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Diario YA

“Jenufa” o la belleza del perdón, en el Real

Drama lleno de celos, desamor y fanatismo religioso

 Luis de Haro Serrano.-Doce representaciones que irán  desde el 4 al  22 de diciembre dedica el Real en esta temporada a presentar la obra del compositor checo Leos Janacek, considerada por muchos analistas como una de las mejores historias sobre la belleza del perdón.

 

La producción es del Real realizada en coproducción con el Teatro alla Scala de Milán. El francés Stephane Braunschwig con el montaje que estrenó en el Chatelet de París en 1996 asume la dirección de escena. Ivor Balton al frente de la Orquesta y el Coro titulares del Teatro y un doble elenco es el responsable de la dirección musical.

 

El libreto es del propio compositor basado en la historia de la hijastra de Gabriela Preisová,  dedicado a su hija Kamilla. En él se narra la historia de una mujer frágil pero resuelta, que afronta la vida después de haber pasado por el trance de la muerte de su hijo a manos de la madre adoptiva, la rígida sacristana Kostelnicka.

 

Estrenada en el Teatro Nacional de Brno el 21 de mayo de 1904 después de haber sido rechazada en 1903 por su director, Karen Kovanovic,  alegando falta de unidad, estilística, su extremado primitivismo y atavismo, así como por su forzada novedad.

 

 

 La acción se desarrolla en una aldea de Moravia a finales del XIX. Jenufa es una heroína que, como el ave fénix, renace de todos los golpes que recibe de sus adversarios y, a pesar de ellos, continúa entregándose para brindarles la paz de un amor sin rencor o  para ofrecerles una segunda oportunidad

 

Al margen de las consideraciones religiosas que quieran aplicársele, Janacek dibuja en su reescrito libreto de manera perfecta el perfil sicológico de cada uno de sus principales personajes. La mayoría de ellos, salvo Jenufa, envueltos en un egoísmo sin límite, con unos miedos a la vergüenza por la condena social y  la falta de compromiso de aquellos que debían ayudarla.

 

Jenufa es el prototipo de la belleza del perdón y la confianza en el futuro a pesar de que, como dice en un momento, “el sol ha desaparecido para los pobres a los que ya no les queda nada más que el brillo de la luna y las estrellas”. Por razones muy diversas perdona sucesivamente a Steva, a Laca y a su madre adoptiva Kostelnicka.

 

Laca  vive en secreto su amor por ella,  pero su egoísmo le lleva a darle un corte en la mejilla para que Steva, por su aparente fealdad, deje de quererla, para después acercarse abiertamente a ella brindándole un amor firme y comprensivo .

 

 A pesar del daño físico que le ha causado, Jenufa le dice “Eres el hombre más bondadoso que  he conocido. Que me cortaras la mejilla … hace tiempo que te lo perdoné (…) lo hiciste por amor”, añadiendo que en el futuro solo existirá entre ellos comprensión y estima. Perdona igualmente a Kostelnicka a pesar del terrible daño que le ha hecho con el asesinato de su hijo.

Steva es el prototipo del señorito rural, egoísta como nadie, que mantiene un amor sin fuerza ni base “Cuando te vi con la cara destrozada dejé de quererte”, pero a pesar de ello no le importa deshonrarla y para no comprometerse no quiere ni conocer a su hijo, diciendo que  les traerá únicamente desgracias y el desprecio de la sociedad.

 

Kostelnicka es una mujer trágica y desesperada, buena pero mostruosa. Protege a su hijastra únicamente por el temor a la repulsa social y cuando se descubre su crimen  desvía la atención  de los airados vecinos hacia ella para que no culpen inocentemente a Jenufa. En su desesperación se sincera diciéndole “Cuando cometí esa atrocidad pensé más en mi protección que en tu amor”.

 

 

Este rápido análisis  muestra la existencia de todo un mosaico de personajes que Janacek maneja con verdadera maestría, a la que se une la belleza de una música concebida con una fuerte expresividad mezclada en la que aparecen bastantes momentos de dulzura y romanticismo, que alcanza su punto álgido en el tercer acto y, muy especialmente, en el final de la obra.

 

 

El equipo artístico.-Colosal o magnífico son los adjetivos que nos parecen más adecuados para juzgar el trabajo de Ivor Bolton como responsable de la dirección musical, así como el de la Orquesta que en todo momento estuvo atenta a las indicaciones del director para reflejar con  fidelidad las diversas situaciones que el desarrollo de la ópera requería.El Coro cumplió con justeza en sus cortas intervenciones, especialmente en el pasaje de la canción de las doncellas del 2º acto.

 

La dirección de escena de Stéphane Braunschewig, a pesar de su planteamiento tan sencillo,sórdido y oscuro, completamente alejado de adornos innecesarios, fue pieza clave para el desarrollo y la comprensión del espíritu del libreto. Bastante llamativa la  utilización de las aspas del molino como único elemento figurativo y bien  los movimientos y la actitud de todos los intérpretes en la escena. La iluminación de Marion Hewlett tuvo las mismas características.

 

En cuanto al trabajo de los demás intérpretes vocales es de justicia resaltar el de las dos mujeres protagonistas , (Jenufa (Anja Silja) y Kostelnicka (la veterana y experimentada Deborah Polaski). Sus voces, especialmente la de la 2ª sonaron elegantes, ajustadas, con gran colorido y belleza, a pesar de los difíciles pasajes  que tuvieron que recorrer.

 

Nicolai Schukoff (Steva) y Miroslav Dvorskÿ (Laca) hicieron también gala en sus voces de esa misma  belleza, elegancia y fuerza .

 

El resto de los intérpretes, en sus cortas intervenciones, no le fueron a la zaga.