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"La misión de la Universidad Católica del Siglo XXI"

El Cardenal Paupard, en la Francisco de Vitoria

Redacción Madrid. 3 de febrero.

La Universidad Francisco de Vitoria (www.ufv.es) fue testigo hace unos días de lo que es de verdad hacer Universidad, un lugar de encuentro donde poder dialogar y debatir sobre las cuestiones fundamentales con expertos en el tema y profesores. Fue durante el las ‘Conversaciones Universitarias’ organizadas por el Instituto John Henry Newman de esta universidad el pasado jueves 29 de enero, que abordó la cuestión de la identidad de las universidades católicas bajo el título ‘Universidad Católica: mimetismo, nostalgia o nuevo humanismo’. Importantes intelectuales como el Cardenal Paul Poupard, Mons. Martínez Camino, Melchor Sánchez de Toca, P. Florencio Sánchez, LC o Pedro Morandé debatieron sobre los nuevos retos a los que se enfrenta esta institución en el siglo XXI con responsables de diferentes universidades europeas y representantes de la comunidad universitaria Francisco de Vitoria.

En este sentido, destacó la idea de que, ante el nuevo panorama educativo que se abre con el llamado Proceso de Bolonia, la universidad católica está llamada a realizar conjuntamente una nueva síntesis entre fe y razón que supere la falsa frontera entre lo natural y sobrenatural, que parta de la realidad de la cultura actual y dialogue con ella, y que pueda ser hecha vida por quienes participen en ese diálogo como testimonio de su valor. Todos los participantes manifestaron la necesidad de un trabajo conjunto de las universidades católicas, el papel fundamental del profesor como testimonio de vida, y la necesidad de repensar las asignaturas desde la clave de una razón ampliada que borre la falsa frontera entre lo natural y sobrenatural. Las intervenciones están disponibles en la página web del Instituto John Henry Newman, www.elsentidobuscaalhombre.com

Paul Poupard: “La universidad será lo que sean sus profesores”

El encargado de inaugurar estas conversaciones fue el Cardenal Paul Poupard, Presidente Emérito del Consejo Pontificio para la Cultura. Bajo el título ‘La Universidad como comunidad de buscadores entre profesores y alumnos, reflejo de la caridad cristiana’, Poupard explicó que “la universidad no puede plegarse a las exigencias del mercado y convertirse en una mera fábrica de titulados”, teniendo en cuenta que “la misión propia de la universidad es el servicio apasionado de la verdad”. Por eso, se debe fomentar la tarea  de estudiar los graves problemas contemporáneos y buscarles una solución, de forma que la Universidad Católica sea “pionera en la investigación en todas las disciplinas que se imparten en ella”.

El Cardenal Poupard también comentó que en la universidad católica debe primar “la formación integral de la persona, que integre los distintos saberes” y que busque el crecimiento de la persona, no sólo en el ámbito intelectual sino en el puramente humano. Sólo así, continuaba, evitaremos “un mundo dominado por expertos sin alma”.

Poupard señalaba que “la misión de la Universidad Católica no está completa si no aspira a la evangelización” y subrayaba que esta institución “será lo que sean sus profesores”, que deben aspirar a “ser maestros de sus alumnos y no sólo docentes”. El Cardenal aseguró estar convencido de que “el porvenir de la humanidad está en manos de quienes sepan dar a las generaciones venideras razones para vivir y razones para esperar”.

Pedro Morandé: El reto de una nueva cultura

El siguiente en intervenir fue Pedro Morandé. El Decano de la Facultad de Ciencias Sociales de la Pontificia Universidad Católica de Chile, bajo el título “De cómo la fe se hace cultura”, enclavó la misión de la Universidad hoy en la oportunidad de superar las consecuencias de una visión de lo humano y lo social funcionalista que convierte al hombre en una realidad sustituible, elimina las especificidades, identidades y originalidades propias de cada cultura, pueblo o realidad en aras de un control que busca eficiencia a corto plazo.

Morandé explicó, en clara alusión a Bolonia, que la gran repercusión que esta visión ha tenido en la Universidad es la tendencia internacional a convertir esta institución en una industria, “en un sólo gran sistema industrial universitario con acreditaciones estandarizadas de planes de estudios y competencias equivalentes, de tal modo que en el futuro sea indiferente estudiar en un sitio o en otro, con un profesor u otro”.

La Universidad Católica estaría llamada a favorecer el diálogo con esta cultura actual desde una nueva síntesis de fe y razón que ha de realizar, y que sólo se hará cultura cuando “pueda ser acogida personalmente” por quienes participen en el diálogo, esto es, “proporcionar a las personas una cultura viva, en la cual los valores derivados de la dignidad humana sean el patrimonio más valioso que ella transmite y que puedan ser verificados cotidianamente por la experiencia de cada una de las personas que se integran a una comunidad de pertenencia que las acoge y las invita a trascender sus necesidades y deseos en el servicio al bien común de todos quienes las integran (…). La medida de toda cultura es el cultivo de sí mismo como sujeto personal”, afirmó en este sentido.

Florencio Sánchez, LC: “La asignatura para el profesor es el alumno”

A continuación, y como cierre, de las conversaciones de la mañana, fue el turno del sacerdote Florencio Sánchez, LC, director de Pastoral de la Universidad Francisco de Vitoria y director del Instituto John Henry Newman, que habló sobre ‘Nostalgia, mimetismo o nuevo humanismo’. En su disertación, Florencio Sánchez comentó que la base para que una universidad sea católica radica en que tiene “una forma específica de usar la razón y el corazón en todo, desde la fe, para buscar la verdad y el amor”. Por eso, en la Universidad Francisco de Vitoria, continuaba explicando, se trabaja una antropología elaborada en torno al concepto del hombre como buscador de la verdad movido por su libertad y fomentando ese diálogo entre la fe y la razón.

El Padre Florencio comentó la necesidad de repensar la universidad actual, en cuanto a sus contenidos como sus métodos de enseñanza. En la universidad “debe haber una nueva síntesis en todos los campos del saber universitario, así como un método que reflexione sobre los límites de cada ciencia y el alcance de sus conclusiones”, añadía. De igual forma, este nuevo método supone, explicaba el sacerdote, “una nueva investigación”.

Y como núcleo de la vida universitaria, destaca la relación profesor-alumno, que es donde se juega la verdadera formación integral, donde se construye la universidad como comunidad y es lo que más influye en el alumno a lo largo de su paso por la universidad. De hecho, comentaba el Padre, “la universidad empieza realmente cuando se cierra la puerta del aula y comienza una clase” porque “una universidad es lo que sean sus profesores”. Y más en una universidad católica, cuya identidad es precisamente esa, la atención personalizada del profesor al alumno, “en cómo afrontan el quehacer universitario los profesores y los alumnos, en el contenido, la profundidad y la significación de los conocimientos que comparten y en la relación que entre ellos establecen”. Por eso en la UFV, “la asignatura para el profesor es el alumno, cuyo objetivo es despertar su humanidad a la verdad de su vida y acompañarlo en su realización durante los años de la universidad, mientras se le imparten unos conocimientos y habilidades”.

En este nuevo panorama académico que se abre con el Acuerdo de Bolonia, Florencio Sánchez comentaba el peligro que tiene “la Europa de la información”, donde el flujo de información de todo tipo y a todo nivel circula por Internet sin fronteras, sin límites de cantidad ni de calidad, en que parece no haber ningún orden”. Aunque en esta marea de información podemos encontrar algo bueno, si la Universidad Católica se convierte en “una comunidad viva que busca la verdad y el amor, un ‘nuevo monasterio’ que cambie la cultura sin proponérselo, laboratorios de cultura que generen un nuevo humanismo”.

Melchor Sánchez de Toca: “Somos una cultura de la palabra”

El encargado de inaugurar el turno de conferencias de la tarde fue Melchor Sánchez de Toca y Alameda, subsecretario del Consejo Pontificio para la Cultura. Sánchez de Toca centró su intervención en la constatación de que somos una cultura de la palabra, lo que tiene unas implicaciones intelectuales y existenciales que la universidad católica está llamada a hacer presentes. Destacó así que la cultura de la palabra propone una preocupación por la verdad, una actitud de escucha –luego de respeto, y reconocimiento de que lo que recibo no lo puedo manipular-, de comunicación y el diálogo con el otro –“lo que quiere decir que en la donación recíproca, la persona no se anula sino que se enriquece”-, de sentido y razón frente a la irracionalidad o el azar “que niegan la libertad”, y de comunión: compartir y difundir con otros aquello que se ha descubierto.

Monseñor Fernando Sebastián: Diálogo permanente entre católicos y no católicos

El siguiente en intervenir fue Monseñor Fernando Sebastián, Arzobispo Emérito de Pamplona y Tudela. En su conferencia sobre ‘La Universidad Católica en un mundo laicista’ comentó en alusión al Proceso de Bolonia que “se busca un modelo de Universidad con unos rasgos comunes que sean válidos para toda Europa, cuando no sabemos muy bien qué es lo que Europa quiere ser”. Además, en el caso de las universidades católicas, el problema crece porque “lo religioso (y católico) provoca en estos momentos un rechazo inexplicable”, como si universidad y católico fueran dos conceptos incompatibles, a pesar de que, como recordaba Juan Pablo II, “la Universidad nació del corazón de la Iglesia”.

El Arzobispo propuso unos objetivos específicos para la Universidad Católica en España. Lo primero es que tienen que ser capaces de demostrar con hechos que su condición de católica “es un plus que estimula su labor investigadora, enriquece las relaciones entre profesores y alumnos, despierta el amor a la verdad y el deseo de aprender, facilita la comunicación y consolida la disciplina y la honestidad en el trabajo y la convivencia”. Además, es urgente, en opinión de Sebastián, “recuperar el prestigio cultural de la fe” porque es el principio de la vida y de la creatividad cultural de un pueblo, no una actividad parásita que deforma y empobrece la vida cultural de un país.

Además, la Universidad Católica debe fomentar el amor al saber en la juventud española, el amor al estudio y al trabajo, así como la reconciliación con ellos mismos, con sus mayores, con la historia y la realidad de su pueblo. Por eso, la Universidad tiene que “atender la formación filosófica y humanista de sus alumnos” para que conozcan las realidades que componen la grandeza de las personas, el significado de la libertad, de la inteligencia, la responsabilidad y la sociabilidad, de la muerte y la inmortalidad. Sin estos conocimientos, “no puede haber personalidades firmes, ni una sociedad fuerte, ni una base para profesor y vivir la fe católica con claridad y serenidad en un mundo tan pluralista y confuso como el nuestro”.

Por último, propuso un diálogo permanente entre las Universidades Católicas y personas e instituciones no católicas para tratar cuestiones como los fundamentos históricos, filosóficos y políticos, de los riesgos del laicismo y de los nacionalismos, de las exigencias de la justicia en el marco nacional e internacional. Esta podría ser una solución para impulsar la regeneración cultural y religiosa de España.

Monseñor J.A. Martínez Camino: Superar la falsa frontera entre lo natural y lo sobrenatural

El último en intervenir en estas ‘Conversaciones Universitarias sobre la Identidad de las Universidades Católicas’ fue Monseñor Juan Antonio Martínez Camino, Obispo Auxiliar de Madrid y Secretario de la Conferencia Episcopal Española. En su conferencia sobre ‘La libertad de la Verdad’ resaltó que si hay un espacio que puede dedicarse a la verdad por sí misma, ése es la universidad- pronunció una de las frases reveladoras de la jornada al verbalizar la misión de la universidad católica como la superación de la falsa frontera entre lo natural y lo sobrenatural, y dedicarse exclusivamente a “buscar la verdad” a través del diálogo, evitando el hablar por hablar.

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