El Consejo de Europa y los crucifijos
Olimpia García Calvo. CONCAPA se congratula con la decisión tomada por los 47 países miembros del Consejo de Europa, reunidos en Suiza, de declarar incompetente a la Corte Europea de Derechos Humanos de Estrasburgo en asuntos relacionados con la salvaguarda de las tradiciones y cultura nacionales y, en consecuencia, indica que no puede prohibir la presencia de crucifijos en las aulas.
Esta decisión pone en entredicho la sentencia de la Corte Europea, de 3 de noviembre de 2009, que amparaba la retirada de los crucifijos de los centros escolares italianos, tras la denuncia de una madre que se negaba a que su hijo estudiara en un aula donde hubiera signos religiosos.
CONCAPA ya indicó, con motivo de esa sentencia, que el crucifijo es un signo de cultura de nuestra tradición y de nuestra historia, que no puede ser ofensivo ni para el creyente ni para el ateo, porque no impone a nadie la obligación de profesar una religión determinada. Así, la decisión del
Consejo de Europa avala los planteamientos de CONCAPA sobre este tema.
Del mismo modo, CONCAPA considera que la laicidad bien entendida requiere que los Estados valoren positivamente las creencias religiosas de los ciudadanos e, incluso, eviten que se excluya de las aulas un signo tan esencial para la cultura, historia y valores, sobre el que se asienta
nuestra civilización occidental.















Por eso hay que pedirles que no se molesten y que se apeen del burro; que admitan, por favor, que las medidas aplicadas hasta ahora no han dado resultado. Que dejen de engañarse y engañarnos creyendo que las cifras experimentaran una mejoría en breve.

Y si el Cardenal Rouco decía que “la advertencia la hacía Juan Pablo II no contra la democracia, sino precisamente en favor de ella”, podemos decir que el recuerdo hoy de esta advertencia es seguramente el gesto más importante para rescatar la débil democracia española.
Hay frases, sentencias, principios, imágenes, que te acompañan allá donde vayas. Una de esas sentencias define, como pocas, el sentimiento aristocrático de la vida. 


