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Editorial: "Provincianismo cateto".

Los separatistas catalanes la han tomado con Extremadura los últimos días, y si en un principio fue un tal Suñé el que pretendió que se adoptasen niños extremeños, presuntamente malnutridos y casi raquíticos, ahora es un tal Puig quien se ha atrevido a llamar “malnacidos” a los políticos de esa región, y suponemos que también, por extensión, a todos los habitantes de esa región española.

Lo que pone en evidencia este furibundo ataque de los nacionalistas de extrema izquierda de Cataluña es el profundo desconocimiento que tienen del país al que pertenecen, es decir, de España. Si el tal Suñé viajase de vez en cuando fuera de su “terruño”, comprobaría que Extremadura es una comunidad al menos tan desarrollada como Cataluña, e incluso en algunos aspectos bastantes más. Entre otras cosas, en Extremadura todos los niños pueden estudiar en la lengua del país al que pertenecen.

El tal Suñé comprobaría también que los niños extremeños no necesitan ser adoptados. Primero, porque suelen tener unas familias extraordinarias que les dan todo lo que necesitan para su desarrollo personal. Y segundo, porque lejos de estar desnutridos o raquíticos, gozan de una salud (por lo general) envidiable, fruto de una gastronomía maravillosa, un clima excepcional y unas condiciones de vida muy buenas. Como poco, tan buenas como las de esa otra región española llamada Cataluña.

En cuanto a Puig, dirigente de la Esquerra (el partido en el que manda aquel señor que negoció con ETA que no hubiera bombas en Cataluña), difícilmente se puede tomar en serio a un individuo que asegura que “les guste o no, nuestra solidaridad les ha permitido superarnos en calidad de vida”. ¿Qué concepto de la “solidaridad” tiene Puig?, ¿es esto lo que estudian los republicanos catalanes en sus reuniones de preparación doctrinal? Si el sujeto en cuestión cree que la “solidaridad” es eso, posiblemente los extremeños crean que puede meterse su “solidaridad” donde le quepa.

Pero sirvan estos lamentables episodios de provincianismo cateto para demostrar cuán poco sentido tiene el nacionalismo separatista en un mundo que aspira a la comunidad global. Qué absurdo resulta escuchar en alguien con responsabilidad política esta suerte de disparates, buenos para nada, empobrecedores de la vida en común, y completamente alejados de lo que espera el conjunto de la ciudadanía española. Pero Suñé y Puig tendrán, seguro, cargo público para rato.

Miércoles, 6 de Agosto de 2008. 

 

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