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Cirugía en el PP

Javier García Isac. Llevan apenas dos semanas y el espectáculo es indescriptible, bochornoso. No sabemos cómo terminara o incluso si terminara, pero el inicio es para nota, pero para nota muy, pero que muy alta. Sabíamos que podía pasar. La mala gestión del partido popular frente a cuestiones tan evidentes como la corrupción y su incumplimiento sistemático de promesas electorales lo han hecho posible.
Es muy tarde para lamentaciones y explicaciones absurdas que a nadie interesan. El problema es que siguen sin darse cuenta de lo que les ha sucedido, siguen sin ver que no es suficiente con un poco de maquillaje o cosmética. El partido popular necesita una cirugía profunda y urgente, y todo ello pasa por sustituir al timonel, al capitán que está conduciendo la nave al abismo, al precipicio.
Nos siguen hablando de una victoria que no han obtenido. Con este sistema electoral que ellos mismos se negaron a modificar, no basta con ser el partido más votado, si con ello no consigues gobernar y más teniendo en frente un bloque más o menos compacto.
Los mediocres asesores que tienen los populares junto con los voceros de salón y los contertulios profesionales, aconsejan  a estos a recuperar el centro, algo que ciertamente me está dejando perplejo ¿pero es que alguien en su sano juicio piensa que el PP está en la derecha? ¿Que intentan decirnos con eso de recuperar la centralidad? Cuando escucho a sus líderes decir que han captado el mensaje de la sociedad, me pongo a temblar. Es cuando tengo la absoluta certeza de que no han entendido nada. Rajoy realiza cambios sin darse cuenta que el cambio que se le reclama es el suyo. No dudo de su buena voluntad, de su parlamentarismo intachable, de su correcta estética y oratoria, pero nada de esto es suficiente.
La izquierda le ha “comido la tostada” y pretenden solucionarlo con “otro giro a la izquierda”, como si no tuviéramos bastante con comunistas, socialistas, perro flautas votados por pijos progres o los socialdemócratas de ciudadanos.
No nos hablan ni de principios ni de valores, solo de gobernar tal o cual comunidad, tal o cual ayuntamiento, tal o cual pacto. A Cristina Cifuentes en Madrid solo le ha faltado prometer que acudiría a la asamblea todos los plenos, en bicicleta, con pamela de ala ancha y traje de baño, si con eso la dejaban ser presidenta. Es igual renunciar a programas y promesas, donde antes dijeron que era bueno privatizar, ahora resulta que es malo, donde se bajarían impuestos, ahora se suben. Lo único importante es que ellos conserven el poder. El precio a pagar es lo de menos, no va con ellos, eso es cosa nuestra, de los tontos que mantenemos y pagamos esta fiesta, la cual no disfrutamos.

Se lo cuenta Javier García Isac / Una Hora en Libertad.
 

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