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Diario YA

Edith Sitwell, la hija de septiembre

José Luis Orella

Nació un 7 de septiembre de 1887, en Scarborougt (Yorkshire), aunque pasó su niñez en Renishaw may (Derbyshire), en el ámbito de una familia noble, pero sin cariño familiar. Su padre rehizo la fortuna familiar, pero sin creencias religiosas, sólo creía en el egoísmo individual. Edith tuvo la compañía de su niñera, su perro y su pavo, marginada por sus padres. Poco después nació su hermano Osbert, con el cual siempre tuvo un fuerte amor fraternal. Edith uso múltiples ortopedias para corregir defectos de mandíbula, columna y dientes, que le mantuvo una vida aislada del resto de otros niños. En 1897, nació su segundo hermano Sacheverell, los tres serían apasionados de la poesía. Sin embargo, ella se sintió el patito feo junto a sus hermanos varones guapos y apuestos.

Su hermano Osbert fue a Eton, y siguió la tradición de ser militar. Edith se mostró rebelde, se negó a casarse, y optó por dedicarse a los libros y a la poesía, especialmente después de un fuerte desengaño amoroso. En aquellos años, su madre ingreso en la cárcel al endeudar a la familia por culpa de un chantaje, al que su padre no quiso hacer frente. En 1913, Edith reunió el dinero suficiente para emanciparse de su familia, compartiendo el alquiler con su amiga Helen, en el Londres previo a la Gran Guerra. Su hermano Osbert participó en el conflicto bélico, y tuvo la oportunidad en la postguerra de conocer a
Valores como Maurice Ravel, Diaghilev, Virginia Wolf y un desconocido T.S. Eliot. Edith editará su primera novela en 1915, La Madre, después unas antologías de nuevos poetas al año siguiente, Wheells. En los años veinte Edith publicará Casas de payaso y El Pegaso de Madera y promocionará a jóvenes literatos, de los cuales se enamora sin resultado; maternal por naturaleza, ayuda lo que puede a una legión de poetas con ganas de triunfar. Edith viste de forma bohemia, con faldas largas, enormes brazaletes, turbantes y largas uñas pintadas que le dan un aspecto extravagante. Los tres hermanos viajan por Francia y España en busca de artistas como Modigliani, Picasso, Cocteau y Stravinski. Su hermano más pequeño, Sacheverell se casará con una rica heredera canadiense, pero Edith y Osbert mantendrán su vida bohemia en París. Su hermano con amistades masculinas y ella con el artista ruso, Pavel Tchelitchew, diez años menor, pero que se siente más atraído por los amigos de su hermano que por ella.

En 1929 edita Usos de la costa de oro, su última obra en verso, a partir de ahora escribirá únicamente en prosa. Sin embargo, los años treinta son una nueva época y los Sitwell son algo del pasado. Los problemas de dinero se hacen acuciantes, deben mantenerse ellos, su amiga Helen y su amigo ruso. Durante la Segunda Guerra Mundial, Edih escribirá Canciones callejeras y La canción del frío, que preanuncia, una búsqueda de Dios, influida por las repercusiones que produce en Edith la guerra con todos los sufrimientos generados y el estallido de las bombas atómicas. Estas obras hacen renacer el éxito y Edith es llamada a dar conferencias en los Estados Unidos. En el nuevo continente, Edith se siente libre y querida, allí conoce a Alec Guinnes, Evelyn Waugh y al poeta Roy Campbell, quien le presentará en 1954 al P. D`Arey S. J. quien era amigo de Graham Greene y Evelyn Waugh. En 1955 decide hacerse católica. Su vida cambia, ve en la Iglesia Católica la familia cariñosa que nunca tuvo. Las campesinas católicas llenas de fe en sus iglesias barrocas fueron el inicio, desde hace tiempo, de su renovación interior. Sus hermanos no se entrometen en su conversión, pero Edith desearía que Osbert la acompañase, aunque el, enfermo se mantiene en su agnosticismo. Campbell y Waugt la reciben con los brazos abiertos y se convierten en sus padrinos, cuando Edith, que ha sido una catecúmena obediente, decide entrar en la Iglesia, sin publicidad, para no desacreditar su conversión íntima. Su carácter se dulcifica y procura mejorar su comportamiento, pero casi no puede andar y su debilidad se acentúa con el reumatismo y la artritis. Las deudas la atenazan por sus excesivos gastos y se refugia en el martini, el vino blanco y el cognac.

En su casa vive rodeada de antiguos muebles y de sus cuatro gatos; con la subasta de manuscritos resuelve sus problemas económicos. Es nombrada vicepresidenta de la Real Sociedad de Literatura, mientras que Evelyn Waugh mantiene una abundante correspondencia que la consuela de sus problemas. Finalmente se retirará al campo con su secretaria y los cuadros de su ruso platónico que tanto la hizo sufrir y que había muerto en 1957. En 1964, las hemorragias la agotan, falleciendo. Poca gente fue a su funeral, pero Evelyn Waugt supo ejercer de amigo leal hasta el final.

 

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