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Al Qaeda cumple 20 años

Redacción Madrid. 15 de agosto.

La red terrorista internacional Al Qaeda ha cumplido 20 años este mes de agosto. En dos décadas, la organización que dirige Usama bin Laden ha pasado de ser una oscura estructura prácticamente desconocida por el gran público a convertirse en un nombre de uso común, y el abanderado de un sistema de terrorismo internacional descentralizado que no obstante se encuentra ahora acosado por las dudas y la desorganización en muchos de sus frentes, tanto a nivel ideológico como operativo.

   'La Base', traducción literal, se enfrenta ahora a desafíos en todas partes del mundo. Ahora mismo, su impacto sobre el mundo musulmán es mucho mayor que durante los principios de su andadura, pero actualmente ha descendido considerablemente desde los primeros días de la guerra de Irak, cuando en 2003 la organización de Bin Laden era considerada la red terrorista más peligrosa del planeta.

   Al Qaeda ha sido considerada estos últimos años como una organización "nihilista", según las palabras del líder de Hamás, Hasán Nasralá. Pero desde su concepción, su base ideológica ha venido determinada por los textos del pensador egipcio Sayyib Qubt, la fuerza intelectual detrás de la organización islamista autoproclamada no violenta más importante del último medio siglo: los Hermanos Musulmanes. Las reflexiones de Qubt reaccionaban ante la creciente libertad sexual y de género en Estados Unidos, donde estudió tras la Segunda Guerra Mundial, y su estancia en prisión llevó a la radicalización de sus pensamientos, la fuente de la que bebió Al Qaeda durante su fase de creación.

   Parte de la reputación y alcance de Al Qaeda están asociados a su relación con los servicios de seguridad occidentales, sobre todo con organizaciones "embriones" de la red terrorista durante la invasión soviética de Afganistán en 1979. Pero si bien el alcance concreto de esta relación es motivo de debate entre los expertos, pocos dudan de que la influencia militar estadounidense ha sido capital en la creación de la red. La guerra del Golfo y el uso de Arabia Saudí como base de operaciones para las fuerzas estadounidenses sirvió de aliciente para que Bin Laden entendiera el despliegue progresivo de Estados Unidos por la región como una invasión directa sobre las dos primeras ciudades santas del Islam (La Meca y Medina).

   Tuvieron que pasar cuatro años antes de que la organización perpetrara su primer ataque terrorista. Fue en 1992, en dos hoteles de Yemen, y centrados en las fuerzas estadounidenses presentes en el país. Seis años después, Al Qaeda organizaba su primera masacre contra las embajadas estadounidenses en Kenia y Tanzania, y que causó 300 muertos. En 2000, una célula yemení de la organización contra el destructor USS Cole dejaba 17 soldados estadounidenses muertos. Y en 2001, la red terrorista perpetraba el mayor ataque sobre suelo estadounidense desde el bombardeo de Pearl Harbor en 1942: el doble atentado contra las Torres Gemelas del World Trade Center, que causó más de 3.000 muertos, incluídos los terroristas afiliados a la red de Bin Laden.

   Siete años después, la organización sufre las críticas de los que una vez prestaron su apoyo. "El islamismo se enfrenta a una rebelión entre sus propias filas, una revuelta frente a la que están muy mal equipados", comentó el analista y escritor Lawrence Wright. Se le acusa ahora de ser una organización no sólo vacía de ideas, sino equivocada en muchos de los preceptos que defienden. Téologos como Jamal al Fadl, antiguo colaborador sudanés de Bin Laden, o el jeque saudí antiestadounidense Salman al Auda han rechazado la violencia perpetrada contra los inocentes.

   Las prioridades, apunta el grupo de estudios Brookings Institution, también dividen al movimiento. Para algunos, la base principal es la lucha contra Israel o los Gobiernos islámicos moderados en Oriente Próximo. Para otros yihadistas, el objetivo principal de la organización terrorista debería ser abordar el actual enfrentamiento confesional en Irak. Al frente de este último grupo se encontraba el fallecido Abú Musab al Zarqawi, uno de los mayores enemigos de los suníes en Irak.

   Ideológicamente hablando, el grupo se divide también sobre la cuestión del 'Taqfir', un precepto por el que se designa a otro musulmán como apóstata y, por lo tanto, blanco legítimo de la violencia. El núcleo duro de la organización considera como enemigos a todos los musulmanes que no se adhieren a su causa. Casos como los de Argelia en 1990 detallan cómo miembros de Al Qaeda comenzaban operaciones contra musulmanes a los que consideraban como "poco fieles" a la causa. Semejante tipo de campañas, que se están repitiendo en Irak --esta vez contra la población suní-- han dañado la imagen de la organización de cara a la opinión pública.

   La influencia de la red terrorista en el ámbito internacional ha decrecido desde finales de los 90, con el encarcelamiento del líder sudanés Hasan al-Turabi. En Afganistán, el derrocamiento del régimen talibán en 2001 llevó al exilio al principal apoyo de Bin Laden, el Mulá Omar, al quien el líder de Al Qaeda designó como "el verdadero comandante de los fieles", causando la sorpresa de los islamistas.

   En Irak, concretamente, la influencia de la organización ha decrecido frente al espectacular crecimiento de las milicias del clérigo antiestadounidense Muqtada al Sadr, el Ejército del Mahdi. Poco queda ya de la férrea organización en el país árabe que servía de base de planificación para atentados como el de Jordania, en 2005, cuando elementos de Al Qaeda con sede en Irak causaban la muerte a 60 personas y heridas a más de un centenar.

   En términos globales, los países refugio de Al Qaeda se encuentran bajo presión internacional. Pakistán es el ejemplo más claro. El nuevo Gobierno del Partido Popular de Pakistán (de la fallecida ex primera ministra Benazir Bhutto) se ha comprometido a redoblar sus esfuerzos contra los milicianos de Al Qaeda que se encuentran atrincherados en la frontera con Afganistán, donde reciben apoyo y suministros junto con guerrilleros talibán afganos. En Europa estos esfuerzos son incluso más intensos, y si bien los arrestos diarios "no suelen llegar a los titulares", como apunta la Brookings Institution, "son quizás el mayor éxito de la lucha estadounidense contra el terrorismo".

   El estudio de la organización concluye de forma ambigua: está claro que la organización de Bin Laden se ha convertido, en estas dos últimas décadas, en una formidable maquinaria terrorista, pero las divisiones del movimiento en tantos frentes distintos no sólo han debilitado la organización, sino su potencial para perpetrar nuevos atentados masivos.

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