Ante en temporal en Cataluña, una disculpa pueril
Pedro J. Piqueras Ibáñez. Aunque personalmente no he sufrido todas las consecuencias del temporal de nieve y viento que han asolado una parte importante de Catalunya considero es muy lógica la indignación de los ciudadanos atrapados en sus vehículos, en los andenes de ferrocarriles paralizados o en su propio domicilio donde llevan días sin poder contar con cubrir las necesidades mínimas. Además de los dos días en que los alumnos han estado sin poder acudir a los colegios. Con estos servicios no debe extrañar que la clase política catalana sufra una seria crisis de credibilidad, que se nota en la participación en las consultas electorales de todo tipo, también en el referéndum estatutario
Echar la culpa a los elementos meteorológicos es una disculpa pueril que nadie acepta a estas alturas. Tampoco bastan las amenazas de sancionar a las empresas responsables del suministro eléctrico, culpar a los franceses de los atascos o a las previsiones meteorológicas, eludiendo así las propias obligaciones. Lo cierto es que el tripartito pierde su tiempo lamentablemente en cuestiones que sólo importan a los políticos y en cambio es incapaz de actuar con un mínimo de eficacia ante las emergencias vividas por los ciudadanos de Catalunya en los últimos días.















Por eso hay que pedirles que no se molesten y que se apeen del burro; que admitan, por favor, que las medidas aplicadas hasta ahora no han dado resultado. Que dejen de engañarse y engañarnos creyendo que las cifras experimentaran una mejoría en breve.

Y si el Cardenal Rouco decía que “la advertencia la hacía Juan Pablo II no contra la democracia, sino precisamente en favor de ella”, podemos decir que el recuerdo hoy de esta advertencia es seguramente el gesto más importante para rescatar la débil democracia española.
Hay frases, sentencias, principios, imágenes, que te acompañan allá donde vayas. Una de esas sentencias define, como pocas, el sentimiento aristocrático de la vida. 


