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Diario YA

Editorial, jueves 3 de julio de 2008

Por no decir la palabra "crisis"

Es relativamente frecuente ver a la clase política entretenida con floridos juegos del lenguaje para eludir responsabilidades y evitar dar explicaciones reales a los ciudadanos. En ese sentido, hay que reconocer que el actual presidente del Gobierno, señor Rodríguez Zapatero, es todo un experto en la manipulación de las palabras, hasta tal punto que no se entendería que la Real Academia no insistiera, en breve, para que el inquilino de La Moncloa entrase a formar parte de ella, con la letra Z por supuesto.

Calculen nuestros lectores las vueltas y revueltas, las idas y venidas, los circunloquios y eufemismos que le ha costado al Presidente el hecho de no reconocer que España está viviendo una horrorosa crisis económica. El hecho es innegable; lo saben los economistas, los catedráticos, los analistas financieros, las instituciones europeas…, lo saben los ciudadanos, que siempre han tenido (hemos tenido) una facilidad pasmosa para saber si hay crisis o no. Y sin embargo, Zapatero se resiste a pronunciar la odiosa palabra.
 
Se dan todas las circunstancias que lo confirman, todas las características que lo avalan: aumentan los precios, se estancan los salarios, bajan las afiliaciones a la seguridad social, sube el paro, desciende el consumo…El dato del Inem conocido ayer es especialmente revelador: casi 37.000 personas se quedaron sin trabajo en junio, una cifra que resulta especialmente preocupante si tenemos en cuenta que junio ha sido siempre un mes en el que se ha creado mucho empleo.
 
Pero a Zapatero le importan muy poco las realidades. Él es amigo de discursos, no de hechos. Lo que le encanta es pronunciar, no analizar. Si hiciésemos un breve recorrido en la memoria, recordando los momentos clave del mandato de Rodríguez Zapatero, llegaríamos a la conclusión de que siempre se las ha ingeniado para darle la vuelta a la realidad “palpable” mediante un juego de palabras o una floritura en su oratoria. Zapatero siempre tiene en la cabeza la manera de hacer que lo blanco parezca negro. Y termina siendo negro como el carbón.
 
Por eso resulta especialmente preocupante el tiempo que el Partido Popular ha “perdido” en relación a su labor de control al Ejecutivo. Rajoy, que ha necesitado celebrar un congreso para fortalecer una autoridad roída por dos derrotas electorales consecutivas, ha estado “desaparecido” mientras el PSOE se atusaba los cabellos en una autocomplacencia mutua ciertamente enfermiza para el sistema democrático. Puede decirse que Gobierno y oposición han estado ya de vacaciones. Sería bueno que a partir de ahora se pusieran a trabajar en serio.

 

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