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Diario YA

No hay diferencia entre comunismo y socialismo

¿Comenzará por Cataluña la balcanización y proletarización de España?

 “No hay diferencia entre comunismo y socialismo, excepto en la manera de conseguir el mismo objetivo final: el comunismo propone esclavizar al hombre mediante la fuerza, el socialismo mediante el voto. Es la misma diferencia que hay entre asesinato y suicidio.” Ayn Rand.

Miguel Massanet Bosch. Como era de esperar, no han tardado en producirse lo efectos perversos de la conjunción de distintas ideologías, para nada compatibles y menos sostenibles en un proyecto común que, en una actuación contra natura, se han querido aliar para formar una candidatura unitaria para conseguir un fin, aparentemente común pero que, en realidad, el único objetivo que se ha pretendido conseguir, por una parte de los partidos confabulados, ha sido crear un estado de incertidumbre, un periodo de interinidad y un situación de desazón en la ciudadanía de la comunidad catalana que, como era de esperar, a quienes parece que les está beneficiando es a los partidos de izquierdas extremas, que están consiguiendo que sus ideas políticas cercanas al marxismo y sus propuestas igualitarias, en conjunción con un separatismo hábilmente manipulado por los políticos, se vayan imponiendo en una parte del pueblo catalán, ya de por sí bastante proclive al populismo proletario, como se demostró en el periodo entreguerras (comprendido entre los años 1.914 y 1.939), y a la rebeldía que se les viene inculcando, a través de los años y de las escuelas, en contra del estado Central representado en un odio cultivado en contra de Madrid y del propio idioma español.
Lo cierto es que, fruto de una política excesivamente permisiva, hace ya unos años en los que, en Cataluña, se están desarrollando grupos que se han integrado en partidos nacionalistas, de tendencias comunistas, con la excusa de colaborar en conseguir la independencia del país, pero con el objeto de hacerse con el poder, tanto si la independencia se llegase a conseguir, algo muy utópico; como si sigue en estado larvado, pero reteniendo el poder en las instituciones desde donde, una vez hayan conseguido liberarse de los ilusos burgueses, – que pensaban que, conseguida la independencia iban a ser quienes dirigirían, desde sus poltronas de grandes empresarios, banqueros e industriales, el rumbo de una Cataluña independiente, en la que les iba a ser fácil enriquecerse más, mientras el resto de ciudadanos se conformarían con seguir actuando de súbitos conformistas –, algo que, como se ve, ya están empezando a poner en práctica: poder implantar con más facilidad un régimen similar al que han venido vendiendo, desde hace un tiempo, el señor Pablo Iglesias y sus compañeros del equipo de Podemos, del partido comunista bolivariano, importado de Venezuela.
La cabeza de puente la consiguieron instalando a la señora Colau al frente del ayuntamiento de Barcelona. Esta mujer ha conseguido, en tan solo unos meses, poner en cuarentena al turismo, una de las principales fuentes de riqueza de los catalanes que han conseguido, en unos años, hacerse con una importante cuota del turismo internacional y, últimamente, reforzada con la continua llegada de cruceros de turismo que vienen dejando importantes ganancias a comercios, restaurantes, hoteles y pequeños fabricantes cuyas actividades tienen que ver con el turismo o con quienes se benefician de él. La alcaldesa comenzó por atacar los pisos alquilados a turistas, más o menos ilegales, que  proporcionaban un complemento ( no olvidemos que hemos estado en una grave crisis) a personas necesitadas; siguió  imponiendo una moratoria a todos aquellos establecimientos que esperaban poder empezar a funcionar el pasado verano, muchos de ellos con los permisos concedidos; no contenta con ello, escudándose en las molestias que los turistas podían causar a los ciudadanos de la ciudad, encargó un estudio con la intención de establecer unas vías de visitas a la ciudad dentro de las cuales deberían mantenerse nuestros visitantes.
Ahora, después de la elecciones autonómicas, aunque la victoria haya sido para “Junts pel Sí”, la lista de Mas y Junqueras, la realidad es que no han conseguido los suficientes votos para obtener la mayoría absoluta del Parlamento catalán. Confiaban en que les sería fácil llevar a su redil a los antisistema anarquistas de la CUP, no obstante, estos señores no parece que estén dispuestos a vender fácilmente su apoyo y ya se habla de que andan a la caza de “consellerías”, desde las cuales puedan poner en marcha sus ideales ácratas que, como es evidente, sería como darle la puntilla a Barcelona y a sus aspiraciones de ciudad cosmopolita. La cara que se le ha quedado al señor Artur Mas es todo un poema, puesto que ve como el castillo de naipes que se había forjado, viéndose de presidente vitalicio de la Generalitat o, lo que es lo mismo, de la “República Catalana Independiente”, se le ha desplomado al primer envite.
Si los del CUP, por medio de una portavoz, Gabriel, han propuesto una dirección “asamblearia” en lugar de un solo presidente; donde no se sabe todavía quien mandaría o si, siguiendo sus principios anarquistas, todo lo que se tuviera que acordar debería serlo por mayoría, es evidente que estamos abocados a un sistema comunista de la peor ralea y la sentencia definitiva para la economía catalana y sus posibilidades de sobrevivir en su soledad fuera de la CE y de España. Lo cierto es que, entre tanto, los partidos nacionales como el PP o el PSOE se están “divirtiendo” entre dimes y diretes, atacándose mutuamente, discutiendo sobre si se ha de aplicar, estrictamente, la Constitución, como queda especificado en su capítulo VIII o  si reformarla para reconocer  “la  singularidad de la nación catalana” algo que querrían complementar convirtiendo a España en un estado “federal”  (un cambio que, por activa y por pasiva, los catalanes independentistas, ya han dicho que no les vale).
Evidentemente, el señor Pedro Sánchez, el líder de los socialistas, sigue el camino de su antecesor Zapatero, más dispuesto a aliarse con el Diablo, si fuere preciso ( con Podemos, por ejemplo), para conseguir el poder del que está ávido, antes de preocuparse por lo que le conviene el pueblo español; y, es muy probable, que el mismo camino siga un Mas, desnortado, que en sus últimas apariciones ya se ha olvidado de su habitual compostura, sin corbata y con la camisa desabrochada, al más puro estilo de agitador callejero, seguramente para acostumbrarse a un look  más de acuerdo a su nueva faceta de dirigente marxista. Y aquí cabe una reflexión, creo que oportuna, ante el hecho de que el 20 de diciembre van a celebrarse las legislativas. ¿Será el ejemplo de Cataluña el que van a tomar como modelo algunas autonomías, como podría ser la vasca, la gallega o la que parece la más cercana, las Baleares, mi tierra de origen?, ¿Se producirá en el resto de España un efecto espejo que favorezca la agrupación de los partidos de izquierdas para formar un gobierno asambleario o un nuevo tripartito al estilo del que gobernó (de forma nefasta) Cataluña durante cuatro años?
Puede que los españoles no se hayan dado cuenta pero, desde que andamos con semejante rifirrafe, nuestra prima de riesgo ha subido a 140 puntos, nuestra economía se va ralentizando, el recorte del desempleo se ha estancado, las bolsas van dando tumbos ( no sólo por el problema español, por supuesto) de modo que han bajado un 11% y la confianza de los inversores empieza a mostrar señales de flaqueza, más pendientes de los problemas políticos que puedan afectar a nuestra nación que del posible déficit que pudiéramos tener a finales de año o de la magnitud de nuestra deuda pública.
¿Cómo es posible que hayamos llegado a esta situación? Hace unos años nada hacía presagiar que pudiéramos llegar a una situación en la que España volviera a estar en peligro del regreso de un nuevo Frente Popular que amenazase, no sólo nuestra iniciada recuperación económica, nuestra permanencia en la UE o la conservación de todas las mejoras económicas, industriales, sociales y de todo tipo, con el evidente peligro de retornar a situaciones pasadas, a encontrarnos como estábamos el 20N del 2.011 con la posibilidad de que, los próximos comicios, nos traigan a nuestra nación un calco de lo que estamos empezando a experimentar en Cataluña, donde ya ni las luces navideñas parecen estar aseguradas. El afán se revanchismo de esta izquierda destructiva no tiene límites y, si esto se contagia al resto del país, lo más probable es que, las posibilidades de volver a situaciones semejantes a la de los años treinta del siglo pasado, con toda su inestabilidad social y su enfrentamiento entre españoles, un hecho que ya se había descartado por completo, vuelva a ser posibles.
O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, contemplamos como se reproducen, de momento en Cataluña, pero con el peligro de que se extiendan a otras regiones, situaciones políticas que auguran, a los españoles que residimos en esta tierra, tiempos de zozobra y de incertidumbre jurídica. España puede caer en manos de quienes no aspiran más que a hundirla en el caos.
 

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