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Editorial: "Solbes, el sabio"

 

Al contrario de lo que considera cierto líder político español, la economía, gracias a Dios, no lo es todo. Pero sí es algo lo bastante importante como para que esté en manos de los que más saben. Los que más saben casi nunca están en la política, porque saben que la política (el arte de la mentira y de la ambición) es capaz de llenar de inmundicia un curriculum brillante en apenas un año; incluso en menos. De ahí que aquellos verdaderamente ilustrados pongan múltiples reparos a entrar en política, y la mayoría no lo hagan nunca.

A Solbes nos lo han pintado (no sólo en los medios de comunicación, sino también en la Universidad) como un maestro de la Economía y la Hacienda Pública. Lo que pensara Solbes, lo que dijera Solbes, lo que diagnosticara Solbes, lo que ratificara Solbes con su firma casi angelical y extraterrestre era incuestionable e intocable. Quizá por eso después de llevar unos 20 años anunciando que deja la política, todavía sigue en ella: porque no le dejan marcharse.

Pero nadie mejor que uno mismo es consciente de sus limitaciones, aunque muy pocos tengan la valentía de reconocerlas en público. Y Solbes, que ya en el Gobierno de Felipe González salió muy mal parado de su experiencia en el poder, está loco por bajarse del camarote de los Hermanos Marx en que se ha convertido el actual Ejecutivo socialista; primero, porque desde su presunto prestigio no se ve al lado de personajes como Maleni, y segundo, porque ha debido darse cuenta (un poco tarde, quizás) de que está haciendo un daño terrible a los españoles.

Porque equivocarse en los números es algo que entra en lo posible, e incluso en lo probable. Hacer previsiones conlleva errar, lanzarse a la conjetura de lo que puede pasar en algo tan voluble como los mercados financieros es arriesgarse a estar más veces equivocado que acertado. Pero una cosa es fallar y otra muy distinta empecinarse en la ocultación pública del error, que es lo que ha venido haciendo en esta crisis el Gobierno de Rodríguez Zapatero.

Ahora que tanto se habla del inminente cese de Solbes (parece que el llamado a sustituirle podría ser Almunia…, apañados estamos) sólo podemos lamentar que alguien que ha estado tanto tiempo al frente de tan alta responsabilidad no haya sabido ser lo bastante humilde ni sincero para confesar que el barco se hundía para que los más necesitados tuviesen tiempo de ponerse a salvo; prefirió salvar sus posaderas, que al final es lo que siempre termina haciendo el político profesional. Un verdadero sabio de la economía hubiera hecho lo contrario.

Viernes, 19 de diciembre de 2008.

 

 

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