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Editorial: "Cabrera en Youtube"

Ha habido pocos, muy pocos, escandalosa y vergonzosamente pocos medios de comunicación en España que hayan dado al escándalo del vídeo de la ministra Cabrera en Youtube la importancia que la noticia merece. Nos gustaría pensar que es por falta de criterio, porque eso tiene arreglo. Ojala fuera por ignorancia e inexperiencia en el ejercicio profesional. Lo peor es que tenemos la inquietante convicción de que la inmensa mayoría del antaño "cuarto poder" calla porque tiene la boca llena de pan regalado. 

El episodio no puede ser más terrible, desde la observancia de lo que debería ser una democracia, ni más revelador de cómo está dejando esta banda de indocumentados a nuestra amada patria. Que la titular de Educación grabe un vídeo comentando una sentencia que sólo se conoció (para el resto de los mortales) 48 horas después, es el golpe de gracia que le faltaba a la justicia en España para terminar de ser lo que viene siendo: un instrumento al servicio del Poder Ejecutivo, sin buena imagen, sin credibilidad, sin profesionalidad y sin futuro, al menos si no cambian mucho las cosas.

Los asesores en comunicación de la señora Cabrera (por lo que vemos, con las mismas luces que los que prestan sus servicios en Génova 13..., ¿serán los mismos?) dicen ahora que no, que el vídeo se colgó en blanco para luego "rellenarlo" (cosa que, de momento, está por inventar), que se grabaron y subieron varios de ellos para agilizar su entrega a los medios de comunicación, y otras explicaciones de parecido peso argumental. Les faltó aludir a la inclinación quiromántica de la ministra, o a sus cualidades innatas como sustituta de lujo de la Bruja Lola.

La cuestión, aunque se presta a una jocosa coña y a innumerables chascarrillos, encierra una constatación dramática, y es que al pueblo español de hoy le trae todo absolutamente sin cuidado. En su permanente estado de "anestesia colectiva", a nadie parece importarle que se haga patente un hecho tan terrorífico como que un miembro del Gobierno pueda saber del resultado de las deliberaciones de un órgano jurisdiccional que, además, es el más alto del Poder Judicial. No sólo no existe separación de poderes; es que a la gente le importa una higa.

Deduzcan nuestros lectores qué garantías jurídicas tendrán si, por la razón que fuere, tienen que vérselas alguna vez con un juez. Calculen las probabilidades de salir indemnes en la hipótesis de que se vean obligados a dirimir en los tribunales algún conflicto con la Administración Pública. "Montesquieu ha muerto", dijo aquel ilustre. Y tanto. Muerto y bien enterrado. Y que a nadie se le ocurra protestar, porque en la España de Zapatero sólo protestan los fascistas. Los ciudadanos, a pagar impuestos y a votar las listas cerradas que nos den, que para eso estamos en democracia.

Viernes, 30 de enero de 2009.

 

 

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