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Diario YA


 

El Estado gorrilla

Carlos Gregorio Hernández. 29 de enero.

Madrid, calle Julián Romea, 12.40 de la mañana. Por fin encuentro donde aparcar. En ese preciso instante irrumpe en la plaza libre un hombre que amablemente me indica dónde está el aparcamiento que ya había descubierto. Con sus brazos hace aspavientos para señalarme el camino. ¡Señor, señor! ¡Aquí, aquí! ¡Muy bien! ¡Derecho, derecho! Gracias.

¿No le ha sucedido nunca? Pues acostúmbrese. Para nuestras autoridades no hay nada ilegal en esta escena. Pedir dinero en la calle es completamente lícito. El innecesario guía, gorrilla en la terminología convencional, sólo ha extendido la mano y usted, en deferencia a sus atenciones nunca solicitadas le ha entregado los céntimos de rigor. Pero todos sabemos que el miedo a que el vehículo propio sea dañado actúa sobre nuestra “generosidad”. De hecho es tan legal que este episodio sucedió a unos metros de la Dirección General de la Guardia Civil, desde donde los agentes y sus superiores pueden observar a cualquier hora del día hechos idénticos. ¿Habrán pagado también los guardias civiles o simplemente les habrán pedido la documentación a los gorrillas para usar la fuerza de la ley en su favor sin servir a los ciudadanos? En la cercana Delegación de Hacienda también hay gorrillas. Quiero decir que hay gorrillas a sus puertas, no se me malinterprete. ¿Pagarán también los inspectores? Lo escrito no es una ficción, es contrastable y sucede en muchos puntos de ésta y otras urbes.

Sigo con mi cruzada y me acerco a un agente que está en el lugar. El entorno ‒me dice con aires de experto‒ es privilegiado para este tipo de personas. Me explica que a este lugar acuden diariamente multitud de personas para realizar gestiones con la administración que no les plantean problemas a los gorrillas porque no viven en el lugar. A unos pocos metros también les queda un albergue. Tienen un supermercado donde pueden comprar vino barato con lo que usted les da. Tienen buen ojo incluso para eso. Fíjese usted que unos metros más abajo no piden porque es zona de residentes y tampoco en la cercana Universidad donde usted trabaja. Los universitarios no son buenos clientes. Sí señor agente, condiciones perfectas. ¿Pero qué pasa con mi coche? ¿Se atreverán a dañarlo? La réplica de la autoridad es de cátedra: ¿Le han obligado a usted a pagar? ¿Le han amenazado con causarle daños a su vehículo? Me despido del agente. Todos sabemos lo que pasa. El Estado, otra vez más, no me sirve. Funciona igual que el gorrilla: pago al Estado por obtener una seguridad que es incapaz de ofrecerme. Mis impuestos sirven para que el agente se proteja a sí mismo sin que yo obtenga el más mínimo servicio y el gorrilla permanece impune. Y es que, lamentablemente, el Estado ha institucionalizado prácticas como ésta en muchos órdenes y así lo percibimos ordinariamente los ciudadanos.

Las líneas azul y verde de la zona delatan que el Ayuntamiento, que ya cobra un impuesto por circular, cobra también por aparcar en el lugar. No se asunten ustedes, en esta, como en muchas zonas, aparcar lleva recargo y Gallardón no se conforma con los céntimos, como el gorrilla. La señorita o el caballero del S.E.R. (Servicio de Estacionamiento Regulado) pasarán inexorablemente cada cuarto de hora para verificar que usted no sólo paga al gorrilla sino que también paga al Ayuntamiento por un servicio que el Ayuntamiento no presta. Si el Ayuntamiento quisiera regular el aparcamiento en zonas congestionadas no tendría necesidad de cobrar por aparcar. Simplemente podría mantenerse el sistema actual de tickets por fracciones de tiempo aunque sin cobrar recargo al conductor. En Holanda se hace y se llama regulación. En mi pueblo también, pero su nombre no tiene la misma melodía para los oídos liberales que nos regentan. La única huelga aplaudida de forma generalizada durante el año pasado fue la huelga de los cobradores de los parquímetros. ¿A caso se colapsó Madrid? Durante ese mes sólo tuvimos que pagar al gorrilla legal y no a la estafa municipal. ¿No copian el aborto, la eutanasia y los matrimonios homosexuales? Pues holandicémonos en todo.

 

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