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Diario YA


 

Pedro Sánchez desea tener al Rey como si fuera un nuevo conde de Montecristo, recluido de por vida en su particular “chateau d’If”, el palacio de La Zarzuela

¿Queremos una monarquía títere en un paraíso comunista?

¿Un nuevo señuelo? El señor presidente del Gobierno, Pedro Sánchez necesita tener distraída a la audiencia para que siga pensando que, él y su comparsa de colaboradores, forman el mejor gobierno que le pudiera haber tocado a la nación española. Si, de paso, consigue quitarle un as a su compañero de fatigas, el señor Pablo Iglesias, hurtándole uno de sus temas favoritos consistente en mantener un ataque continuado en contra de la monarquía española, miel sobre hojuelas. No somos partidarios del sistema monárquico, no creemos en líneas generales, que por nacer en una determinada familia una persona esté capacidad para dirigir o al menos representar a una nación, sin embargo, se dan circunstancias, existen argumentos, concurren motivos y se producen situaciones que hacen que, en estos momentos, en España, intentar un cambio del régimen constitucional sería algo parecido a provocar un suicidio colectivo, en cuanto a los resultados de todo orden, políticos, sociales, económicos, de orden internacional y, especialmente, en cuanto hiciera referencia al mantenimiento de nuestra democracia tal y cómo la pensaron y la reflejaron constitucionalmente quienes sacaron al país de una situación que hubiera podido ser fatal para la reconciliación nacional, algo que, si Dios no lo remedia, parece estar a punto de suceder de nuevo si seguimos en manos de quienes actualmente nos gobiernan.
El señor Sánchez tendrá muchos defectos y graves disfunciones mentales pero es evidente que no es tonto. Sabe perfectamente que, por mucho que le duela admitirlo, el sistema monárquico, ya durante la larga etapa de don Juan Carlos  y ahora con su hijo, el actual monarca Felipe VI, goza de las simpatías de una parte muy importante de la ciudadanía española y conoce perfectamente que el mantener un ataque frontal contra él como el que, por conveniencias políticas, mantiene el vicepresidente primero, señor Iglesias, seguramente no le iba a proporcionar réditos electorales dentro de las personas que lo votan lo que, dentro de su sistema cerebral, es lo que se podría considerar como el leitvotiv de su participación en política: el mantenerse eternamente en el poder.

Últimamente, sin embargo, parece que entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias se ha iniciado una especie del conocido .juego “policía bueno” “policía malo” entre ambos políticos, en el que el papel de malo lo desempeña, con plena competencia, el señor Iglesias, con ataques personales y de su partido, Unidas Podemos, dirigidos en contra el rey emérito, en particular, y el sistema monárquico, en general, que se han venido incrementando y ganando en intensidad durante los últimos meses del pasado año 2020. Hasta ahora el papel de “conciliador”, de defensor del actual monarca, Felipe VI, lo había venido asumiendo con su hipocresía habitual el dirigente del PSOE y presidente del Gobierno, señor Sánchez pero, de pronto, se ha salido con una de sus ocurrencias, llevando la cuestión monárquica a otro terreno, el de establecer unas ciertas reglas con las que poder controlar, aún más, al monarca. Es sabido que la Constitución, como otros temas recogidos en ella , como son algunos aspectos en el Título II De la Corona, como el que hace referencia a las abdicaciones y renuncias y demás dudas de hecho y de derecho que ocurra en el orden de sucesión de la corona que deberían ser resueltas por una ley orgánica. Pero, como otros tantos temas de gran importancia recogidos en la Carta Magna, su regulación mediante la correspondiente ley orgánica parece que se ha dejado indefinidamente en barbecho, quizá porque son aspectos que sólo nombrarlos ya basta para levantar ampollas en algunos círculos de nuestro arco parlamentario como sería el caso, por ejemplo, del desarrollo del derecho de huelga.

Por otra parte el interés de nuestro Ejecutivo en poner otra vez sobre el tapete el tema monárquico no es precisamente para aumentar las funciones que le corresponden a la monarquía, para darle un mayor valor institucional o para otorgarle una mayor presencia en actos como serían la asistencia continuada y no sólo limitada a los casos en los que el presidente del Gobierno lo solicite, en las reuniones del Consejo de Ministros, donde pudiera opinar y tener un voto de calidad. No, no señores, el objetivo según se desprende de las palabras del señor Pedro Sánchez, sería el de que el mismo monarca ha manifestado tener “una hoja de ruta con la que pretende mejorar la transparencia, ejemplaridad y rendición de cuentas de la institución que dirige”. Para entendernos, lo que ha venido a querer decir nuestro Presidente es que, motu proprio, nuestro monarca no se ha conformado con decir o prometer al pueblo español que su reinado se caracterizará por la trasparencia, la ejemplaridad y la rendición de cuentas, sino que su “hoja de ruta” es hacer una ley en la que se imponga a sí mismo, mediante una serie de mandatos legales, la obligación para el caso de que le pasara por la cabeza la “disparatada idea” de actuar de otra forma distinta a la legal.

Lo que es evidente es que de lo que se trata es de imponer sobre la persona del monarca una serie de condiciones que lo maniaten aún más de lo que ya lo está por la propia Constitución, en la que, se mire por donde se mire, apenas tiene libertad de actuación siempre limitada por la necesidad de ser fiscalizada por los órganos políticos de la nación. La mayoría de lo que se podrían considerar como “privilegios” del monarca consisten en refrendar leyes (elaboradas por el gobierno y aprobadas por las Cortes), expedir decretos (generados por el propio Gobierno); ejercer el derecho de gracia con arreglo a la ley (no podrá conceder indultos generales) y otros meramente formales como el convocar y disolver las Cortes Generales y convocar referéndums en los casos previstos por la misma Constitución. El único e importante cargo que se le reconoce al Rey es el de mando supremo de las fuerzas armadas, una función que puede que, en otras circunstancias y con mandos distintos a los que los socialistas, a través de “purgas”, han ido designando, todos ellos de marcado cariz de izquierdas, hubiera podido estimarse como una garantía de que España no caería en manos de partidos extremistas de izquierdas, pero que tal y como está controlada, hoy en día, la milicia este mando supremo no se trata más que otra de las facultades meramente decorativas y simbólicas que se le reconocen.

Suena a simpleza, a algo de una evidente muestra de candidez supina el que, el señor Casado, del PP, muestre una conformidad con entrar al envite del PSOE, diciendo que, si es para mejorar el estatus de la monarquía estarían dispuestos, los peperos, a emprender semejante aventura. No sabemos hasta donde llega la confianza del señor Casado y los suyos respetos a las buenas o malas artes de las que se valen los socialistas y comunistas para alcanzar lo que, de verdad, son sus verdaderos objetivos, pero lo que sí sabemos es que, con semejantes compañeros de fatigas ni a una primera comunión se debería ir, sabedores de la facilidad que tienen de ofrecer algo y acto seguido llevar a cabo lo diametralmente contrario a  lo ofrecido.

Y, mientras tanto, con estos movimientos de distracción que, en realidad, en las circunstancias en las que se encuentra España azotada, cada día con mayor intensidad, por la Covid 19 y la amenaza, cada vez más evidente, de que Europa va a entrar en otra recesión económica de la que, sin duda alguna, España va a ser uno de los países que se va a llevar la peor parte pese a que nos llegue ( ya veremos cuando  lo hace en realidad) la ayuda que se espera como agua de Mayo de la CE; lo que intenta el actual Gobierno es tener distraídos a los españoles para que no profundicen y se den cuenta de lo grave que, en realidad, es la actual situación económica, sanitaria, industrial, social y de incremento del paro que, día a día, se va registrando en toda España, sin que se vean signos de recuperación, al menos en los meses venideros.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, estamos percibiendo los prolegómenos de lo que se podría entender como un intento solapado de ir situando a la institución monárquica, la base de nuestro régimen de monarquía parlamentaria, en una institución destinada al desguace, de modo que cada vez se la tenga menos en cuenta, se le limiten al Rey sus actos protocolarios, se le controlen sus amistades y, evidentemente, creemos que la carta de los más de 600 militares en la reserva puede haber sido el desencadenante de que sus relaciones con la milicia vayan siendo cada vez más fiscalizadas, desde el propio Gobierno de España. Emanuel Kant nos dejó a la humanidad esta aleccionadora frase: “La insuficiencia en la sensatez es propiamente lo que se llama “estupidez”; y por tal falla, no conocemos ningún remedio.” Tomen nota estos cretinos que intentan gobernarnos a golpe de imposición y dictadura.

Miguel Massanet Bosch