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Diario YA

¿es bueno o es malo?

El pacto PP-Vox

Luis Losada Pescador

Hay que reconocer un punto de frustración en el acuerdo PP-Vox. La razón es sencilla: el resultado percibido es siempre igual al resultado real menos las expectativas. En este caso, las expectativas estaban altas. Vox ha marcado la agenda de las últimas semanas con la exigencia de derogar la Ley Andaluza de Violencia de Género y expulsar a los inmigrantes ilegales. Las advertencias de que no iban de farol hacían presagiar que el PP rebajaría sus pretensiones para no perder el milagro de la Junta y Vox lograría arrancar más de su documento de 19 puntos.

Para el País, el PP cede ante Vox. Para la Razón, el PP ningunea a Vox. ¿La realidad? El vaso medio lleno; o medio vacío, como prefieran. ¿Y quién tenía la jarra? El PP. ¿O era Vox?, ¿podía Vox haber tensado la cuerda? Por supuesto. Y asumir el riesgo de ir a nuevas elecciones con enormes posibilidades de mantener el ‘cortijo’ socialista. ¿Quién se lo iba a perdonar?

Es verdad que el documento aprobado es mucho más vaporoso que el inicial. Pero también es verdad que nunca llueve a gusto de todos. El primero fue censurado por maximalista, carta a los Reyes Magos y ‘friqui’. El segundo por ‘bajada de pantalones’ o que “el PP les ha meado en la cara” en palabras de Juan Manuel de Prada. Ni uno, ni otro. El primero era un documento razonable para negociar. El segundo ha sido el resultado de la escasísima voluntad del PP para negociar.

La diferencia entre ambos documentos es la que explica el punto de frustración. Sobre todo después del vaivén reconocido por Santiago Abascal. De la generosidad –“no seremos obstáculo”- a la exigencia: “hemos venido para cambar la política”. La posición negociadora de Vox fue tan fuerte en la segunda parte que muchos sintieron que se podía conseguir todo o gran parte. Al no conseguirlo, resultado percibido es igual a resultado real menos expectativas. Exactamente lo inverso de lo ocurrido en la noche del 2 de diciembre.

¿Había alternativa? Probablemente no. Cuando a Ortega Smith le preguntan si va de farol obviamente responde que no. ¿O es que podía responder otra cosa?

Sin embargo, en mi opinión, los de Vox se equivocaron en su estrategia de comunicación. Trataron de ‘vender’ como victoria lo que era una ‘dulce’ derrota. Dulce porque ponía fin a 37 años de socialismo en Andalucía y porque algo consiguieron arañar de la mesa de negociación. Pero derrota porque en la práctica lo conseguido fue escaso. Sobre todo en comparación con lo esperado.

En mi opinión, habría sido más adecuado decir que “no llegamos más lejos por la cerrazón del PP y Ciudadanos, pero vamos a apoyar porque somos responsables y no queremos que el PSOE se eternice su ‘cortijo’”. Y además, anunciar con mayor contundencia que harán oposición dura y defenderán su programa con uñas y dientes.

Es verdad que Vox podría haber tensado más la cuerda durante unas semanas. Eso habría provocado más tensión y pánico, pero probablemente no un mejor resultado. Y las presiones fueron brutales. Así que mi conclusión es que ha sido el mejor resultado posible dada la posición de los ‘populares’.

El PP se sentó a negociar, pero con la nariz tapada. Y envió a los negociadores que pudieran estar más en las antípodas de Vox. Un líder LGTB como Javier Maroto y una feminista como Margarita González, vicesecretaria de Comunicación. La cerrazón a modificar la Ley de Violencia de Género fue absoluto. Hasta el término “natalidad” les horrorizó. Mientras, Feijóo metiendo presión en plena negociación: “la violencia machista existe”. Y Alfonso Alonso –desmelenado- afirmando que a Vox “le falta un hervor”. En paralelo, Casado -que se había atrevido a hablar de ‘violencia doméstica’- callado. Fue él quien eligió a Maroto y González como negociadores…

Ahora presume de estar en el centro y de poder hablar a izquierda y derecha convirtiéndose en la alternativa útil y pronosticando el fin del “momento Vox”. Busca la ‘foto de la unidad’ de Rajoy y Aznar en su próxima convención. ¿Es este el nuevo PP?, ¿el zurcido de retales?, ¿le han temblado las piernas cuando sus ‘barones’ les han dicho que si hacen de Vox, la gente votará a Vox?

El PP se ha evidenciado como un partido sometido a los complejos, sin valentía para enfrentarse a los dogmas de lo políticamente correcto y sin un rumbo confiable. Y creo que Vox ha perdido la oportunidad de evidenciarlo. Abascal aprovechó el desayuno con Griso para arremeter contra Ciudadanos, pero parecer ‘indultar’ al PP.

Por lo demás, hay avances claros en el acuerdo PP-Vox. Ciudadanos dice que son “papel mojado”, pero al PP le vinculan. “Los pactos son para cumplirlos”. Salvo que la palabra ‘azul’ no valga nada. Y los pactos de mis socios son mis pactos…

¿Cuáles son esos avances? En materia política, una ley de concordia que sustituya la ley de memoria histórica. En materia educativa se eliminan las zonas para garantizar la libertad de los padres de elegir el colegio que quieren para sus hijos con independencia de su lugar de residencia. También se compromete a eliminar los actuales topes de la Junta a la educación concertada porque según el PSOE es “subsidiaria” de la red pública en lugar de a la inversa. Junto al ‘pin’ parental para evitar el adoctrinamiento en la escuela, más libertad educativa.

En materia familiar se crea la Consejería de Familia. Un “gesto”, según algunos. Tan significativo como fue la creación del ministerio de Igualdad de Zapatero. Además, se comprometen a elaborar un Plan Integral de Apoyo a las Familias, a desarrollar un plan de adopción y a poner en marcha un sistema de atención a mujeres con embarazos inesperados

En cuanto a la Salud se establece -como ya existe en Madrid- la libre elección de médicos de familia y especialistas, aunque sólo se comprometen a “habilitar gradualmente”. Además, los médicos que trabajen para el SAS dejarán de tener exclusividad.

La auditoría, la eficiencia en el gasto, la eliminación de organismos superfluos y del impuesto de sucesiones es un brindis al sol porque también lo llevaban PP y Ciudadanos en su programa, pero abrir los planes de empleo a la colaboración público-privada es un importante paso adelante.

Si a eso le añadimos el enorme debate público abierto en relación a los chiringuitos de género y el derroche de las televisiones autonómicas, el avance es sustancial aunque de manera práctica no haya demasiados compromisos concretos.

Y sobre todo, el partido no ha hecho sino empezar. Si Casado se cree que se ha acabado el ‘momento Vox’ está equivocado.  Vox llegó para quedarse. Y a diferencia de Ciudadanos, tiene un proyecto para España. Puede gustar o no. Pueden jugar bien o mal. Pero es difícil que renuncien a un proyecto con el que muchos votantes huérfanos encontraron refugio.

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