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Diario YA


 

¿Los españoles eligieron?

¿Por qué no conocemos el modelo democrático del 74?

Carlos Salgado. España de 1974, Francisco Franco Bahamonde en sus últimos meses de vida, consciente de que España no continuaría con una dictadura ni un gobierno militar y que la salida era la democracia; con unas cortes que conocían el proyecto, con unos personajes que entendieron que el "atado y bien atado" del Caudillo significaría continuar con la mismas formas... otros que entendieron el plan y… surge entonces la ley de asociaciones políticas, una ley que abría y que creaba el camino para la nueva democracia, una en la que los ciudadanos pudieran participar de forma activa, en la que el peso específico de los partidos no fuese el que hoy tenemos o padecemos. Hoy desconocemos la apertura real del régimen hacia una democracia de todos, en la que las asociaciones tendrían un papel clase, un sistema que no necesitaría de una Constitución pues las leyes fundamentales articulaban el Estado Español, sin tener que claudicar ante agentes extranjeros, nacionalistas y demás enemigos de la patria común.

En lugar de potenciar y desarrollar el camino dado se escogió reventarlo, mutilarlo y darle la forma de un Estado a la europea de posguerra, con una constitución otorgada por agentes extranjeros, entre los cuales se contaba EEUU, y orquestada por los españolitos de la concordia y el acuerdo, que desde el más absoluto buenismo y la falta de capacidad para generar un proyecto común que pudiese ser roto por parte de las facciones separatistas y demás agentes perniciosos del Estado, además de extranjera queda inconclusa sin desarrollo en gran parte de su articulado, pues éste remite a futuras leyes o leyes orgánicas que nunca han sido, tan siquiera, plasmadas en los correspondientes borradores para su tramitación en las cortes.

¿Por qué no conocemos aquel intento de apertura y aquella guía de 1974? Pues porque ha sido ocultada de forma deliberada, transformada y deformada, para dar a la mal llamada transición ese halo de grandeza que se le otorgó… Digo mal llamada transición porque no se trató de una transición, sino de un golpe de Estado realizado desde la jefatura misma del Estado, traicionando no sólo a la ley sino a todos los ciudadanos que, ajenos a la actividad legislativa de las cortes franquistas, desconocían que ya se había comenzado a caminar en favor de una transición hacia la democracia,

La población acostumbrada a obedecer, y si no era obedecer era asentir con lo dado desde la cabeza del Estado, aplaudía a cada paso que daba el rey y creyó o al menos no reclamó la verdad acerca de lo ocurrido en aquellos años. Ahora bien, los artífices de aquella operación de voladura del Estado no contaron con la curiosidad de los jóvenes; la perseverancia y el buen hacer de algunos de nuestros mayores y de aquellos que tantos años llevan a su lado y que hacen posible el poder escucharlos. Uno de estos mayores es José María Velo de Antelo, que es imposible comenzar una conversación en la que no se te pasen las horas del mismo modo que leyendo una gran novela.

Es verdad, pues exige ciertamente estar centrado en lo que te está contando, y al mismo tiempo por el respeto de la edad, el orgullo de uno mismo y ese punto de vergüenza que se tiene al hablar con uno de los grandes, se necesita para con uno mismo no meter la pata con una contestación inexacta o fuera de toda verdad. La apertura que quiero poner de manifiesto no es la operación del rey ni su golpe de Estado, si no esa que ya estaba prevista, aprobada, planteada y en construcción que abría la ley de asociaciones políticas de 1974, con el Caudillo todavía paseando por los patios del Pardo.

Esa desconocida, olvidada, para ser más exactos condenada al olvido, ese intento de traer una democracia real a nuestro país, en la que cada ciudadano fuese igual al de al lado, en la que el voto de cada uno sirviese para su candidato y no para grandes órganos de poder como los partidos y los sindicatos que hoy están en franco declive -pero no fruto de un análisis y reflexión de la población- pues esto pudiera haber pasado en cualquier momento, sino por la caída del sistema. La crisis ha evidenciado muchas carencias, pero todavía no ha sido capaz de destacar nada nuevo, nada constructivo real, nada como esa ley de asociaciones que pretendió ser la llave maestra de una democracia propia y que quedó en escoria una vez pasada la transición porque a nadie interesó, ni propios ni foráneos.

España iba a ser una democracia, homologable a las del entorno o quizá incluso más democrática, con mayor participación del ciudadano y se prefirió construir un estado servicial de otros y una partitocracia. Nuestro deber como españoles es conocer, analizar, exigir y procurar aquello que sea bueno y fiel a la verdad. ¿Hasta cuando nos dejaremos tomar el pelo, permitiendo que desmembren la Nación, los titubeos, la mentira y las falsas promesas?

Leer LIBRO La Constitución: Desaciertos, incumplimientos y soluciones.

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