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Diario YA


 

Editorial: "La nieve y el colapso de España"

Decíamos ayer, en esta misma página editorial, que España no funciona. Y lo decíamos a propósito de las cifras del paro y de la sensación, cada vez menos discutible, de que las instituciones caminan como paquidermos hacia su cementerio. Aún no sabíamos que una nevada, una simple nevada, la caída de agua a cero grados o menos, iba a colapsar Madrid de norte a sur, aeropuerto, colegios y muchas empresas incluidas. Mientras los críos se lo pasaban en grande con el lanzamiento indiscriminado de bolas, la ciudad se convertía en un laberinto-trampa para conductores y viandantes.

Por fin, hemos conocido la solución a tanta catástrofe: fallaron las previsiones meteorológicas. Estupendo. Satélites punteros que cuestan un riñón y que ahora resulta que no funcionan; y cientos de personas en la administración pública que se dedican a resolver situaciones relacionadas con las inclemencias, sin enterarse de nada, “in albis” porque la predicción de la noche anterior no era la misma que la de la mañana de ayer. Y kilos de sal amontonados en oscuros almacenes mientras la gente se rompía la crisma resbalando por las calles madrileñas.
 
No pretendemos ser catastrofistas, pero esto sólo puede pasar en un país como éste, discúlpennos. En Oslo, Rejkiavik, Estocolmo, Riga…, tienen semanas y semanas, meses enteros de nieves auténticamente terroríficas, con temperaturas que aquí en España no se conocen; y uno ve imágenes de esas ciudades por TV, y los semáforos funcionan a la perfección, la gente va ordenadamente caminando por la calle con su paraguas (la nieve siendo recogida por los operarios municipales según cae) y los coches circulan con aparente normalidad, sin que el inmaculado elemento procedente del cielo perturbe en absoluto el ritmo normal de la vida ciudadana. Ya que no sabemos innovar, ¿es tan difícil al menos imitar?
 
Ya, en sí misma, esa fascinación idiota por la nieve que hace que personas talluditas y con toda la barba hagan el indio lanzando bolas de nieve a diestro y siniestro, dice mucho de nuestro paisanaje. Bueno está tomar unas fotos, sobre todo porque en “el Foro” no se repetía algo así desde hacía treinta años, según contaban algunos medios. También es destacable la habilidad de algunos para construir enormes muñecos que dan un toque artístico a esta ciudad gris y plomiza, sucia como pocas, que es Madrid. Pero las batallas de bolas sólo tienen explicación en el desquiciamiento colectivo.
 
Mientras, la ministra Álvarez (parece que le molesta lo de “Malenie”, que es más bien un apelativo castizo que un nombre despectivo) vuelve a echar balones fuera tras ser informada de que Barajas, el aeropuerto con más tráfico aéreo de España, estuvo cerrado “solamente” cinco horas, causando decenas de cancelaciones de vuelos. ¿Quién puede recompensar a las miles de personas perjudicadas por esas cancelaciones “imprevistas” por el fallo en la predicción meteorológica? Nadie. Al menos, nadie humano. Sólo rezando conseguiremos convertir la ira en comprensión.

Sábado, 10 de enero de 2008.

Etiquetas:editorial