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el aguijón

Batalla perdida

David Martín. 24 de enero.

En la televisión actual parece haberse impuesto la moda de los espacios musicales con el propósito de lograr el éxito que antaño consiguió, eran otros años, “Operación Triunfo”. No importa la calidad de las voces de los interpretes. No preocupa la forma ni tampoco el modo en que se desarrollen esos programas. Lo importante, parece ser, es que rezume música por cualquiera de sus esquinas. Lo último al respecto se puede ver en Cuatro. Lo llaman “La batalla de los coros”, digo yo que por darle algo de emoción aunque sólo sea en el nombre, y lo presenta Josep Lobató, quien hace todo lo posible por animar el programa, pero que, en ocasiones, da la sensación de encontrase tan perdido como un pulpo en un garaje.

La estructura del espacio es tan sencilla como el mecanismo de un botijo. Se trata del enfrentamiento musical de cinco coros, formados por una veintena de personas, y capitaneados por un famoso de la canción. Cada conjunto interpreta un par de letras a lo largo del programa y entre la actuación de unos, y la actuación de otros se insertan unos videos, en la mayoría de los casos monótonos, sobre los ensayos a lo largo de la semana, la valoración por parte de los capitanes de las actuaciones precedentes, o sobre el recibimiento que tuvieron en sus lugares de origen algunos de los coristas. Mientras todo ello transcurre, el espectador puede ir votando a su coro preferido mediante llamada telefónica o mensaje SMS y el menos votado desaparece del programa. Ya lo saben, es la interactividad de la televisión actual. En eso se resume un espacio que se presenta como el más espectacular de la televisión y el que cambiará la manera de entender la música. No lo digo yo, sino la voz en off que sirve de presentación al programa. Quizá a más de uno entretenga, pero de espectacular tiene poco porque carece de cualquier capacidad de sorpresa, y de no inyectarle más vivacidad a su desarrollo en lo poco que le queda, lo único que podrá hacernos cambiar es de canal antes de conocer al vencedor.

Las canciones están bien seleccionadas, por estridente que pueda parecer la interpretación coral de letras como “Loca” de Luz Casal o el “It´s my life” de Bon Jovi, y algunos interpretes tienen verdaderas joyas por voz. Los capitanes desempeñan a la perfección su papel y Mikel Erentxun, Soraya, Manu Tenorio y Marta Sánchez, como antes hizo Lolita, vibran y se emocionan, con las actuaciones de sus chicos, de la misma forma que Guardiola hace con Leo Messi. Todo válido, pero demasiado encorsetado para pensar en algún gesto de espontaneidad necesario para que el espectador no sepa de antemano lo que verá más tarde. Vistas dos actuaciones, vistas todas. Todo demasiado monocorde que, unido a la continua mención del estado de las votaciones y la repetición de los mejores momentos de las actuaciones vistas escasos minutos antes, cada vez que se vuelve de publicidad, hace demasiado cansino un programa de dos horas que bien podría reducirse a cuarenta minutos sin perder su esencia.

Hasta ahora hemos podido ver programas de esta índole de solistas, de profesionales del karaoke y también de quienes se aventuraban a saber cuál era la palabra correcta una vez que dejaba de tocar la orquesta. La gran mayoría de ellos han puesto voluntad, pero se han ido con escaso éxito de audiencia. El formato coral tampoco está contando con el apoyo del público y la cadena ha precipitado su final. Y es que actualmente, en el mundo de la televisión, si no se le pone pimienta a lo que se ofrece, y cuanta más mejor, la batalla por la audiencia, es una batalla perdida.

 

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