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Diario YA

Un despropósito lírico muy distraído

El Teatro de la Zarzuela se reinventa con un programa centrado en “enseñanza libre” y "la gatita blanca”

Luis de Haro Serrano 

El Teatro Nacional de la Zarzuela continúa el desarrollo de su flamante temporada artística con la presentación de este atractivo programa doble integrado por los títulos “Enseñanza libre” y “La Gatita blanca” de Gerónimo Giménez y Amadeo Vives, realizados en versión libre preparada por Enrique Viana que es, además, el responsable de la dirección escénica.


Viana ha fundido ambas obras en un solo programa, eliminando totalmente el libreto de la primera por considerarlo poco apropiado para las circunstancias sociales actuales, poniéndolo totalmente al servicio del 2ª título, “La Gatita Blanca”. Un programa que estará en cartel hasta el próximo 28 de mayo con Manuel Coves como director musical y un amplísimo elenco en el que se encuentran intérpretes de la solera y calidad de Cristina Faus, Luisa Roko, Guretze Beitia, Mª José Suárez, Ángel Ruiz y Cristina Arias al frente de la coreografía que ha contado con la participación de veinte bailarines.


”Enseñanza Libre” se estrenó en el Teatro Eslava de Madrid el 11 de diciembre de 1901 con guión de Guillermo Perrin y Miguel de Palacios que la calificaron como “apropósito cómico” en un acto, cuyo desarrollo transcurre en un internado de señoritas en el que, entre otros aspectos, se les enseñaba a conseguir marido. “He puesto “Enseñanza libre” al servicio de la “Gatita blanca”, afirma Viana, con un montaje que, materialmente, da la vuelta al Teatro; el público se sitúa en unas gradas preparadas en el propio escenario para convertir el patio de butacas en un amplio y espectacular escenario. Situándose el tradicional foso orquestal a la entrada del patio y a la vista del público. Una circunstancia “algo extraña” a la que hay que acostumbrarse, según afirma el director musical, Manuel Coves.


“La Gatita Blanca”, calificada como “humorada lírica” en un acto y tres cuadros, se estrenó en el Teatro Cómico de Madrid el 23 de diciembre de 1905. Es la clásica comedia picaresca, de engaño y enredo en la que la protagonista busca casarse con su amado, no reparando en medios para conseguirlo. Desde su estreno ambos títulos han sido considerados muy cercanos, propiciando su duración - una hora cada uno- el representarse en una misma sesión. Al transcurrir el desarrollo de su acción con un recorrido algo subido de tono se le encuadra en ese género francés conocido como “sicalíptico” acercándole también al género de la “Revista” tradicional dado el especial tratamiento que en ella se le da a las protagonistas femeninas. En ambos títulos se narran la andanzas y aventuras de Cruz y Baldomero, un matrimonio de profesores universitarios, ella filósofa y él un antropólogo nostálgico que estudia el influjo que la zarzuela puede ejercer en las mentes actuales. Viana, con gran valentía dramática ha puesto la primera obra al servicio del desarrollo teatral de la segunda, reescribiendo para ello en su totalidad los respectivos textos, dejando de la segunda únicamente la música, la trama y sus diferentes personajes originales, que no han sido variados.

Ambas obras, según sostiene el director musical, Manuel Coves, tienen unas partituras vivas y chispeantes con rasgos muy parecidos a la clásica opereta donde todo encaja perfectamente y con una orquestación muy atractiva, propia de la calidad orquestal de sus dos grandes autores, en cuyas partituras abundan las seguidillas, las manchegas, las gavotas y las sevillanas que dan pie al lucimiento del amplio cuerpo de bailarines que dirige Cristina Arias. Aumentando su interés musical gracias a sus abundantes números corales llenos de atractivo.


El equipo artístico y la puesta en escena
La valiente, novedosa y atrevida puesta en escena de Enrique Viana que, de entrada, ha revolucionado físicamente la función de todas las partes del teatro, ha contado con la presencia de un entusiástico y amplio equipo artístico, encabezado por el propio Director del Teatro, Daniel Bianco, que en esta producción recuerda su anterior trabajo como escenógrafo, para sacar adelante este apropósito cómico, humorada lírica, opereta o revista encuadrado en el género sicalíptico, como quiera llamársele a esta última producción de la Zarzuela, en la que ha presentado dos títulos muy poco conocidos por el aficionado que, dada la poca consistencia del libreto así como de la música, que muchos han considerado como “desvaída” y poco convincente, ha atraído más por el excelente movimiento escenográfico con que ha sido concebida, la iluminación y el imaginativo vestuario -bastante atractivos ambos-, que por la calidad intrínseca de las obras. Manuel Coves, la Orquesta y el coro titulares de la Zarzuela, han hecho lo que han podido con su flojo contenido, significándose entre los diferentes números musicales colectivos el del “brindis” por su lucido movimiento escénico, bien acompañado por los diferentes elementos teatrales utilizados y la picaresca de su contenido. El elenco ha sido bastante más colorista en la parte femenina, con Cristina Faus como “gatita”, convincente y muy acertada tanto en la parte vocal como en la escénica, ha sido muy superior a la masculina, muy baja en todos los aspectos. El cuerpo de baile no se ha lucido mucho, posiblemente porque no ha contado tampoco con esa coreografía tan atractiva y vistosa a la que tradicionalmente Cristina Arias nos tiene acostumbrados. Creemos que lo más importante y destacado de este “gran espectáculo musical” ha sido el meritorio esfuerzo y el gran trabajo que el Teatro Nacional de la Zarzuela ha realizado con la presentación de esta valiente y novedosa producción. Circunstancia que, seguro, valorarán los aficionados como justamente se merece.