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Editorial: "¿Dimisión o destitución?"

Ahora sí, por fin, va a tener "un futuro en colores" el bueno de Bermejo. ¡Concho!

Lo decimos porque, tras conocerse ayer la benefactora y salubre noticia de la dimisión-destitución de Bermejo "El Rojo", el ministro de Economía, Pedro Solbes, aseguró, en un desayuno informativo, que sentía cierta envidia de su ya ex compañero "porque había dejado de ser ministro". Nunca hubiéramos imaginado que los miembros del gabinete zapateril estaban sometidos a semejante presión, a tal estado de preocupación como para sentir envidia de un ministro que dimite..., ¿pero qué hace el Presidente del Gobierno con sus ministros, los tortura a escondidas?

El caso es que este diario digital tiene que reconocer con toda gravedad que se ha equivocado en su predicción. Hace poco editorializábamos en el sentido de que en España no dimitía nadie, y miren por donde, se ha ido el cazador de gaviotas. Bueno, para ser exactos, se ha ido uno de los cazadores de gaviotas, el otro está indispuesto. Y según pasan las horas, tenemos la sensación de que se trata más bien de una destitución en toda regla, un aguillotinamiento zapateril con un objetivo clarísimo: que las iras del pueblo no alcancen al gran jefe de la tribu progresista.

Pensamos que, si toda dimisión es por definición buena para un sistema democrático, en el sentido de que se depuran responsabilidades y se devuelve a la sociedad cierta confianza perdida en las instituciones, en este caso se trataba de una dimisión forzosa, inevitable. La crónica de una muerte anunciada, como diría García Márquez. Bermejo ha hecho, desde el día de su nombramiento, todo lo posible para ganarse el despido: ha consolidado la dependencia de la justicia del poder ejecutivo, ha despreciado al principal partido de la oposición de una manera inadmisible, ha provocado la primera huelga de jueces de la historia de nuestro país, y por si fuera poco se ha ido de caza sin licencia. A ver ahora qué hace con los muflones, por cierto.

Sin embargo, no debemos perder la perspectiva de lo que esta "dimisión destituida" significa: es un acto de autoafirmación del presidente del Gobierno, que con este golpe de mano se convierte en más lider de su Ejecutivo, lanzando un aviso a navegantes. Zapatero tiene claro lo que quiere hacer con España (¡pobres españoles!), y desde luego no va a permitir que ningún bermejillo se lo estropee por cualquier idiotez. La fidelidad extrema a la causa se agradece, pero en ningún caso es una garantía de permanencia en el Arca de ZP. Aquí quien se mueve..., ya sabe.

Esperamos que el señor Caamaño mejore sustancialmente la labor de su predecesor en el cargo, al menos en lo que se refiere a la sensación de imparcialidad que debe transmitir en sus actos y sus palabras. Pocas cosas repugnan más a cualquier conciencia democrática que un ministro de Justicia sectario y beligerante. Ya ni siquiera se pide una gestión eficaz, ni siquiera la resolución inmediata de problemas acaso irresolubles. Tal y como está el patio, nos conformamos con que el nuevo titular del ministerio tenga cierta apariencia de independiente. Ya es poco pedir.

Martes, 24 de febrero de 2009.

Etiquetas:editorial