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Diario YA

Incompetente y temeraria comunista amenaza con acabar con Barcelona

Colau depredadoras de la industria automovilística

Miguel Massanet Bosch. Creo que muchos partidos políticos no tuvieron en cuenta la amenaza que representaba que representantes de un partido, como Podemos, consiguieran hacerse con las alcaldías de Madrid y Barcelona, con el inestimable apoyo del PSOE en el primero y el de ERC en el segundo. No sabemos a ciencia cierta qué fue lo que les indujo, a los socialistas y los del partido del señor Junqueras, para que tomaran la decisión de apoyar a los comunistas de Podemos o sus franquicias si no es que, tratándose de P. Sánchez en el primer caso, un enemigo declarado del PP y, en especial, del señor Mariano Rajoy y, en el segundo, de un señor Junqueras interesado en birlarle, en este caso por medios legales, la alcaldía catalana sus socios independentistas de CDC y su aspirante a renovar su cargo de alcalde, el insustancial y melifluo señor Trías, una persona completamente incapaz para afrontar los importantes desafíos con los que tuvo que bregar durante su etapa de alcalde de Barcelona.

Sea como fuere, lo cierto es que estas dos señoras, ambas marcadas por la impronta de constituir unas representantes destacadas de los antisistema, completamente ganadas por el viejo comunismo asambleario y fanatizadas al máximo, hasta el punto de perder el imprescindible sentido común requerido por cualquier persona que deba a sumir un cargo público y, todavía más, cuando se trata de gobernar unas ciudades de tanta importancia y relevancia, interna y externa, como son las de Madrid y Barcelona. Por desgracia, ambas, en su condición de mujeres y feministas, han contribuido con sus bufonadas, sus erróneas decisiones, sus irresponsables actos y su reconocida predilección hacia sociedades feministas a las que, especialmente la señora Carmena, no se ha cansado de ir beneficiándolas con millonarias donaciones que dejan en evidencia la forma discriminatoria con la que, el Ayuntamiento de Madrid, despilfarra recursos que deberían haber sido destinados a otros objetivos sociales de más urgencia.

Aparte de que, la señora Colau, empezó su función de alcaldesa iniciando un ataque feroz, desconsiderado e inoportuno ( en pleno mes de agosto) en contra de todo lo que estaba, de una forma u otra relacionado con el turismo; dictando una moratoria que impedía la apertura de nuevos establecimientos dedicados o relacionados con la importante masa de turistas que, desde hace unos años, acuden a la ciudad de Barcelona y que constituyen una parte importantes de los ingresos recaudados en dicho municipio.

No ha dejado de seguir intentando crear el máximo de problemas al sector turístico a la vez que se ha erigido en la peor perseguidora de los pisos sin alquilar o vacíos, al tiempo que, como ya le venía de su anterior afición de acudir a protestar en todos los desalojos por impago de hipotecas, sigue en su actitud de favorecer a manteros y okupas, sin que el ejercicio de sus obligaciones y las leyes vigentes, le aparten de seguir en su línea aunque, en los casos en los que los perjudicados le han hecho frente, ha tenido que inclinar la cerviz y ceder ante las resoluciones judiciales que desautorizaban sus actuaciones. Pero hay un tema en la que parece que ambas alcaldesas coinciden plenamente. Por una parte, una desmedida y, en ocasiones, poco explicable afición por impulsar el uso de bicicletas por dentro de sus respectivas ciudades.

Dejemos claro que, en el caso de Barcelona, salvo que se trate de una persona joven, bien entrenada y acostumbrada a la escalada, es del todo desaconsejable el uso de semejantes artefactos para que, partiendo de la zona baja de la ciudad (inmediaciones del puerto), si uno quiere alcanzar cotas como las de la Diagonal o, aún peor, alcanzar zonas cercanas al funicular del Tibidabo o todos sus alrededores, ya que se hace oposiciones a sufrir algún episodio cardíaco. A

parte de que ya se han producido las primeras muertes por atropellos de peatones que circulaban por las cercanías de los carriles bicis, es evidente que las bicicletas, aparte de ser un vehículo inestable y lento, no puede ser utilizado por el importante número de ciudadanos a partir de una cierta edad (mayoría en Barcelona) , los que padecen alguna insuficiencia física o, simplemente les repamplinfa montarse cuando se tiene una cierta edad, se debe vestir un atuendo específico o aborrecen constituirse en el blanco de las bromas de sus vecinos. Lo malo es que todo ello tiene un objetivo determinado; lo mismo que cuando hablan de zonas peatonales o de ensanchamiento de las aceras o bulevares, para reducir las calzadas, convertirlas en angostas vías de circulación o del sólo uso de los servicios de transporte público. Si, señores, el verdadero plan de Colau y Carmena es cargarse la industria automovilística haciendo que, dentro de sus ciudades, sea prácticamente imposible circular en coche, se entiende coche particular.

Hay que hacerle la puñeta a los conductores privados para que se vean obligados a prescindir de su coche por dentro de las ciudades aunque, con ello, perjudiquemos a los aparcamientos de pago (empezando por los públicos), incordiando a las personas mayores a las que les resulta imposible desplazarse en los servicios públicos y mucho menos si han de recurrir al servicio de taxis, cada día más caros y, en ocasiones, excesivamente lento; fastidiemos a los que lleguen de fuera no permitiéndoles llegar en su vehículo al lugar o los hoteles donde deban hospedarse. Resulta que, el primer ramo que dio signos de salir de la crisis que hemos padecido fue, precisamente, el automovilístico; un sector al que, el Estado, ha dado facilidades para que pudiera vender más coches; uno que está dando de comer a millones de españoles; uno que está proporcionando más ingresos procedentes de las exportaciones y uno de los que más rendimientos les proporciona a las arcas del Estado a través de los impuestos, especialmente del que grava los combustibles orgánicos.

Ahora mismo, en Barcelona, se está celebrando un magno Mobile World Congress en el que, precisamente, se han presentado importantes innovaciones en aplicaciones a los automóviles, para hacerlos más atractivos a sus compradores y promocionar sus ventas en todo el mundo, ¿cómo se puede entender que la señora Colau o la señora Carmena pretendan convertir a sus ciudades en cementerios, donde sea imposible circular por las calles, aparcar en las grandes superficies de ventas o dirigirse a una restaurante o cualquier otro espectáculo, como el Liceo, por ejemplo, montados en bicicleta o viéndose obligados a usar un autobús del servicio público.

¿Alguien ha calculado el perjuicio que estas ideas igualitarias de las dos alcaldesas pueden originar a los negocios, a las tiendas de toda clase de artículos, a los espectáculos o al mismo turismo que llega por carretera a las ciudades de Madrid y Barcelona? La señora Carmena ya se cargó, por su incompetencia, un fabuloso proyecto de una empresa china relativo al edificio España, un proyecto del que sus promotores tuvieron que desistir, aunque se hablaba de unos 2.000 puestos de trabajo para la capital de España. Los perjuicios que la señora Colau le ha causado al turismo y todo lo relacionado con él, en la ciudad de Barcelona y sus alrededores, seguramente, según se calculó en su momento, puede representar una pérdida de 1.400 millones de euros para los ciudadanos que forman parte del sector relacionado con esta rama del comercio de servicios.

Lo curioso es que ni ERC ni los socialistas, que apoyan a ambas alcaldesas, parece que se hayan preocupado ni poco ni mucho de que sus protegidas hayan causado semejantes estropicios en la ciudades sobre las que ejercen, esto sí, con mano dura y sin concesiones a la oposición, semejante lote de medidas insensatas, muchas de las cuales les han obligado a rectificar para retroceder en lo que habían decidido, sin tener en cuenta el tiempo que se pierde en estas equivocaciones y el dinero que representa el retraso de muchas de estas estructuras, respecto a lo que se deja de recaudar por los impuestos que se devengarían desde el momento en que los proyectos entraran en función.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, no nos queda otro remedio que calificar las actuaciones de Colau y Carmena como de insensatas, fruto de una deficiente preparación para los importantes cargos que ocupan y consecuencia de seguir al pie de la letra las consignas de sus dirigentes, donde predominan sobre las verdaderas necesidades de los ciudadanos y lo más beneficioso para ellos, las instrucciones que reciben de los dirigentes de sus formaciones política que, en este particular caso de Podemos, lo que buscan es crear un estado de descontento, entre los ciudadanos, que favorezca sus proyectos revolucionarios.

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