propinó una herida en la mano.

¿No les parece suficiente prueba de humor español los nuevos resultados de las elecciones del 26J?

DE BRITÁNICOS Y ESPAÑOLES

Manuel Parra Celaya. Me da la impresión de que un hado inmisericorde pero europeísta me empuja a volver a escribir esta semana sobre la Rubia Albión, sin que existiera intención premeditada por mi parte; me refiero a la difusión del Informe Chilcot, que pretende poner en revisión la última guerra del Golfo; aclaremos: no la primera, la que organizó Busch padre, perfectamente asumida por el PSOE en el gobierno de España, con el correspondiente envío de barcos de guerra nacionales, y por los progres en las calles y plazas.

en algunos barrios abundan las pintadas de Tourist, go home

WELLCOME, TOURIST!

Manuel Parra Celaya. En esta surrealista Barcelona, antaño puerta de entrada de Europa en España, todo es posible, incluso, como saben ustedes, chantajear al Ayuntamiento para que utilice los dineros de los contribuyentes para solaz de los supuestos antisistema -paz callejera a cambio de euros- , a modo de versión actualizada de aquella protección que los gánsteres ofrecían a los comerciantes.

Hispanos y no latinos

HISPANOS

Manuel Parra Celaya. Hispanos y no latinos. Cada vez que escucho el uso espurio de este vocablo, incluso en bocas o plumas autorizadas o por sus mismos protagonistas para autoidentificarse, evoco aquel rosa rosae o el qui quae quod de mis primeros años de Bachillerato, primero sentido como suplicio infantil y luego percibido y asimilado con gusto, como fuente de cultura, de conocimiento y de motor de estructuración lógica de mi mente.

IGUAL QUE AQUÍ; He sentido envidia en el encuentro anual de los antiguos soldados alpinos

Manuel Parra Celaya. Acabo de regresar de Italia, concretamente de Asti, donde he tenido la alegría de participar en los actos de la Adunata, multitudinario encuentro anual de los antiguos soldados alpinos, que ha conseguido triplicar la población de esta bella ciudad del Piamonte. Y ha sido allí en concreto donde, en constante examen de conciencia, he descubierto que soy terriblemente propenso a la envidia.

Ante la Jura de Bandera

Manuel Parra Celaya. He sido testigo en Barcelona del juramento o promesa ante la bandera de España de más de quinientos catalanes civiles, en lo que constituye ya una ceremonia habitual en muchas ciudades españolas. Por supuesto, algunos medios se limitaron a despachar la noticia con una breve nota de circunstancias; eso los que se dignaron incluirla, pues la mayoría temían que les falta espacio para comunicar a sus lectores que un número parecido de personas se había manifestado, el mismo día por la tarde, a favor de la desobediencia a la sentencias del Tribunal Constitucional y, por supuesto, del separatismo. Pero vuelvo al acto del juramento civil, que es lo que me importó ese día.

Dos de esos sucesos –aparentemente, sin relación entre sí- han suscitado esta semana mi consideración

Los cínicos: Precursores de un Rousseau puro y duro

Manuel Parra Celaya. Atrapada nuestra atención por los dimes y diretes de los partidos políticos, incapaces de dotar de gobernabilidad a la sociedad española, se nos pasan desapercibidas a menudo lo que llamaríamos noticias menores, casi anecdóticas en apariencia, que representan, no obstante, un síntoma de lo que estamos viviendo. Dos de esos sucesos –aparentemente, sin relación entre sí- han suscitado esta semana mi consideración.

Junto al edificio del Ayuntamiento

Hoy he visto el odio: 14 de abril de 2016. Plaza de San Jaime de Barcelona, por la tarde

Manuel Parra Celaya. 14 de abril de 2016. Plaza de San Jaime de Barcelona, por la tarde. Junto al edificio del Ayuntamiento, un escenario con sistema de altavoces, presidido por un telón de fondo con los colores de la que fue bandera de España durante la Segunda República (en la Primera se mantuvo la enseña roja y gualda). Por una calle adyacente se incorporan unas ciento cincuenta personas que ocupan la calzada e integran la manifestación que va a asistir al acto conmemorativo de la fecha.

Anécdota vivida en un AVE

Los hábitos ciudadanos

Manuel Parra Celaya. Anécdota vivida en un AVE: una familia acaba sus bocadillos y refrescos y deposita los desperdicios en una bolsa de plástico; llegan a su estación de destino y la niña pregunta a su madre: “¿Qué hacemos con esto?” Respuesta: “Déjalo, ya lo recogerán los empleados, que para algo están”. La escena me produjo un dejá vu de otros similares vividos innumerables veces con alumnos de Secundaria: “Por favor, recoge ese papel”. “¡No es mío, yo no he tirado!”. “Ya lo sé (sea o no cierto)… te digo que lo recojas para que no vivamos en el colegio entre basuras”. “¡Para algo les pagan a las señoras de la limpieza…!

IMPUDICIAS

El imperio de lo políticamente correcto es rematadamente cursi

Manuel Parra Celaya. El imperio de lo políticamente correcto es, por encima de todo, rematadamente cursi, tanto cuando se ejerce desde el dogmatismo de la izquierda como cuando responde a los complejos de la insegura derecha. Lo políticamente correcto adolece, también, de puritanismo, con reminiscencias de Ejército de Salvación y de comparsa de Damas Sufragistas, al unísono; sus mohínes, dengues y remilgos de escándalo ante la disidencia son dignos de dramón decimonónico, aunque, en su fuero interno, se correspondan más con secretos licenciosos de los salones de la Pompadour.