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¿Hay vida fuera de las familias Pantoja, Ortega Cano, Banderas y los lobbies gays y lesbianas de las TV?

Miguel Massanet Bosch. No importa que, en España, estemos pasando por un tiempo de zozobras, de peligrosos experimentos políticos o de amenazantes intentos de segregación de algunas de nuestras autonomías. No importa, tampoco, que fuera de nuestra nación se produzcan situaciones que erizan el vello de cualquier bien nacido e hielan la sangre en las venas de cualquier persona de bien cuando observamos la frialdad, la furia y el fanatismo demostrado por aquellos que, en nombre de una religión, el islamismo, masacran a cientos y a miles de personas inocentes, sólo por estar en el lugar y el momento equivocado que las ponen a merced de verdaderos iluminados, convencidos de que Ala, el dios de los mahometanos, desea que su religión sea impuesta a golpe de machete y con derramamiento de sangre.

Tampoco importa que Europa esté pasando por una crisis de ideas, una división entre algunas de sus naciones o una falta de entendimiento en cuanto a la dirección que se le ha de dar a la CE en el futuro. Inglaterra y otras naciones parece que no desean la moneda única ni asumir determinadas normas comunitarias que ellos consideran que limitan sus derechos como nación; ni que otros grupos de naciones, piensen, por el contrario, que sin una Europa fuerte, unida, sujeta a una constitución común y solidarias en la resolución de los problemas comunes, la UE está condenada a desaparecer, junto con todos los esfuerzos que, durante tantos años, se han llevado a cabo para lograr que se hayan establecido una serie de normas y resoluciones que afectan por igual a todas las naciones que la integran, en orden a mantener la solidaridad y la unión entre todas ellas.

Todos estos importantes desafíos a los que debe hacer frente nuestra nación, parece que deben decaer y convertirse en meras futesas informativas si las queremos comparar con la importancia, la intensidad, la solemnidad y las horas que se les dedican  nuestros medios informativos, especialmente los televisivos, a dar cuenta de los chismes, las aventuras, los cotilleos, las andanzas, los asuntos de sexo, las vicisitudes amorosas y las separaciones, infidelidades y demás culebrones, relativos a determinados personajes de la jet española, no especialmente destacados por sus méritos personales o por su destacada inteligencia y valía personal; pero que, sin embargo, han sabido ocupar su lugar destacado en las noticias de la prensa rosa o amarilla y en los programas de mayor audiencia de las TV nacionales; en los que, desde reality shows, talk shows o magacines, se da rienda suelta al sexo, las desnudeces, la promiscuidad y las relaciones homosexuales con el solo objetivo de dar carne a las audiencias, que se alimentan del morbo proporcionado por esta clase de programas en vivo, en los que se hace apología de los vicios más corrientes actualmente en boga en nuestra sociedad.

Programas dirigidos por personajillos, muchas veces de sexo indefinido, a los que no les importa remover el barro de las capas altas de la sociedad para sacar toda la podredumbre que se esconde bajo la apariencia de seriedad, integridad, buenas formas y comportamiento irreprochable, de algunos miembros más destacados en la vida social en los ambientes más valorados y “exquisitos” en los que se desenvuelven muchas de las figuras más respetadas de nuestro país. El tema principal consiste en hacer apología y proporcionar información a las audiencias, acerca de todos los escándalos, inmoralidades, perversiones, lacras y libertinajes, que la sociedad actual ha acogido, sin oposición, como resultado lógico del cambio de moral experimentado desde que las leyes permisivas del estado laico español, han arrinconado los frenos de la religión y de las raíces cristianas de nuestros conciudadanos, permitiendo que todos los vicios latentes en el ser humano hayan podido aflorar al exterior al quedar liberados de la reprobación y el rechazo de la sociedad.

Los resultados no se han hecho esperar y así, los sufridos espectadores o lectores asiduos de la prensa nacional, hemos tenido que soportar el castigo de horas y horas de programación televisiva hablándonos de las vicisitudes de la señor Pantoja, condenada y enviada a la cárcel por un delito de blanqueo de capitales, por el que tiene que cumplir dos años de encierro. Su persona se ha convertido en el epicentro de una serie de seriales protagonizados por sus hijos, por cierto en temas nada ejemplarizantes, y por toda la parafernalia familiar que forma parte de su entorno. No es que sólo se informe sobre toda su vida y milagros, sino que se repiten varias veces al día en todas las cadenas, sin obviar a la TV1 que, sin exagerar, puede que sea la que, a través de sus distintos programas repita más veces, hasta la saciedad, el más mínimo e intrascendente detalle de la poco edificante vida de tan dispar familia.

Pero no pierdan de vista el otro culebrón, el del torero Ortega Cano, viudo de Rocío Jurado, condenado por homicidio involuntario, y que ahora ha conseguido por buena conducta el tercer grado. Un señor que no ha perdido la compostura y que sigue actuando de gran pope familiar como si, el haber estado en prisión, hubiera sido un premio que se le otorgó en lugar de un castigo por conducir ebrio y matar a una persona. Bien, pues como en el caso anterior, no ha podido dar un paso, no ha dicho una palabra o dejado escapar una opinión que no haya sido recogida, magnificada y tratada como si en lugar de ser un torero condenado hubiera sido un gran pensador, como Sócrates o Platón, hablando de filosofía a sus discípulos griegos. Gloria Camila y su hermano José Fernando, ambos colombianos, hijastros del torero le han causado, especialmente el segundo, muchos problemas a causa de su adicción a las drogas pero, a la vez, han conseguido su momento de gloria gracias a su parentesco con Rocío Jurado. Como en el caso de la Pantoja sus vidas son vigiladas de cerca y motivo de continuos reportajes y publicaciones que, para sí, quisieran los principales políticos españoles.

El caso de  Antonio Banderas es distinto. El obtuvo fama gracias a Melanie Griffit que se encaprichó de él y fue la que la introdujo en el difícil mundillo de Hollywood. Ha conseguido fama y, cuando ha sido suficientemente importante para emanciparse se ha divorciado de su mujer, bastante mayor que él, para buscarse una jovencita con la que pueda compartir su ya evidente madurez. Como los antes mencionados, sus apariciones en TV son casi diarias y sus flirteos y sentencias son recibidos con gran jolgorio por los cazadores de noticias que, luego, las explotan hasta la saciedad en los medios informativos. Y luego tenemos al lobby de los presentadores, los realizadores y los que ocupan los asientos en los realities shows como invitados o entrevistadores que, en la actualidad, son los que dominan esta clase de programas, la mayor parte de ellos de evidentes tendencia homosexuales, que se han hecho los dueños de una franja horaria en la que, estos espectáculos, es evidente que pueden tener una clara influencia en el desarrollo mental de los niños y jóvenes, a los que la curiosidad puede llevar a visionarlos sin estar suficientemente preparados, si es que alguien lo está, para contemplar tal cúmulo de disparates, situaciones y provocaciones, de los que ninguna enseñanza buena se puede sacar y sí, evidentemente, un concepto de la sociedad actual que, de ser generalizado, puede resultar muy pernicioso para personas todavía sin la debida formación.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, nos cuesta entender como se puede gastar tal cantidad de dinero, en el caso de la TV1, en promocionar tal tipo de programas cuando se trata de una TV pública, cuya principal obligación es la de proporcionar información seria, objetiva y veraz de lo que ocurre en todo el mundo y emitir programas educativos, instructivos y de formación que contribuyan a que los espectadores adquieran conocimientos útiles para la vida en sociedad, para estar al tanto de los acontecimientos mundiales y para tener una información adecuada de todos aquellos sucesos que pueden ser de interés, ocurridos dentro y fuera de nuestra nación. El resto de programas, a los que no me cuesta incluir dentro de los conocidos como “basuras”, que los exploten las otras televisiones, a las que lo único que les importa es tener audiencia aunque sea a costa de denigrarse y hundirse en el fango de la inmoralidad.
 

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