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Editorial: "Memoria del Capitán Lozano"

En este sainete chusco que el actual Gobierno ha dado en llamar "Ley de Recuperación de la Memoria Histórica", cada nuevo episodio resulta más esperpéntico que el anterior. La parcialidad y el sectarismo que caracterizan la iniciativa socialista no sólo no son disimulados, sino que constituyen su principal seña de identidad. Es evidente que no se trata de recuperar ninguna memoria, sino de volver a juzgar algo que ha prescrito penalmente, y que pertenece a un pasado que sólo tiene sentido repasar en los libros de Historia.

Pero Zapatero, a quien ya hemos visto que la figura de su abuelo (el capitán Rodríguez Lozano) ha estado muy presente en su trayectoria política, quiere ganar ahora la guerra que los rojos perdieron hace 72 años, lo cual es una absoluta barbaridad, una temeridad y una locura. Sobre todo si tenemos en cuenta que fueron precisamente comunistas y socialistas los que más interés mostraron en "cerrar las heridas" de la Guerra Civil, impulsando la Transición a la democracia.

Por si fuera poco con esta "voutade" gubernamental, ahora también entra en juego Garzón, empeñado en que la Iglesia le dé sus archivos de aquellos años. ¿Qué parte exactamente de la memoria histórica quiere recuperar el magistrado estrella de la Audiencia Nacional?, ¿sólo le interesan las persecuciones que sufrieron unos, o lo que ocurrió con todos los desaparecidos?, ¿quiere saber a partir del ´36, o también en los meses previos al levantamiento militar de julio?

Lo primero que podía investigar Garzón, ya que lo hemos citado, es quién fue el Capitán Rodríguez Lozano. Podía investigar lo que hizo durante la represión de las revueltas mineras de Asturias en 1934, que él dirigió por orden de Franco. Se sabe que en esa represión hubo muertos...¿Disparó su arma el abuelo del actual presidente del Gobierno contra algún minero socialista asturiano? Queremos saber. Es una pista que le damos al juez Garzón.

Se sabe también que al Capitán Rodríguez Lozano le fue concedida la Cruz del Mérito Militar en África por haber combatido contar los moros con toda fiereza y valor, nada menos que al mando del General Sanjurjo. Era el año 1919. ¿Acaso no compartía el abuelo de nuestro presidente los desvelos de su nieto por la Alianza de Civilizaciones? Sería bueno que Garzón investigase ese extremo, porque sería gravísimo.

Sábado, 27 de Septiembre de 2008.

Etiquetas:editorial