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Diario YA

El Congreso aprubea la filosofía

La Filosofía que siempre ha sido considerada como amor a la sabiduría, y ha sido uno de los saberes que han configurado la tradición de Occidente basada en el humanismo cristiano, derecho romano y filosofía griego, no goza en estos tiempos postmodernos de pensamiento débil y del fin de los grandes relatos que daban sentido y a la existencia de buena salud: desde el triunfo del positivismo lógico la filosofía ha dejado de ser un saber sustantivo como defendía  Gustavo Bueno en sus polémicas contra sus adversarios, para pasar a ser un conjunto de tautologías de inverificables  e imposibles de probar, o como máximo un simple juego de lenguaje sin significado. Por eso la filosofía huyó de los planes de estudios  de las enseñanzas media. Sólo se daba importancia a  las opiniones  de filósofos muchas veces contrarias y contradictorias, que a los alumnos les resultaban no sólo difíciles de sistematizar  y  ante las cuales solo cabía la memorización para pasar el trago de la PAU.

 Para algunos  la filosofía es importante no por las respuestas que da a las cuestiones que teóricamente  plantea, sino por las preguntas que plantea, pero preguntas sin respuesta es una trampa sofistica, el ser humano necesita respuestas a los grandes interrogantes: Dios, el mundo,  el hombre, el bien, el mal (…) para dar sentido a sus existencia. Las jóvenes generaciones necesitan respuestas para sus angustias y sus inquietudes que no se encuentran ni  el móvil, ni en las redes sociales, sino todo lo contrario.  Ante estas penosas realidades el Gobierno del PP  ya quiso apoyar que la filosofía vuelva al Bachillerato e incluso a la ESO porque según dicen con muy bien criterio teórico, en la praxis es otro cantar no se puede permitir que ningún alumno termine la enseñanza obligatoria sin tener conocimientos filosóficos. Las razón que se da para optar de forma tan decidida  por la filosofía en el ESO no se funda en la importancia de la filosofía, si  no en un complejo de inferioridad ante la tecnología pues como afirmaba un responsable de educación del PP para contrarrestar tecnología y su influencia en  los alumnos  es necesaria un información humanista. Con este se vuelve a considerar la filosofía como un saber no sustantivo sino alternativo. El Congreso de los diputados en donde predomina la demagogia y el populismo, necesita también que sus señorías aprendan la dialéctica y la retórica filosóficas como la entendían los grandes oradores (Cicerón, San Agustín, Jovellanos) para que se abandonen el estilo  rufianesco e insultante.

Fidel García Martínez