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¿Quién se atreve a vencer el miedo y a la mentira?

Gonzálo Rojas. El pudor nunca ha sido virtud de las izquierdas. No guardan recato alguno, nada las hace cuidar las formas, mantener las distancias.
Por eso, a nadie puede extrañarle -y copio textual- un afiche como éste:
“La Unidad de Vinculación con el Mundo Público y Social de la Vicerrectoría de Vinculación con el Medio (de la USACH) invita a la comunidad universitaria a participar de la novena convocatoria del ‘Concurso de Tesis 2020’, impulsada por el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos.
La convocatoria está dirigida a estudiantes de pregrado, magíster o doctorado de universidades nacionales o extranjeras, que deseen desarrollar su tesis en contribuir a la generación de conocimiento y reflexión sobre las violaciones a los Derechos Humanos ocurridas durante la dictadura chilena (1973- 1990) y los procesos de memoria generados a partir de este período.”
Y para que no quepan dudas, se explica el diseño gráfico de la convocatoria: “A la izquierda, de forma vertical, imagen central de un puño en alto, que en su interior contiene una mujer de espalda mirando fotos de los Detenidos Desaparecidos de nuestro país. A la derecha, y en la parte inferior, el logo de la Vicerrectoría de Vinculación con el Medio.”
Así opera, con toda desfachatez, una universidad del Estado, una de ésas que exigen trato preferencial porque, afirman, desarrollan una tarea en servicio de la comunidad nacional desde un sentido de espíritu público. (Léase: promueven la mentira histórica desde el marxismo militante).
Pero, como tantas veces, la culpa no es exclusiva de quienes se afanan por seguir promoviendo la revolución, sino de quienes poco hacemos para que esos empeños no prosperen.
Conocemos perfectamente la secuencia: Millones y millones de pesos fiscales (suyos y míos) se destinan a estas iniciativas (gran parte de ellos, a ONGs); comprobamos la eficacia comunicacional y educacional perversa que tienen esas platas (el estallido de la violencia está parado sobre miles de millones de aportes directos e indirectos a la subversión); y nos quejamos, y nos quejamos, y nos quejamos…
¿Hacemos algo?
Sí, pero poco; sí, pero mucho menos de lo que podríamos.
Nuestras publicaciones son escasas; nuestras publicaciones tienen poca difusión.
Ahora que estoy en la fase final de investigación -¡por fin!- del libro sobre El Cultivo del Odio Entre 1946 y 1973 en la Vida Pública Chilena, he tenido que agotar las bibliografías sobre el período. Cientos de libros y artículos. ¿Porcentaje no escrito por marxistas? No más del 15%.
Por supuesto, alegra mucho ver que se desarrolla una iniciativa como la de la Universidad San Sebastián sobre la Historia de Chile 1960-2010, escrita con rigor y honestidad. Pero, en paralelo, apena mucho que cuando se piden ayudas económicas para estudios pormenorizados sobre la época, para contrastar tanta falsedad de las izquierdas, esas peticiones casi siempre caen en el vacío. Sólo unos pocos visionarios confían y colaboran.
Porque, al financiar investigación histórica rigurosa, no se trata de perder el pudor; se trata de vencer al miedo y a la mentira.