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Educar y viajar

Del avión inglés derribado en Cedeira donde viajaba Leslie Howard a Cataluña

José Vicente Rioseco. El tramo de costa que va de Cabo Prior a Estaca de Bares, es de las costas más hermosas que yo haya visto y digna de comparar a cualquier otro paisaje. Las playas, rías y alta costa se van alternando, dándole a la zona esa originalidad y esa autenticidad que la hace ser única. Salvaje, peligrosa, majestuosa, es un monumento de la naturaleza.

Uno de los espectáculos más asombrosos que uno puede vivir es, recién amanecido, asomado al océano desde esa atalaya de más de seiscientos metros de altura, la más alta del continente europeo, ver como las nubes procedentes del mar suben costa arriba, transportadas por la brisa marina y se abrazan a uno y la impregnan de humedad y del bravo sabor de la naturaleza más primitiva.

En esa misma costa hay un monolito que recuerda el abatimiento de un avión ingles por dos Junkers alemanes, el 1 de Junio de 1943. Fue en plena guerra mundial, los americanos habían desembarcado en el Norte de África por Casablanca. Churchill y Roosevelt tuvieron un encuentro en Marrakech, la bella ciudad de origen berebere, al pie de los montes Atlas. Se decía que Churchill regresaría a Londres vía Lisboa. La bella ciudad portuguesa era entonces un nido de espías de alemanes y aliados. Es posible que los ingleses utilizaran el famoso “doble” de Churchill para engañar a los alemanes. Lo que sí es seguro es que el avión inglés salido de Lisboa fue abatido a una milla mar adentro de este lugar de la costa en donde ahora está el monolito.

En él viajaba Leslie Howard, uno de los protagonistas de la película “Lo que el viento se llevó”, y así se recuerda en el monolito. El actor estaba entonces en el servicio secreto inglés, y venia de Madrid en donde había tenido una entrevista con Franco que le había propuesto el papel de protagonista en una película sobre Cristóbal Colon. En una de las rías de este trozo de costa, hay una pequeña villa, Cediera, en la que nació B.R. Mi amigo, hoy cercano a los sesenta, es un prestigioso periodista que alcanzó uno de los puestos más importantes que en su profesión se puede conseguir; es director de uno de los grandes periódicos de tirada nacional. A él en una cena, le oí uno de los discursos más sencillos y más definitivos que sobre el nacionalismo se pueden hacer.

Cuenta mi amigo, que cuando era niño oía a los pescadores decir que ellos, los pescadores de la villa, eran los mejores de la comarca, mucho mejores que los de Cariño, la villa cercana; que el coro del pueblo, era sin duda uno de los mejores de Galicia sino el mejor, y que las victorias que conseguían los equipos de futbol rivales sobre el Cedeira Club de Futbol eran a causa de que los de fuera compraban a los árbitros y utilizaban todos los feos trucos que la imaginación de un niño podía imaginar. Ya de mozo, comprobó viajando por pueblos vecinos, que también en ellos había buenos pescadores, que madrugaban tanto como sus vecinos y que de la misma forma se jugaban la vida saliendo a la mar cuando el temporal hacía parecer imposible que aquellas embarcaciones pudieran aguantar a flote.

Comprobó que, en otros pueblos cercanos también había magníficos coros y que hasta podrían ser mejor que el de su pueblo y que los futbolistas del cercano Ferrol eran tan hábiles y tan rápidos como los de su pueblo. Desde entonces, dijo mi amigo, no soy independentista. Voz española fue aquella que dijo “el independentismo se cura viajando”.

Por eso, el movimiento independentista que hoy vivimos en Cataluña es realmente difícil de comprender por una mente abierta. Ahora que tan fácil es conocer otros países, otras formas de pensar. Cuando son muchos los estudiantes que gracias a planes de intercambio de estudiantes universitarios pueden conocer otros países, es difícil de entender esta patología social que es el pensamiento independentista. Algunos dicen que no existe tal pensamiento, que lo que existe es un “sentimiento independentista”. Es decir no hay una razón para tal pensamiento, solo sentimientos. Por eso, el tratar de hacer sentir de forma distinta a una persona, y tratar de cambiar sus sentimientos con razones es uno de los “imposibles” más difíciles de vencer.

Decía Ortega en uno de sus discursos en las cortes constituyentes del 31, que había que saber “conllevar” el problema catalán. Que solo la educación en los más jóvenes y el viajar a todas las edades podrían cambiar ese sentimiento. De ahí, la importancia de que la educación sea un instrumento del que el gobierno no deba delegar. Y que recuerden los poderosos aquellas palabras de García de Loaysa, confesor del emperador Carlos, cuando aconsejaba al rey, “que se limitara a gobernar los cuerpos, dejando libres los espíritus”. Y eso dicho en uno de los siglos de más intolerancia de nuestra historia.

josevrioseco@gmail.com

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