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Diario YA


 

¿Quién se beneficiaria de unas terceras elecciones en España?

“El hecho de triunfar no consiste en vencer siempre, sino en nunca caer en el desánimo” Napoleón Bonaparte

 

Miguel Massanet Bosch. Es muy difícil pronosticar cual va a ser el resultado final de esta partida de ajedrez a cuatro en la que, lo que menos parece interesar a los jugadores es el premio que, a nuestro entender, consistiría en conseguir un gobierno estable, consensuado, eficaz, y sin que en él tuvieran cabida extremistas de ningún sentido ni, por supuesto, ninguno de aquellos que tienen por objetivo acabar con la unidad de España intentando conseguir sus objetivos espurios de independizar Cataluña del Estado español.

Es obvio que, tal y como parece que se van desarrollando las entrevistas del Rey con los distintos partidos políticos, lo que se evidencia es una postura intransigente, poco democrática e impropia de quienes han conseguido unos malos resultados en las pasadas elecciones del 26 J, contraria a cualquier tipo de apoyo, aunque fuera una simple abstención, para permitir que el partido que mejores resultados ha obtenido en los pasados comicios, pudiera gobernar aunque fuera en minoría, evidentemente el PP. Ahora todo se resume en presionar a Rajoy para que tome medidas o llegue a acuerdos con supuestos partidos que estuvieran dispuestos, primero, a negociar con el PP y, en segundo lugar, que se prestaran a formar parte de un gobierno de coalición o, en su caso, de firmar un pacto de legislatura en el que se comprometieran a apoyar al gobierno en aquellas materias en la que hubiera habido acuerdo. Nada de todo esto tiene la más mínima posibilidad de ocurrir y, con toda seguridad, el Rey deberá llegar a la conclusión de que, si encarga la investidura a don Mariano, éste va a carecer de apoyo alguno, incluso del de su partido más afín, Ciudadanos.

Ante este panorama no se vislumbra, de momento, solución alguna que pudiera evitar unas nuevas elecciones, seguramente para noviembre de este año. Sin embargo, los hay que quieren revivir la fracasada investidura del señor Sánchez a pesar del descalabro sufrido por su partido en las pasadas consultas populares. El diario El País en su línea de siempre, de sembrar cizaña, de crear confusión y de favorecer a las izquierdas; ha dado a conocer un manifiesto, firmado por 400 personalidades de la política, mayormente izquierdistas y comunistas, al frente de los cuales aparece este inefable e irreductible Gaspar Llamazares que no parece dispuesto a pedir la jubilación y dedicarse a digerir su frustración en algún lugar desconocido, si pudiera ser, fuera de España; al que le ha acompañado en esta iniciativa, el señor Joan Baldoví, de Compromís.

Entre los firmantes del manifiesto no falta tampoco este magnífico dibujante y, a la vez, resabiado izquierdista, don Antonio Fraguas “Forges”. Proponen la cuadratura del círculo que, en este caso, se trataría de implantar un gobierno de “Progreso”, basado en un acuerdo de Unidos Podemos, el PSOE y Ciudadanos. Aquí lo que choca es que se atrevan a llamar un gobierno de “progreso” a semejante locura, en la que se les daría vía libre a los comunistas para poner en marcha la serie de despropósitos, estupideces y barbaridades que llevan recogidas en su programa electoral. Lo curioso es que para nada han mencionado acuerdos con los nacionalistas lo que nos da la medida del desconcierto causado por la cacicadas nacionalistas de atreverse a desafiar al Estado de Derecho, mediante una declaración explícita de su intención de llevar a cabo la separación unilateral de Cataluña de España. Hasta los de Podemos se han apresurado a decir que el medio para conseguir tal propósito se debe de tramitar por otro procedimiento.

Es obvio que, salvo un milagro que tocara el alma de los que ahora se niegan ( no sabemos en este momento como habrá concluido la visita de Rajoy al Rey y si habrá aceptado ser investido o se habrá negado argumentando, como en la anterior ocasión, que no cuenta con los apoyos suficientes para ganar la investidura) o, como se viene murmurando en los medios de comunicación, Rajoy aceptara presentarse a la investidura a condición de que no hubiera una fecha fija para que tuviese lugar tal evento; lo que viene apareciendo como casi inevitable, salvo sorpresas de última hora, es que tendremos que volver a votar para intentar aclarar si, con una nueva consulta, se producen cambios importantes que despejaran las incógnitas sobre quienes, de verdad, estarían legitimados para formar gobierno y aquellos a los que los ciudadanos, hartos de tantos paripés, decidan despojarles de su confianza, para que no puedan impedir, de nuevo, la formación de un gobierno del que tan necesitada está España y sus ciudadanos. Se dice que unos nuevos comicios serían terribles para España.

Podemos coincidir con este análisis pero, no estamos seguros de que, cualquier arreglo al que se llegase para sacar adelante un gobierno para España, tuviera éxito o sirviera para conseguir la investidura de alguno de los posibles candidatos nombrados por el Rey, a medio o a largo plazo, no acabaría resultando una verdadera catástrofe para el país si, como sería de esperar, la mayoría de la oposición decidiera bloquear, sistemáticamente, cada propuesta, ley o decisión que el Gobierno decidiera tomar, en el ejercicio de sus funciones, que precisara el refrendo de las Cortes.

El resultado sería la renuncia del ejecutivo a seguir gobernando en tales condiciones, lo que supondría la convocatoria de unas nuevas elecciones; con lo cual no haríamos hecho más que posponer, durante unos meses, el acudir al mismo procedimiento. Sin embargo, hay quienes pronostican que en unas supuestas terceras elecciones a finales de este año 2016 no cambiarían mucho la situación actual. Se habla de que el PSOE perdería unos pocos escaños (2 o 3) respecto a los que tiene actualmente, que Ciudadanos posiblemente también retrocedería y que Podemos no conseguiría mejorar. No obstante cuando hablan del PP consideran que los 5 o 7 escaños que podría sumar no serían demasiado importantes.

En primer lugar se hace referencia a una encuesta celebrada a mediados de julio y en segundo lugar diferimos en cuanto a la importancia de que el PP mejorara en unos escaños que podrían situarle sobre los 142 o 145 escaños lo que lo situaría en una situación mucho más ventajosa para poder pedir gobernar con el apoyo de los votos de Ciudadanos que, si ganara de nuevo el señor Rajoy se vería en una situación harto comprometida para negarle su apoyo ante el temor de la reacción de sus propios votantes en el caso de que, por su obcecación en no votar al líder del PP dejara que, en España se tuvieran que producir unos cuartos comicios.

Lo cierto es que, hoy por hoy y no creemos que mañana haya variado demasiado el panorama político, respecto a la situación que venimos arrastrando desde finales del pasado Diciembre, no vemos una salida satisfactoria a este terrible enredo en el que los políticos españoles parecen empeñados en meternos sin que, ni la necesidad del país de tener un gobierno solvente que pueda asumir la tarea de gobernar y tomar decisiones, tanto en cuanto a la urgente negociación de los PGE, como a la tarea de cumplir con nuestros deberes con la UE que, como se ha visto, si bien nos ha perdonado la deuda por habernos pasado en el tema del déficit público y nos ha dado dos años para regularizar nuestra situación con una reducción de 10.000 millones de euros siempre que mantengamos nuestra política de austeridad, profundizando en la reforma laboral lo que, evidentemente, no podría ser llevado a cabo por quienes vienen preconizando la desobediencia y el anular todas las leyes que se tomaron para adaptarnos a lo que se nos pedía desde Bruselas, lo que seguramente nos llevaría a un enfrentamiento con las instituciones europeas y a que se nos privasen parte o la totalidad de las ventajas que nos suponen las subvenciones, los préstamos y la compra de nuestra deuda pública por el BCE.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, estamos convencidos de que no basta, en absoluto, que se permita la investidura del señor Rajoy, si ello supusiera que tuviera que gobernar en minoría, con una oposición de izquierda dispuesta a no darle tregua y a boicotear, en el Parlamento, todas las propuestas del Ejecutivo, las leyes precisas para poder gobernar y cualquiera que fueran las materias que quisieran llevar adelante, por muy lógicas y provechosas que fueren si, para ello, no dispusieran de los votos precisos para sacarlas adelante.

La mayoría en la cámara alta, no obstante, constituye una garantía de que, si la izquierda subiera al poder, tampoco podría hablar de modificar la Constitución. Una ventaja para el PP que le puede permitir amargarles la vida a sus rivales políticos si, como parece, se empecinan en intentar anularlo. Una situación verdaderamente diabólica.

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