Home

Diario YA


 

“Un solo bien puede haber en el mal: la vergüenza de haberlo hecho” Séneca.

Arrimadas traiciona a España apoyando el totalitarismo absolutista de Sánchez

Migue Massanet Bosch
Es evidente que hay ejecutivos que ya fuere por su juventud, por sus ambiciones particulares o por una falta de visión política respecto a lo que le conviene a España y a los españoles, se sobrevaloran, se convencen a sí mismos de que su visión particular de los temas es la acertada y deciden, en muchas ocasiones sin tomarse el tiempo preciso para meditar detenidamente, si lo que se proponen es lo adecuado, lo conveniente o lo mejor para los intereses de la nación y de los ciudadanos. Hoy hemos tenido el ejemplo de la torpeza cometida por la señora Inés Arrimadas, una señora en la que muchos habían depositado sus esperanzas de que sería capaz de sustituir al señor Albert Rivera en la presidencia de Ciudadanos pero que, a la vista de lo que han sido sus últimas actuaciones, del comportamiento que ha tenido con algunos de los miembros más destacados de su partido y de los resultados de algunas de sus decisiones, ciertamente cargadas de un cierto autoritarismo y falta de mano izquierda, que han ido produciendo la baja de algunos de sus más conocidos y valiosos miembros de Ciudadanos. Los últimos que tomaron la determinación de abandonar el partido han sido la señora Carina Mejías y el antiguo portavoz de la formación naranja Juan Carlos Girauta. Pero ya habían tomado el mismo camino Francisco de la Torre, Toni Roldán, Javier Nard, Juan Vazquez, Xavier Pericay y Francesc de Carreras, entre otros.
Siempre ha sido evidente el desencuentro existente entre Ciudadanos y el PP que, en el caso de la primera formación, todavía se ha hecho más notorio en cuanto a cualquier entendimiento con la formación de Abascal, VOX, con la que en ningún momento han aceptado pactar. Pero lo que, por lo visto, la señora Arrimadas no ha valorado suficientemente y, si es que lo ha hecho, las conclusiones a las que ha llegado no pueden haber sido más equivocadas, ha sido romper de un plumazo lo que se consideraba como el grupo de oposición a la política errante del PSOE que, hoy por hoy, constituía la única oposición con posibilidades de pararle los pies o, al menos, con ciertas posibilidades de que lo hiciera, en su frenética y alocada carrera hacia la ruina económica de la nación y la instauración, juntamente con Podemos de Pablo Iglesias, de un régimen dictatorial filocomunista de carácter totalitario, parecido al existente en la actualidad en la república venezolana.
La pretensión de la señora Arrimadas, la misma que tenía en sus días de éxito y gloria el señor Albert Rivera, fue y ha sido siempre la de sustituir al PP en su lugar de jefe de la oposición, sin que nunca en todas las confrontaciones electorales que se han producido, lo haya conseguido; incluso en los momentos peores para el partido de Fraga. Pero, si en el caso de Rivera, se trató de un grave error que lo único que consiguió fue que ambos partidos se fueran robando votos el uno al otro y viceversa; ahora  que Ciudadanos quedó reducido a su mínima expresión, con sólo diez escaños en el  Parlamento; con todas las rencillas y luchas internas que se han producido, dentro de su seno y con la sustitución de Rivera en la secretaría del partido por la señora Inés Arrimadas, no parece que sea el momento más adecuado para pretender adquirir protagonismo, dar la nota y abandonar a los partidos más conservadores para entregarse en manos de un señor Sánchez, que todos sabemos cómo se las gasta cuando debe elegir con qué aliado duerme mejor o le causa mayores pesadillas.
No sabemos si la señora Arrimadas y su equipo, han valorado las posibilidades electorales que este apoyo a la política de Sánchez, en cuanto a ir repitiendo prórrogas de forma indefinida, de una situación, la de alarma, que parece que, en cuanto a la limitación de libertades individuales está en el filo de la navaja, sí no en un terreno resbaladizo, que pudiera resultar inconstitucional por ser restricciones propias de situaciones de excepcionalidad, lo que supondría que el gobierno se ha excedido en el ejercicio de sus competencias. En todo caso, suya será la responsabilidad de su “espantá” hacia la izquierda y, muy posiblemente, como le pasó en Cataluña, llegue un momento en que la presencia de Ciudadanos en la política nacional llegue a ser meramente testimonial. Pero el mal ya está hecho y el señor Sánchez, una vez más se ha salido con la suya al conseguir crear división en el bloque opositor que es, obviamente, lo que viene intentando desde que ha asumido el poder. El apoyo de los vascos ya es algo que se presupone siempre que, como viene ocurriendo, cada vez que se les pide colaboración por parte del Ejecutivo, ellos tienden la mano para cobrarse en especies su voto. No hemos visto en toda la historia de España un partido más propicio a dejarse comprar por unas monedas, lo que nos recuerda las treinta monedas que recibió Judas por vender al Señor.
Cuando el pacto de Sánchez estaba amenazado por las exigencias de ERC que, por medio de su portavoz, el señor Rufián le advirtió de que votaría no a un nuevo periodo de estado de Alarma, una postura que hubiera podido evitar el éxito de la propuesta del Gobierno; aparece la señora Arrimadas, ávida de que se hable de ella, dispuesta a dar la campanada, y desdiciéndose de lo que, en numerosas ocasiones, había manifestado en cuanto a la posibilidad de ayudar a Sánchez por estar gobernando con los comunistas bolivarianos del señor Pablo Iglesias; ahora, en el momento menos conveniente, se ofrece a darle sus votos a Sánchez para suplir los que venía recibiendo de ERC. ¿A costa de qué? Pues no hay lugar a dudas, a costa de romper el frente político que pudiéramos calificar de constitucionalista, que era el único freno que se conocía a lo que se ha convertido en una amenaza inminente de que se produzca un cambio de régimen político, mediante la utilización y manipulación de procedimientos y mecanismos de dudosa legalidad, para controlar a la única fuerza que todavía los socialistas y comunistas no han conseguido dominar, el poder Judicial.
Y, al respeto, conviene que hagamos alguna consideración respeto a las actuaciones del PP en cuanto a lo que viene sucediendo en este estado de alarma del que se están valiendo los socialistas y comunistas para irse saltando la legalidad, aprovechando la circunstancia para intentar, en ausencia de las reuniones ordinarias del Parlamento, proyectos de Ley, como por ejemplo en de Educación, este “fistro” que se ha sacado de la manga esta señora Celaá, un personaje rocambolesco que se ha creído que ella, sin la colaboración del resto de formaciones políticas y con el rechazo de la mayoría de estamentos docentes, puede implantar su propia Ley, en la que ha incluido todas sus particulares ideas sobre lo que debe ser una enseñanza apolítica (pero politizada) que, por supuesto, no va a ser más que una de estas leyes que van a ser rechazadas cuando la derecha vuelva a gobernar.
Mucho nos tememos que este miedo, pavor lo llamaríamos nosotros, que parece que se ha apoderado de la cúpula del PP cuando ha de demostrar que es capaz de sostener planes contrarios a los del Gobierno; cuando debería dar un no rotundo a los planes disparatados del ejecutivo y cuando debiera demostrar, a los que lo vienen votando, que no se deja achantar por la demagogia, reconvenciones, insultos, amenazas e intentos de chantaje del Gobierno; no va a hacer más que darles alas a las izquierdas. Esta incapacidad nata de defenderse contra el cúmulo de podredumbre que los ministros, las bancadas socialistas y comunistas en las Cortes, a diario, vienen echando sobre la gente del PP, sin que se permita a quienes sabemos que podrían contestar con argumentos que lo hagan sin ambages, para denunciar las conspiraciones gubernamentales contra la oposición. Todos sabemos y hubiésemos deseado que el PP hoy, en el Parlamento, hubiera elevado el tono de la sesión con un no rotundo al intento, cada vez más evidente, de mantener un estado anormal que sabemos que viene  sirviendo para que la izquierda vaya consiguiendo utilizarlo para beneficio político propio.
El señor Sánchez, al que hemos alabado en muchas ocasiones, está dando señas de estar superado por la situación y de temer enfrentarse, con verdadero valor, a las críticas de la cámara, vengan de donde vengan; pero que, para los que siempre hemos votado al PP, bastarían para que aumentase nuestra moral y dejáramos de pensar que este país ya no tiene remedio alguno. Lo que es evidente que si la derecha española, aquella que consigue, cuando está esperanzada, doblegar a las izquierdas, si no se la anima, no se le dan esperanzas o se la deja que se vaya consumiendo en el pesimismo y el desánimo, cuando se la quiera hacer reaccionar es muy posible que ya no tenga capacidad ni fe en las posibilidades de conseguir un futuro mejor.
O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, tenemos la sensación de que aquellos que siempre han sido partidarios de que el PP mantuviera una línea pacífica, no beligerante, de convivencia con los partidos de las izquierdas, de no reaccionar ante los insultos, descalificaciones, amenazas, mentiras, injurias y calumnias que vengan de parte de quienes gobiernan, siguen en la completa inopia, continúan pensando que esta es la forma de que el pueblo los valore y permanecen en esta especie de hibernación política de la que, cuando quieran despertar, ya no habrá remedio ni para España ni para los españoles. El señor Casado debe recordar que salió elegido, ante la señora Sáez de Santamaría, por hablar claro, no demostrar temor ante el adversario político y dar evidentes señales de que no se iba a dejar coaccionar por quienes pretendieran pactar con los separatistas o entregar a nuestra nación en manos de los comunistas, para que la destrozaran. Si no ha entendido el mensaje que se le enviaba con el respaldo que se le dio, es que no ha sabido captar la verdadera esencia del patriotismo español.
 

Etiquetas:Arrimadas