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Diario YA

El coste de los compromisos adquiridos por el líder socialistas para conseguir el apoyo a su moción de censura, puede resultar insoportable y ruinoso para nuestra nación

¿Cuánto costarán a España los favores de Sánchez a Cataluña?

Miguel Massanet Bosch. Es evidente que si nos detenemos en analizar todas las actuaciones del gobierno socialista, presidido por el señor Pedro Sánchez, desde que asumió la gobernanza de la nación española, es difícil de encontrar en alguna de ellas algo que no tenga que ver directamente con aquellos compromisos que tuvo que contraer, el ambicioso presidente, para conseguir, a toda costa y sin valorar sus consecuencias mediatas para el futuro de España y de los españoles, aquello que lleva años intentando lograr: la presidencia del Gobierno español. En realidad, entre él y el señor Pablo Iglesias de Podemos (que nunca pensó que cuando su partido se encontraba en horas bajas, con todas las encuestas anunciando una fuerte bajada en sus perspectivas electorales, le cayera el Gordo de la Lotería política precisamente de manos de aquel con el que, últimamente, se estaban disputando con más ferocidad los votos de las izquierdas) se ha establecido una “entente cordiale” o, lo que es lo mismo, un principio programático de apoyo mutuo para mantenerse en el candelero hasta la llegada de las elecciones del 2020.

Un apoyo a una moción de censura que, precisamente, colmaba sus aspiraciones después de la derrota de la que hace un tiempo habían presentado ellos contra don Mariano Rajoy, que ha sabido rentabilizar a costa del ego del señor Sánchez, más dispuesto a presentarse como si fuera un actor de teatro ante una audiencia a la que puede engañar con facilidad, aunque sea para conducirla al caos,  en lugar de asumir en serio lo que es la responsabilidad de gobernar con acierto un país que, a diferencia de lo que sucedía hace unos años, antes de la formación de la CE, cuando cada país sólo se debía a sí mismo y, como le está sucediendo ahora al dictador de Venezuela, señor Maduro; le hubiera bastado darle un estoconazo a la peseta como, por cierto, acaba de hacer con su moneda, el bolívar, el sátrapa venezolano, algo que con ésta ya ha ocurrido por tercera vez desde que el señor Chaves, en 2010, lo devaluó en un 50% y, el mismo Maduro, en 2017 ( junio) en otro 63%; culminando su labor de devaluar la moneda de su país este mes de agosto,  cuando no ha tenido inconveniente en acometer una nueva devaluación de un 90%, dejando a su moneda desde un cambio de 3,345 anterior a 24,996 bolívares por dólar en la actualidad; ahora, sin embargo, España depende, en gran manera, de su vinculación a la UE sin cuyo apoyo difícilmente sería capaz de sobrevivir..

Y es que, el señor Maduro fue asesorado, en primer lugar, por esta pandilla de Podemos a cual con más contradicciones entre su vida personal y sus martingalas fiscales y chalets de millonarios, cuyo único objetivo es destruir una economía fuerte, como es la española, para crear las condiciones sociales (entiéndase miseria) que propicien un avance del comunismo marxista que actualmente existe entre los que cortan el bacalao en Venezuela, a costa del hundimiento de aquella nación americana. El otro gran vudú del socialismo, Zapatero, el que en dos legislaturas fue capaz de tirar por la borda todo lo construido por el gobierno de Aznar y llevar a España al punto de bordear la quiebra soberana, en lugar de apartarse a un lado e intentar que nos olvidemos del mal que hizo al país, sigue empeñado en fastidiar todo aquello en lo que interviene. Este sujeto sigue acudiendo a cualquier desmadre en el que se le admita, como parece que ahora, siguiendo su senda, el señor Sánchez pretende, con evidente temeridad, dada su bisoñez en esto de gobernar una nación, nada menos que ofrecerse a hacer de mediador  en Colombia, para intentar conseguir un acuerdo entre el gobierno y las guerrillas del Ejército de Liberación Nacional. Todo ello bajo el mismo denominador: intentar colgarse todas las medallas posibles que no requieran dictar leyes para compensar su minoría en el Congreso, lo que no le permite tener la confianza suficiente para que salgan aprobadas las leyes, que ellos quisieran aprobar y, por otra parte, no quiere exponerse a que los fracasos desvirtúen la campaña electoral que puso en marcha desde el primer día en que salió elegido como Presidente del gobierno.

No obstante, se ve obligado a gobernar, cómo andan los camaleones, en un continuo balanceo hacia adelante y hacia atrás, según pinten las circunstancias y sea necesario hacer y deshacer lo hecho para evitar caer en errores garrafales que de nada les iban a servir para la propaganda que intentan desplegar, llena de demagogia, hasta que llegue el momento de unas nuevas elecciones que esperan que no se presente antes de que transcurra el año y medio que queda de plazo hasta que, oficialmente, se deban convocar unas nuevas. Pero y ¿hasta entonces cuánto se van a ver obligados a ceder, pagar, transigir, forzar las leyes, prevaricar, enfrentarse a la UE, crear enfrentamientos entre empresarios y trabajadores, provocar huelgas, hundir nuestra economía o dejar marchar a empresas importantes o bancos que decidan huir de España ante  los impuestos, el intervencionismo o la mala praxis de este gobierno nacido de la trampa y mantenido por la alianza de las izquierdas más extremas, la mayor garantía de fracaso completo?

El Gobierno metió la pata hasta el corvejón en el caso de la defensa del juez Llarena ante el tribunal Belga, cuando negó su apoyo. ¡Es incomprensible la pasividad, la cara dura, la dejadez y la vergonzante manera de actuar del Gobierno de España ante un intento tan descarado de la Justicia belga de intervenir en un país soberano, como es España. Y más si tenemos en cuenta que Bélgica se trata de un estado fallido en el que las peleas entre las distintas etnias han impedido formar gobiernos estables durante años. Un estado con una policía incompetente, como se demostró en todo lo que rodeo los atentados en el propio país y los que tuvieron lugar en Francia, pero se prepararon en la misma Bélgica. En lugar de aprender de nosotros, quieren darnos lecciones y esto nuestro Gobierno no debiera de haberlo consentido, elevando quejas ante el Parlamento Europeo, sobre  el comportamiento, a todas luces improcedentes, de un país “amigo” al que se le solicitó, en el caso de Puigdemón y sus satélites, una orden europea de detención, que debió de ser atendida  sin dilación ya que no existe ninguna nación en la CE que permita que alguien atente contra su soberanía como ha sido, en el caso de España, el intento del separatismo catalán.

Pero el señor Sánchez ha dado la orden a los fiscales que rebajen las acusaciones respecto a los imputados que están en las cárceles catalanas; que se intente que el señor Llarena no sea apoyado en su problema en Bélgica, debido a que este fue uno de los compromisos con Torra; que no se insista el Gobierno español en la defensa de su magistrado de  la soberanía nacional.  Hubo una reacción unánime en contra de esta actitud y, de nuevo, ¡han rectificado! Y ¿qué hay de la vergüenza para España de que unos insurrectos invadan de lazos amarillos y de cruces del mismo color, todos los espacios públicos de Cataluña, incluso en sus playas, pidiendo la libertad de unos presuntos traidores a España? Y, todavía peor, que los que los retiran sean acusados de destruir mobiliario público. El señor Sánchez les dio todas las garantías de que acabarían todos en la calle y que contendría cualquier nueva intervención de los jueces contra los separatistas. ¿Qué le va a pasar al señor Torra que, públicamente, amenazó con atacar al Estado español? ¿Existe en España algún fiscal que haya abierto un expediente contra él?  La señora Calvo, que se llama jurista, dice que las palabras no constituyen delito y esto nos hace sospechar de que, quizá, su estudios no llegaron  al CP, donde se habla de calumnias, injurias, incitación al odio o a cometer delitos, entre muchos otros de los que dicha señora parece que no recuerda.

Y nuestro presidente, que tantas cosas tiene que solventar en España, que tiene tan graves problemas pendientes de solucionar vean que, lo único de lo que se preocupa es de sacar al general Franco de su actual sepultura para enviarlo a otro lugar. ¡Gran proeza de profanador de tumbas! Nos gustaría saber lo que opinará el Vaticano, el único que puede dar permiso para esta operación, a todas luces extemporánea y dedicada exclusivamente a conseguir los votos de todos los resentidos que quedan en España del bando perdedor. Porque los otros, los cientos de miles masacrados en la retaguardia de los territorios ocupados por la Republica, que cayeron asesinados en las cunetas, que murieron torturados en las chekas de Madrid, Valencia o Barcelona, o que se dedicaron, algunos de ellos, a la sádica labor de torturar a inocentes y mujeres (estos a los que los de izquierdas están pidiendo que se anulen los juicios por los que, los tribunales, del llamado franquismo, dictaron penas de muerte).

Quizá todo este tinglado montado por los resentidos del comunismo europeo, de la mal llamada Memoria Histórica, que tanto se preocupa de convertir el Valle de los Caídos en un lugar de culto al comunismo internacional y de erradicar cualquier monumento que recuerde al franquismo, cualquier día se entera de que la mayoría de embalses que existen en la actualidad en España se construyeron por Franco, así como infinidad de pueblos que anteriormente no existían y que dieron cobijo a muchos trabajadores en aquellas épocas. ¡Cuidado que no les dé por dinamitar los embalses o destruir los pueblos por constituir un recuerdo indeleble del franquismo. La historia es la que fue, los rojos perdieron y los nacionales ganaron, en todas las historias del mundo así ha quedado retratado y lo que intenten toda esta cuadrilla de rencorosos que intentan escribirla de nuevo para que, el resultado, sea a su favor; es como si alguien quisiera, en la actualidad, negar la misma evolución que nos enseñó Darwin. En todo caso, no se puede negar que, los que no comulgamos con la política de esta izquierda que pretende enseñarnos cómo se dirige una nación, cuando la experiencia nos ha demostrado de que son incapaces de hacer bien, parece ser que en estos momentos tiene ventaja.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, tenemos la impresión de que, aparte de los esfuerzos que pueda hacer un voluntarioso Pablo Casado y todos los que forman su actual equipo de directivos, no nos queda más remedio que admitir que los tres partidos que pudiéramos considerar como constitucionalistas,  no parece que estén dispuestos a unir fuerzas, algo así como lo que pretende el señor Valls para concurrir a las elecciones por la alcaldía de Barcelona, y parecen dispuestos a seguir disputándose los votos, en un intento suicida de conseguir una mayoría imposible. Europa nos sigue mirando atentamente y puede que lo que esté viendo no sea lo que esperaba de España.

 

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