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Diario YA

El gran proyecto de progreso socialista: el aumento de impuestos

Miguel Massanet Bosch.
Es obvio que cuando alguien quiere crear un fondo de ayuda, establecer una línea de subvenciones, dedicar recursos a obras benéficas o mejorar obras sociales mediante ayudas estatales se va a tener que plantear, lo primero de todo, el cómo va a lograr incluir en los presupuestos de cada año la partida correspondiente al nuevo gasto que se propone hacer.
Nadie duda de que por mucho que existan importantes carencias en determinados  sectores de la sociedad, por mucho que sigan habiendo necesitados a los que ayudar u obras sociales a las que socorrer, si no hay medios de reserva a los que poder acudir o préstamos a  los que recurrir en condiciones favorables o posibilidades de recurrir al endeudamiento mediante emisiones de bonos o deuda del Estado, sin que con ello  se dejen de respetar los máximos permitidos por la CE; lo que es cierto es que, el único medio de llevar a cabo por el Gobierno aquellas mejoras de tipo social, como es fácil deducir, es aumentando la fiscalidad sobre aquellos sectores de la ciudadanía que, a criterio de los gobernantes, se encuentran en condiciones de soportar en sus economías, el aumento de la presión recaudatoria sobre ellos, una práctica que ineludiblemente produce una disminución del poder de compra, de inversión y de ahorro de aquellos sectores de la ciudadanía sobre los que pesa especialmente el peso de los impuestos.
No cabe duda de que, cuando se trata de gobiernos como el que, desgraciadamente, estamos a punto de estrenar en este país; cuando no existen unos planes bien trazados para evitar que la producción industrial salga perjudicada; los medios financieros estén en condiciones de seguir apoyando a los inversores; la capacidad adquisitiva de los ciudadanos esté en consonancia con la oferta del sector comercial; los sueldos del personal permitan mantener la rentabilidad de las empresas; su productividad y costes permitan competir con la competencia del resto de los países y las economías particulares de los españoles les permitan poder ahorrar para cubrir aquellas necesidades extraordinarias que, a lo largo de sus existencia, se les pudieran presentar en cualquier momento sin estar preparados para ello; el que, el ejecutivo de un país, simplemente por intereses partidistas, por motivos electorales, por ambiciones personales de los políticos o, por lo que todavía sería peor, por intentos de subvertir el orden constitucional, luchar contra los derechos democráticos de la ciudanía o implantar algún sistema de gobierno de clara tendencia totalitaria no tuviera escrúpulos en aplicar un régimen intervencionista, un sistema fiscal claramente de tipo incautatorio o una política económica en la que se pusiera trabas a la libertad de comercio, la libre empresa, el respeto por la ley de la oferta y la demanda y, por encima de todo, del derecho a la propiedad expresamente reconocido en la Constitución y que constituye la base del interés por el trabajo, el impulso de cualquier actividad humana, la manera de que se vayan creando puestos de trabajo y, en fin, el único sistema que se ha demostrado capaz de crear riqueza y de mejorar el nivel de vida de cualquier grupo social.
En España y, especialmente  en la autonomía catalana, afectada por este virus revolucionario al que, ninguno de los últimos gobiernos de la nación española, ha sido capaz de encontrarle solución; hemos entrado en lo que en lenguaje aeronáutico seguramente se definiría como “caída libre” cuando ninguna de las agrupaciones políticas que parece van a apoyar la investidura del señor Sánchez, así como las que van a participar de una forma activa de la dirección del mismo, como sería el caso de Podemos, han sido incapaces de presentar un plan de objetivos que permitan a los españoles confiar en que, la legislatura a la que vamos a enfrentarnos va a servir para mejorar nuestra economía, el bienestar y el nivel de vida de los ciudadanos y no, como tememos, sólo vaya a servir para que los que más ganan dejen de hacerlo, los de la clase media ( por una vez en la vida y, sin que sirva de precedente, estoy de acuerdo con el artículo de hoy de la señora Raola, sobre los efectos fiscales sobre el pueblo,  de los aumentos de impuestos que los socialistas nos vienen anunciando.) y el sistema igualitario que tengan previsto no va a impedir que, los que menos ganan, tampoco vayan a conseguir salir de la precariedad en la que se encuentran.
Hoy mismo hemos podido comprobar como los señores del Col.legi de Treball Social de Cataluña se quejan de que “políticas sociales deficientes” y la falta de recursos provocan situaciones “que vulneran los derechos fundamentales de las personas migrantes”. En definitiva lo que hacen es unirse al colectivo, cada día mayor, de aquellos que están esperando que el nuevo gobierno abra la espita de las “subvenciones” para intentar conseguir sacar tajada del nuevo régimen. Pero ¿de dónde van a salir todos estos recursos que, tan magnánimamente, están dispuestos a repartir los socialistas y podemitas que van a dirigir el país? Seguramente en Cataluña, aquella autonomía en la que la alcaldesa de Barcelona, señora Colau, fue la primera en ofrecerse para que se enviaran a la capital de Cataluña todos los inmigrantes que fueran llegando ya que ella se iba a ocupar de que no les faltara nada, como es natural, a costa de todos los contribuyentes de la ciudad a los que se los está exprimiendo a impuestos. Pese a todo los inmigrantes menores (menas) que son recibidos en centros de acogida, cuando cumplen los 18 años se los expulsa de ellos, tengan o no trabajo para ganarse la vida.
Cómo se puede entender que, aquí la cojo aquí la mato, sin haber tenido la previsión de estudiar las posibilidades del Ayuntamiento y la Generalitat de Cataluña de aceptar un cupo, por fuerza limitado, de inmigrantes que les permitiera un apoyo integral, una formación adecuada y un seguimiento de su sistema de vida una vez abandonado el centro de acogida, lo que cualquier persona sensata hubiera planificado para establecer una criba, a todas luces necesaria, para que los recién llegados que se acogen a la hospitalidad de la nación española sean personas capaces de ganarse la vida trabajando honestamente, no tengan antecedentes penales y no haya el peligro de que, fuera de la vigilancia del centro de acogida y sin trabajo que les permita ganarse la vida decentemente, estos muchachos no tengan otra salida que dedicarse a vender droga, robar o asaltar bancos.
Desde un punto de vista demagógico es muy fácil vender, a los votantes socialistas o comunistas que, lo que se pretende hacer, es obligar a los ricos a que paguen más y, por el contrario, rebajar los impuestos a los que tengan menos posibles. La realidad, o el Tío Paco con la “rebaja”,  nos han enseñado que todos estos intentos de hacer que las multinacionales, los grandes propietarios, los bancos, los especuladores, lobbies y demás grupos; que son los que, en realidad, consiguen las mayores ganancias en sus actividades, cuando se intenta hacerles pagar más impuestos cogen el petate y se van con viento fresco a otros lugares, donde se les trate mejor. Ahora se habla mucho de Portugal como refugio ideal para aquellas empresas a las que los cambios que se están preparando no les hacen gracia.  ¿Qué haría en Cataluña si la SEAT  con sus miles de trabajadores amenazara a la Generalitat  de llevarse la producción desde Cataluña a otro país europeo donde no les pongan tantos impuestos, trabas burocrática o dificultades en el terreno laboral, tal y como puede suceder si, como ya nos han anunciado, el nuevo gobierno Frankestein, decidiera dar marcha atrás respecto a la reforma laboral que hizo Rajoy a petición expresa de Bruselas y como condición para conseguir el apoyo de 40 mil millones de euros para evitar la quiebra de los bancos y cajas españoles que se encontraban en peligro de cerrar las puertas.
Todo se quiere hacer a la vez. En realidad todos estos políticos que prometen y prometen saben perfectamente que no van a tener posibilidad de cumplir sus promesas algo que, para el señor Pedro Sánchez no constituye problema alguno debido a que es un verdadero experto en desdecirse a las pocas horas, días o semanas de lo que anteriormente dijo, además con rostro serio y sin despeinarse lo más mínimo.  Cuando España acaba de recibir de Bruselas la enésima amonestación por haber incumplido las normas comunitarias, a causa de los elevados niveles de Deuda pública y privada; por el alto desempleo, especialmente entre los jóvenes y personal de baja cualificación; el INE informa del aumento del coste laboral de las empresas, que ha experimentado una subida del 2’2% en el último trimestre respecto al mismo periodo del año 2018.  Y, por si estos datos preocupantes no fueran suficientes para imponer cordura a quienes han de asumir las responsabilidades de gobierno, resulta que la Seguridad Social va camino de la quiebra con un agujero de las pensiones de 53.694 millones de euros, con la particularidad que, según Trabajo, en diez años el coste de las pensiones alcanzará la cifra del 14’4 del PIB. La realidad es que ya estamos pagando pensiones con cargo a la Deuda pública.
Resulta sumamente desesperanzador que la ministra de Trabajo, la señora Magdalena Valerio,  no tenga otra propuesta que hacer para hacer frente a un problema de tanta magnitud, que proponer una reunión “cuanto antes” entre la Comisión Permanente del Pacto de Toledo y la Mesa de Diálogo Social para “dar estabilidad al sistema”. ¿Es todo lo que podría esperar de un ministro que no tenga ideas, proyectos, propuestas o iniciativas propias, que proponer a los españoles o al consejo de Ministros, para intentar dar una solución a un tema de tal magnitud? Es evidente que no y que, antes de la investidura del señor Sánchez, sea cuando sea, no vamos a tener el más mínimo indicio de cómo se van a salir del atolladero en el que se han metido.
O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, no acabamos de dar crédito a cómo se van complicando las cosas a medida que nos vamos dando cuenta de que cualquier esperanza de que no se produjera la coalición de izquierdas se va abandonando, ante la postura entreguista y sumamente perjudicial para España del señor Sánchez, dispuesto a aliarse con las izquierda radical y con el apoyo de los separatistas catalanes.   Los montes se pondrán de parto y nacerá un ratoncillo minúsculo.