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Diario YA

 

 

¿Cómo elegir raza de perro para vivir en la ciudad?

Vivir en la ciudad tiene numerosas ventajas. Pero si también sentimos pasión por las mascotas perrunas, una mala elección puede crear un entorno insano tanto para nosotros como para el propio can. Porque no todas las razas de perros están adaptadas a las características y particularidades de la vida en la ciudad, todos no siempre son perros urbanos o simplemente no son los mejores perros para apartamentos.

Por ejemplo, si bien se tiende a pensar que los perros pequeños son siempre una buena raza para compartir vida urbana - ya sea porque dejan menos pelo en las viviendas o recogen menos arena y cantos de la calle., lo cierto es que no todas los perros de menor tamaño son adecuados para la vida urbanita.

Por lo tanto, ¿qué factores debemos cotejar para acertar con el perro que va a compartir nuestra vida en la ciudad?

Su nivel de energía

Los perros de menor tamaño son, por lo general, los canes con más energía. Por contra, los grandes perros tienen un ritmo menor, son menos enérgicos. Ello no quiere decir que todos los perros de gran tamaño sean relajados por naturaleza; al contrario, los hay extremadamente activos.

Si introducimos en nuestra vida un perro con un nivel de actividad muy alto, tenemos que ser muy conscientes que va a exigir una mayor atención a sus necesidades de movilidad, esto es, tendremos que sacarlos más a menudo, jugar con ellos de forma regular, y no siempre se dispone del tiempo que requieren los canes para vivir felizmente.

Su capacidad de adaptación a un entorno reducido

En líneas generales, los espacios en la ciudad son de un tamaño más reducido que los que se disponen en el ámbito rural. Por ello, es importante elegir una raza que se adapte con cierta facilidad a entornos de menor tamaño, que esté tranquilo en él y no adquiera malos hábitos de ladridos, que pueden resultar especialmente molestos para los vecinos del inmueble.

Sus necesidades de ejercicio

Los Terriers, por ejemplo, a pesar de ser unos perros pequeños, son muy activos por lo que para garantizar una buena vida a la mascota es imprescindible proveerle de momentos de ejercicio con mayor asiduidad que otras razas, que pueden mantener un estado de bienestar similar con una caminata al día y momentos de ejercicio puntuales. En el lado contrario, encontramos a los pug, una raza que requiere de muy poco ejercicio.

Su sociabilidad

La vida urbana supone para una mascota, sea esta cual sea, cierta vida social, ya sea propia al pasear por los exteriores, o por la vida social de los dueños. Por ello, es importante que compartamos vida con un can que acepte con cierta normalidad la posibilidad de encontrarse con personas diferentes, extrañas, y que estas tomen la iniciativa de demostrar afectos hacia la mascota sin que ello suponga para el perro un momento de ansiedad.

Del mismo modo, la raza de perro que elijamos no tiene que sentirse estresada por la presencia de otros perros, por ejemplo en los numerosos parques de perros que pueblan las ciudades actuales. Un paseo idílico puede convertirse en un momento horrible si nuestro perro se muestra agresivo hacia otros perros o personas.

Un carácter apacible

Siguiendo con el ámbito de cómo se va a desarrollar la vida del can en la ciudad, resulta imperioso que nuestra futura mascota tenga un carácter apacible. Esto es, tiene que mostrar y evidenciar aptitudes para adaptarse a los continuos ruidos de coches, multitudes y luces que pueden llegar a sobrecargar sensorialmente al perro.

No obstante, si el perro con el que quieres compartir tu vida en la ciudad no cumple el cien por cien de los apuntes aquí remarcados, piensa que siempre puedes enseñarle y educarle a vivir en la urbe. Asimismo, se recomienda, llegados los casos, adaptar las rutinas compartidas a aquellos momentos en los que ambas partes se sientes cómodas.

Con paciencia, trabajo, esfuerzo y entrenamientos diarios, cualquier perro puede adaptarse con garantías de vivir una buena vida a las peculiaridades de vivir en la ciudad. Solo en aquellos casos en los que es evidente que el perro no es feliz, el dueño deberá plantearse la posibilidad de buscar un entorno urbano pero alejado del centro, de tal forma que el perro sienta que tiene mayor libertad de movimiento, y el dueño no se sienta limitado por la presencia del can.