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Diario YA

 

 

“Cuando la situación es adversa y la esperanza poca, las determinaciones fuertes son las más seguras” Tito Livio.

De mal en peor: El fiasco político español

Miguel Massanet Bosch. Cuando los que mandan, aquellos a los que les confiamos, como mal menor, el gobierno de la nación, empiezan a caer en contradicciones, amagan pero no culminan aquellas acciones que debieran realizar; persisten en mantener una situación que no predice más que problemas futuros; insisten en utilizar caminos que ya se han recorrido, anteriormente, infructuosamente, e intentan aplacar la bestia que les enseña los dientes amenazadoramente con ofrecimientos a destiempo y promesas que pueden comprometer la estabilidad del resto de España; es que, señores, nos encontramos en un momento crítico de la historia de esta vieja nación, a la que todos conocemos y amamos, como España.

Sin duda, hemos llegado a un momento en el que, para una parte importante de los políticos españoles, el dejar de cumplir las leyes, el desentenderse de los deberes constitucionales o el ignorar las sentencias de los tribunales de Justicia, se ha convertido en algo que se podría considerar como normal, en parte, debido a la escasa reacción que provocan en los encargados de aplicar las leyes, determinadas actuaciones ilegales, cuando éstas quedan subsumidas bajo el paraguas de la justificación separatista o el amparo de los que se autoproclaman como defensores de las clases necesitadas y adversarios acérrimos del capitalismo, al que atribuyen ser el pensamiento político culpable de todo lo malo que ocurre en el mundo. Se olvidan de que, dónde hay los mayores focos de miseria, la mayor mortandad infantil, el mayor desprecio por las mujeres y las mayores hambrunas, es en aquellos países, como es el caso de Venezuela, en los que existen regímenes comunistas bajo la opresión de dictadores totalitarios, como es el caso del señor Maduro.

Estos días estamos asistiendo a situaciones inexplicables, que nos recuerdan otras épocas de nuestra historia en las que, como parece que ya está sucediendo en España, los españoles empezaron a odiarse entre sí y a solventar sus diferencias con pistolas y fusiles; lo que fueron los preámbulos del ocaso de la II República. Unos incontrolados de la CUP asaltando la sede del PP en Barcelona, apoyados por miembros de Parlamento catalán; el señor Pablo Iglesias, de Podemos, pidiendo que se anule el artículo del CP en el que se pena el enaltecimiento del terrorismo; el señor Montoro dispuesto a perdonar a las comunidades parte o la totalidad de la deuda que tienen contraída con el Estado ( ya se les perdonaron, en su día, los intereses de los préstamos del FLA, que se calcula que, hasta este momento, suponen unos 180.000 millones) de las que, Cataluña, ha recibido la parte del león, unos 70.000 millones de euros, incluido este 2017; el señor Rajoy dispuesto a “untar” a los catalanes con 1.882 millones de euros por ferrocarriles de Rodalíes, dentro de esta legislatura y, el resto, hasta 3.900 millones, distribuidos en un plan que se desarrollará hasta el 2025.

Si España estuviera, como hace unos años estuvo, en una situación de normalidad, el resto de autonomías tuvieran derecho a recibir la parte proporcional de lo que se le ofrece a Cataluña, esta autonomía no se hubiera rebelado en contra del resto de la nación española y hubiera destinado todo el dinero recibido a costa del resto del Estado, para cubrir sus necesidades sanitarias, del pago de pensiones o medicamentos, en lugar de destinar una parte a los gastos de preparar un gobierno en la sombra, para cuando se independicen; puede que se pudiera admitir una ayuda adicional, pero, señores, aquí estamos ante un chantaje monumental, que los separatistas están practicando con el Gobierno del país, amenazando con dictar, unilateralmente, la separación de Cataluña de España y, el Gobierno, en lugar de ponerles las peras a cuarto, utilizar la Constitución para aplicar la ley en Cataluña y poner a buen recaudo a los causantes de que se haya producido una situación semejante, se limita a presentarse, en un gesto servil, ante las fuerzas económicas autonómicas para contarles un cuento de La Lechera en el que, los paganos, van a ser todos los españoles del resto de autonomías, algunas de las cuales, las que mejor han cumplido con los topes de déficit que estableció el Gobierno, se verán perjudicadas por el interés del gobierno de Rajoy de evitar, a toda costa, el tener que aplicar el artº 155 de la Constitución, algo verdaderamente problemático, en estos momentos en los que los separatistas ya no pueden hacer marcha atrás, porque los ciudadanos a los que les vendieron el cuento de la separación de España, ya se lo creyeron y, ahora, no permitirían que los que los animaron a apoyar la separación sean los que claudiquen ante el Estado español.

Al señor Rajoy no le salen las cosas bien y se ve precisado a tener que sonreír, bien que la sonrisa, en este caso, en más un rictus de dolor que una mueca de alegría, para intentar disimular la serie de contratiempos que le vienen del Parlamento, donde parece que los augurios que algunos hicimos se están revelando como ciertos.

Veremos la cara que se le queda si, como no sería raro que sucediera, los dirigentes del separatismo catalán imponen su criterio, desautorizan esta reunión empresarial y se reafirman en que, para el mes de septiembre, se convoque una consulta popular para someter al pueblo catalán si quiere o no seguir perteneciendo a España. Y que no confíe en que, amenazando con convocar unas elecciones anticipadas, va a tener la seguridad ( que sí tuvo cuando lo supeditó todo a su investidura) de conseguir unos mejores resultados que en las últimas legislativa; entre otras razones porque, el PSOE, ya va encarrilando el relevo de la Comisión Gestora y, mucho nos tememos que, salga elegido quien sea de los tres candidatos, ninguno le va a facilitar al gobierno del PP un gobierno tranquilo hasta el final de legislatura, si es que consiguen llegar a ella. Claro que, si quien fuera el elegido se tratara de P. Sánchez, entonces puede que nuestra nación ya no tuviera salvación.

Y cuando, el señor Montoro, el monstruo de la campaña de Hacienda para acabar de esquilmar a los españoles con sus impuestos y la cadena de inspecciones que está desarrollando en todo el país; para ir rebañando de quienes, la mayoría de las veces por ignorancia o por no saber manejar adecuadamente estos instrumentos diabólicos basados en la obligatoria utilización de técnicas digitalizadas de los documentos fiscales que, para muchos ciudadanos, puede que no esté a su alcance el utilizarlos ( hablamos de personas mayores)debidamente; en un gesto inaudito de magnanimidad, se ofrece a rebajarles o perdonarles la totalidad de la deuda a quienes, autonomías, no pensaban pagarla; es evidente que tiene un comportamiento discriminatorio con el resto de españoles que, por cualquier nimiedad o error involuntario, se les obliga a pagar con recargo, pagando una multa y sin posibilidades de exponer sus razones ( en ningún caso son aceptadas) aunque no se encuentren en condiciones económicas para hacerlo.

Millones para Cataluña, millones para “compensar” a aquellas autonomías que no cumplieron con los límites de gasto establecidos; dinero para evitar insurrecciones y millones para pagar corrupciones de los políticos, que han sido causa de quiebra de empresas, bancos y cajas, que han obligado al Estado a tener que pedir 40.000 millones de euros a Europa para sanear a las cajas, cuyos directores, una colección de sinvergüenzas ladrones, se han ido de rositas y con unas jubilaciones que, en ninguna otra parte, se pueden conseguir. Creo, señores, que los españoles ya estamos hasta la narices de toda esta escoria política que, tanto por las izquierdas como por las derechas, intentan colarnos, una vez más, el cuento de que a costa de nuestros impuestos tenemos que subvencionar, por una parte a una panda de vagos que intentan vendernos que sin trabajar y a base de subvenciones podemos vivir divinamente y que Europa se va a conformar en tener un país, que implanta el comunismo bolivariano, que viva del maná que cae del cielo y, por otra, que tengamos que pagar a los catalanes separatistas sus deudas y, además, que se vayan riéndose de lo tontos que hemos sido todos aquellos que hemos contribuido a que puedan hacerlo.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, nos sentimos defraudados y engañados por toda esta casta política que, gracias a todos y a la falta de autoridad que parece que existe en nuestra nación, nos están entregando en manos de una serie de grupos de personajes estrafalarios y de advenedizos que, lo único que tienen en mente, es sacar el máximo de beneficio a costa de nuestras exhaustas haciendas. Luego que nos vengan a pedir sacrificios, que nos pidan que los votemos o tengan la cara dura de apelar a la solidaridad que debemos tener con el resto si, quienes tienen el deber de cumplir con sus obligaciones y mantener la equidad en todas sus actuaciones, son los primeros que se saltan las reglas y, encima, nos joroban. Y, ustedes perdonen.