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juan antonio martínez camino, sec. gral. de la conferencia episcopal, explica en diario ya los detalles de la campaña provida puesta en marcha por los obispos

"El lince se ha convertido en aliado de la vida humana, eso le ennoblece"

Juan Antonio Martínez Camino

Rafael Nieto. 27 de marzo.

Aunque la campaña ha sido lo bastante polémica como para que la izquierda política y mediática haya mostrado su proverbial mala educación, los cristianos tenemos la impresión de que la Conferencia Episcopal ha dado en la diana, acertando en el fondo y en la forma, cosa nada fácil de conseguir. Hoy, en las tertulias de bar, en los más distinguidos foros y hasta en el Congreso de los Diputados se habla del lince y del niño, símbolos que simplifican, con gran acierto, el hondo mensaje que tratan de hacer llegar los obispos a los ciudadanos: la vida humana debe gozar de la máxima protección posible desde el mismo momento de la concepción.

Juan Antonio Martínez Camino, Secretario General de la CEE, ha sido el encargado de poner voz y argumentos a esta impactante campaña, que él califica de “interpeladora” en el transcurso de la entrevista que concede a Diario YA en su despacho de la calle Añastro.

¿Qué balance hace hasta el momento de la campaña?, ¿puede decirse que ha sido un gran éxito, no es así?

Pues sí, tenemos la satisfacción de, a través de esta campaña, que forma parte de lo que anualmente la CEE promueve, y el 25 de marzo, Día a favor de la vida humana que va a nacer, este año ha tenido la virtualidad de introducir en el debate, siempre abierto en la sociedad española, el punto de vista de los que van a nacer y sobre cuya vida se quiere decidir. Introducir este punto de vista era uno de los objetivos de la campaña y creo que se ha conseguido en muy buena parte.

La campaña ha sido considerada “polémica” por parte de diversos colectivos y personas, quizá por la imagen impactante, que quizá les haya llevado a ustedes a establecer un debate interno sobre fondo y la forma, sobre todo en una sociedad tan audiovisual como la nuestra...

Sí, efectivamente, la campaña de comunicación ha pretendido ser interpeladota y dar voz a quienes aún no la tienen, pero tienen derecho a vivir y sin embargo se les niega ese derecho, incluso a veces con la complicidad de la ley. La campaña es interpeladota, pero no agresiva, no es una campaña agresiva, no va contra nadie sino a favor de que se reconozca, como en justicia es obligado, el derecho a nacer de quienes nacerán si no se les impide de un modo violento. La campaña no ha suscitado ningún problema en el seno de la CEE, al revés, hay una satisfacción general porque se ha conseguido, al menos en cierto modo, apelar a las conciencias de las personas que saben que la vida de un ser inocente es un bien que necesita una protección adecuada.

Es decir, que para aquellos que se han quedado sólo con el cartel y no han leído los trípticos ni las notas de prensa, conviene aclarar que la Conferencia Episcopal no está en contra de los linces ibéricos protegidos…

Ah, bueno, por supuesto, yo creo que los linces…, el lince, en este caso, se ha convertido en un aliado de la vida humana, y esto le ennoblece. En absoluto le devalúa, sino que le ennoblece. El lince como aliado de la vida de los que van a nacer. Y la sensibilidad existente sobre la protección de las especies amenazadas de extinción se ha tomado como punto de apoyo, y por tanto como algo positivo, como algo que es de agradecer, para suscitar la conciencia de que la vida de los seres humanos que van a nacer no es menos valiosa, sino en todo caso más. En cualquier caso, más.

El pasado miércoles se celebraba la Jornada Mundial por la Vida, ¿qué significa el aborto para el conjunto de la Humanidad?

El aborto siempre ha existido como una debilidad, como una mala solución, como un pecado…Siempre ha existido. Pero en el siglo XX se ha introducido una nueva realidad que algunos, como don Julián Marías, ha calificado como la tragedia mayor del siglo XX, y es la aceptación social del aborto, que ha ido acompañada de legislaciones que han dado licencia para matar a los que van a nacer. Y esta realidad social y legal supone uno de los aspectos negativos del modo de vida del siglo XX y XXI, y que ha tenido consecuencias muy graves. Primero, en la apreciación de lo que significa la vida humana, porque ha contribuido a la degradación de la vida humana, de toda vida humana, y en particular de la vida humana inocente. Estamos también ante un envejecimiento progresivo y alarmante de las sociedades europeas, que es donde estos fenómenos a los que me he referido han nacido y se han arraigado más.

¿Es una permisividad basada en la ignorancia o en la ideología?

Hay de todo. Hay una ignorancia, hay un componente ideológico, hay un modo de vida, un modo de entender la existencia, o como suele llamarse “una cultura”, que Juan Pablo II ha calificado, también de un modo muy interpelador, como “cultura de la muerte”, un modo de vida en el que no se acepta fácilmente la condición mortal del ser humano y por otra parte se introduce la voluntad de causar la muerte en los casos en que se considera que la vida humana no es necesaria, crea problemas, es indigna de ser vivida, no es útil o es contraproducente por algún motivo. Esto es un fenómeno en el que juega un papel la ideología, la ignorancia en una sociedad a veces muy informada pero poco formada y donde juega un papel el modo de vida que acompaña este cuadro de factores que inducen al final a una apreciación menor de la vida humana y de cada ser humano.

¿Qué papel debemos desempeñar los cristianos frente al problema del aborto?

La acción de la comunidad cristiana es muy variada: existen los pronunciamientos doctrinales del magisterio, que son firmes, continuados, coherentes, con independencia de las circunstancias políticas o culturales proclamando el valor y la dignidad casi absoluta toda persona humana, de todo ser humano con independencia de cualquier condición de su existencia. Esta voz firme, coherente y permanente está siendo un elemento muy importante en la orientación de la conciencia y de los valores que se desean mantener socialmente e individualmente. Pero además de este magisterio profético, existe también la fuerza que proviene de la vivencia gozosa del valor de la vida. La vida muchas veces es sombría, está bajo el signo de la culpa, de la enfermedad o del dolor, del sinsentido. Y la celebración de la fe aporta luz, sentido y fuerza para la vida. No es lo mismo vivir con esperanza que sin esperanza. Ni con esperanza transcendente que con esperanza de corto alcance. La vida de la Iglesia, la celebración de los sacramentos y de la muerte, la celebración de la Pascua y del sentido pascual de la vida, aporta a la cultura de la vida un valor vital de gran importancia. Y en tercer lugar diría que de aquí se deriva, de la palabra profética, de la celebración de la vida se deriva la actuación concreta tanto de quienes se ven implicados en el origen de la vida (padres, médicos, sanitarios, etc.), que actúan con conciencia y con coherencia, como de quienes trabajan en la caridad, en la asistencia, en el apoyo concreto a personas concretas, y ahí hay una red enorme de asociaciones católicas, como Cáritas pero también otras muchas asociaciones, expresamente dedicadas a apoyar la maternidad, a ayudar a las madres a acoger a sus hijos.

Y entonces, ¿qué papel debemos jugar los medios católicos en esa misma labor?

A los medios pedimos que ayuden en esa triple dimensión. Los medios comunican, son elementos de comunicación, de creación de opinión, y pueden ayudar en esta triple dimensión, a la Iglesia y por tanto también a la sociedad. A difundir y a hacer comprender la doctrina y el mensaje de la Iglesia, del Evangelio, de la idea de que somos hijos de Dios, de que Dios ha pensado en nosotros antes de la creación del mundo, y antes de que empezáramos a existir en el seno de nuestras madres, es decir, ayudar a la difusión y a la comprensión de la doctrina, mostrar la vida de la Iglesia en su doble aspecto de celebración y de acogida de la vida divina y de la esperanza que procede de esa vida, y de su trabajo a favor de los que lo necesitan y en este caso a favor de las madres que tienen dificultades y de los que van a nacer, que tienen derecho a ser ayudados.

El Papa Benedicto XVI ha mostrado siempre su firmeza en contra del aborto y en defensa de la vida humana, sin duda vuelve a ser el Santo Padre una buena brújula para todos, ¿verdad?

Por supuesto, el magisterio de Benedicto XVI es en todos los campos un magisterio muy valioso porque, a parte de ser lo que es, el magisterio de Pedro, procede también de una gran experiencia teológica y pastoral de Benedicto XVI, que todo el mundo conoce. Es un magisterio que la gente lee y escucha con mucho agrado y mucho provecho.

Por último, ha hablado usted de esperanza en esta entrevista…, ¿tiene Vd. la esperanza de que se acabará el aborto algún día en el mundo?

Yo espero que sí, es una esperanza distinta de la teologal, es una esperanza humana de que así como otras situaciones poco explicables por las que ha atravesado la Humanidad, los momentos en los que se aceptaba socialmente que un ser humano pudiera ser propiedad de otro, al menos en algunos aspectos, en la esclavitud, los momentos en los que se aceptó en Europa que determinadas razas, grupos humanos o clases sociales tenían menos derechos que otros, o en momentos en los que la conciencia de la creación y la vida como gloria de Dios era simplemente un objeto para ser explotado. Hoy se tiene otra conciencia, en esos casos la conciencia humana ha ido cambiando…, no siempre se cambia para bien, pero en estos casos se ha cambiado para bien, también esperemos que esto pase con el aborto. Está ya ocurriendo, por ejemplo esta renovación del debate sobre qué está realmente en juego en el aborto, que ojala sirva para entender que es compatible respetar y proteger la vida de los que van a nacer y ayudar a las madres a acoger la vida de los niños que se están gestando. Que no haya una contraposición, que no se plantee como conflicto y que se puedan sacar adelante los dos derechos, el del niño que va a nacer a la vida y el de la madre que pueda ser madre en condiciones que no signifiquen para ella una carga difícil o que tenga que convertir la maternidad en un acto heroico. Por ahí tiene que avanzar la sociedad y tenemos la esperanza de que lo haga con la ayuda de todos.
 

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