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Editorial: "Por no hablar claro"

El chuleo y la befa que ha protagonizado la sanguijuela etarra De Juana Chaos tras salir de la cárcel el pasado 2 de agosto (dos mil novecientos y pico años antes de lo que debería), además de cabrear a los ciudadanos decentes de este país, parece haber removido las conciencias políticas, y los dos principales partidos empiezan ya a estudiar medidas legislativas que impidan, o al menos dificulten, que puedan repetirse casos parecidos.

En ese contexto, el portavoz del PP en materia de Justicia, Federico Trillo, ha adelantado una propuesta que, aunque no será la panacea de nada, quizá sí sirva para algo. Se trata de establecer una custodia complementaria con diez años de vigilancia para los etarras que, tras salir de la cárcel, expresen inequívocamente que no se arrepienten de nada de lo que hicieron. Es el caso de De Juana, asesino confeso que jamás ha pedido perdón por sus atroces crímenes, y que nada más salir de prisión ya estaba haciendo apología del terrorismo.
 
En una sociedad tan llena de complejos como la española, donde la clase política acostumbra a ser cobardona a la hora de tomar la delantera a los ciudadanos en cuestión de iniciativas que conduzcan al bien común, no es de extrañar que se quiera impedir a toda costa el debate sobre la cadena perpetua, que ayer defendió un magistrado del Tribunal Supremo en un curso de verano. En concreto, y preguntado por el asunto, Federico Trillo ha dicho que “es inútil” plantear la cadena perpetua. Esperamos que algún día nos explique por qué.
 
De un individuo como De Juana una sociedad democrática (y un poco inteligente) sólo puede esperar una cosa: multiplicar el daño que ya ha hecho. De un terrorista sin la menor intención de arrepentirse de sus actos, uno no puede esperar jamás la reinserción, sino la vuelta al crimen y a la extorsión. De Juana asesinó primero, se mofó del Estado de Derecho durante el brevísimo espacio de tiempo que estuvo entre rejas, y finalmente ha salido en libertad con una sonrisa pérfida que hablaba por sí sola. La ley nunca ha podido con él.
 
Si no se espera que la cárcel pueda reinsertar a quien no desea reinsertarse, ¿a qué viene esta propuesta descafeinada de la “custodia complementaria”?, ¿por qué no puede hablarse abiertamente de cadena perpetua, que es el único fin moralmente aceptable para quien no acepta la vida según las leyes vigentes para todos? Malos tiempos cuando hay que andar siempre con eufemismos para hacerse entender. En todo caso, menos da una piedra. Venga esa custodia, siquiera para tranquilizar un poco a las familias de las víctimas del terrorismo.
 

Jueves, 14 de Agosto de 2008.

Etiquetas:editorial