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Diario YA

DESDE OTRAS PERSPECTIVAS

Ante el artículo Ofensas de Jon Juaristi

Manuel Parra Celaya. Me confundió la entradilla del artículo Ofensas, de Jon Juaristi, en el ABC del domingo pasado, que mencionaba una catalanización de España; tras su lectura, aparte de confuso, me sentí decepcionado, porque se limitaba a tratar de política, con todos los lugares comunes consabidos, de la tediosa o crispante política actual de España. No de lo que yo, ingenuo de mí, creía, y que me traía a la memoria aquellas palabras de Juan Maragall: El catalanismo, para ser españolismo, ha de ser heroico, y su primera heroicidad ha de ser la de vencerse a sí mismo (La Patria nueva, 1902).
    Por el contrario, Juaristi se centraba en un contagio a toda la nación de la fractura social que se vive en Cataluña, por culpa del gobierno de Sánchez: Media España no se habla ya con la otra media (antes de junio eso solo pasaba en Cataluña); yo esperaba que abogara por la superación del nacionalismo separatista en mi tierra, para su transformación en motor de regeneración de toda España.
    Y es que a veces me dejo llevar por ambiciosos ensueños, provenientes de la atención hacia lo que los hombres más lúcidos de nuestra historia dijeron sobre el problema de España, una de cuyas derivaciones más sangrantes es la proliferación de sentimientos centrífugos e insolidarios, especialmente causados por la ausencia de un proyecto común ilusionante, que eso es lo que configura una patria.
    Me vino al recuerdo un fragmento de una de las Cartas Marruecas del coronel Cadalso (siglo XVIII, aviso, para que no vaya a ser depurado por la memoria histórica): Un regimiento todo aragonés no mirará con frialdad la gloria adquirida por una tropa toda castellana, y un navío todo tripulado de vizcaínos no se rendirá al enemigo mientras se defienda uno lleno de catalanes (Carta XXVI), que me recordaba aquello, mucho más reciente en el tiempo, de que España fue nación hacia fuera, que es como se es de veras nación, cuando los almirantes vascos recorrían los mares del mundo en los navíos de Castilla, cuando los catalanes admirables conquistaban el Mediterráneo unidos en naves de Aragón, y no menciono el autor de la cita porque ya la adivinan…
    Vuelvo al poeta Juan Maragall, que entendía que su catalanismo era un movimiento de vida para toda España y que lo que representaba al menos por ahora, una desintegración, los más afectuosos la creemos precedente de una integración nueva. Pero aquello ya sería otra España (Carta a Miguel de Unamuno, 7 de marzo de 1907).
    Nuestro escritor, así, entendía la catalanidad como forma de regeneración española, de re-generar, de volver a generar una nueva patria, que se levantara sobre la ruina en que la habían transformado los políticos; en su artículo Visca Espanya!!, podemos leer (traduzco del catalán): España ya no es un lugar común de patrioterismo encubridor de toda clase de debilidades y concupiscencias, sino que España es esto que se mueve y se alza y habla y planta cara a los que hasta ahora han vivido de su muerte aparente.
    Ya sé que las comparaciones son odiosas, pero, si echamos una ojeada a aquellos tiempos de la Primera Restauración, no dejaremos de hallar paralelismos con esta de la Segunda; sin ir más lejos, aquel caciquismo, hoy reconvertido en el pluricentralismo de las diecisiete Comunidades Autónomas en manos de las oligarquías partidistas y locales; o en la corrupción, no solo económica, sino moral; o en el abismo que separa los intereses de la España oficial, la que se debate o se insulta en el Parlamento y en los medios, y las necesidades de la España real; en la manipulación del verdadero sentido del patriotismo…y, sobre todo, en la mediocridad que envuelve la vida política, y que nos lleva a la tentación de hacer caso omiso de las llamadas al voto y a la sospecha de que estamos asistiendo a una representación teatral en que los diferentes papales ha sido asignados previamente por un autor desconocido que se mueve entre bastidores.
    España precisa ser regenerada, y la resultante de ese proceso no puede ser la de las medidas insulsas y timoratas de ayer ni la de los pactos y cambalaches bajo mano de hoy, sino una España integradora y, por lo tanto, superadora de toda suerte de particularismos, de partido, de región o de intereses económicos.
    Esta regeneración necesaria debería alcanzar a todas y cada una de las Comunidades españolas, empezando por mi Cataluña, en la que quiero seguir viendo, frente a las crispantes y crudas apariencias, un pueblo esencialmente sentimental, un pueblo que no entienden ni poco ni mucho los que le atribuyen codicias y miras prácticas en todas sus actitudes y, continuando con la misma cita, por eso se ha envenenado el problema, del cual solo espero una salida si una nueva poesía española sabe suscitar en el alma de Cataluña el interés por una empresa total, de la que desvió a Cataluña un movimiento, también poético, separatista.
    Se ve claro que José Antonio Primo de Rivera también apostaba por aquella regeneración que habían soñado Cadalso, Juan Maragall y tantos otros, llegando en nuestros días a un servidor de ustedes.

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