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En el Centenario de Rafael García Serrano

Jesús Tanco El 11 de febrero de 2017 se cumple el siglo del nacimiento del escritor, periodista y pamplonés de pro Rafael García Serrano que murió en la capital de España el 12 de octubre de 1988. El ejercicio profesional del periodismo no le impidió la brillantez literaria de la que ha hecho gala en su abundante obra. Supo ensartar en artículos, crónicas y columnas en las publicaciones periódicas donde ejerció un estilo fresco, sagaz e irónico, con datos contrastados muy aderezados en un vocabulario rico en variedad y expresión costumbrista.

Sus referencias a Pamplona y resto de Navarra fueron constantes a lo largo de su vida de escritor de cincuenta años, como asimismo estuvo presente en su literatura de compromiso la Gran Guerra Civil como denominó en alguna ocasión a la Guerra de España de 1936-39. Falangista militante desde los 16 años en que se incorporó a la facultad de Filosofía y Letras de la Central en Madrid hasta su muerte en 1988 fue un ejemplo de coherencia en su actitud política que entendió como un servicio al Nuevo Estado que emergió después del primero de abril de 1939.

Muy crítico con la degradación ideológica en el Movimiento Nacional de los postulados joseantonianos, sufrió como nadie los desengaños y deserciones de camaradas acomodaticios que claudicaron de sus principios por encaramarse al aparato del poder; fue crítico y diría yo, profeta del devenir de la transición política hacia la monarquía constitucional juancarlista que se inició con el declive de la salud y después muerte de Franco a mitades de la década de los Setenta. Es una excepción a la regla general de que los escritores comprometidos ideológicamente aminoran su valor literario en lo que dicen o escriben. Su vocación literaria sobrevivió a la tarea profesional día a día en los periódicos, revistas y agencias donde figuró su pluma fina y galana.

Rafael era hijo de Eladio García, navarro de Falces, e inspector de Enseñanza en Navarra. Su gran formación humanística la adquirió después de los estudios pamploneses en la facultad de Letras en la Universidad Central de Madrid, en su época dorada bajo el decanato de García Morente. Recuperado en su convalecencia después del quebrantamiento de su salud en los frenes, se vincula al diario buque insignia de la prensa del Movimiento Arriba, como redactor 1945-1956 en que pasó a director, cargo que desempeñó durante un año; asimismo fue corresponsal de Arriba y del grupo en Roma en los años aledaños de la Segunda Guerra Mundial. Desde 1956 a 1974 fue director de Siete Fechas, que simultaneó con el de director del semanario gráfico y de cine, Primer Plano (1960-65) En los años 1974 y 1975 fue designado director de la agencia de noticias Pyresa que surtía de contenidos a los periódicos de la Prensa del Movimiento que con gran pesar suyo, en los años siguientes vio desmantelar. En 1980 figura ya como colaborador destacado del diario El Alcazar donde termina su carrera periodística en la que tuvo distintos galardones como el de Periodista de Honor de 1969 y mucho antes, en 1950, el Premio Nacional Francisco Franco.

En 1951 contrajo matrimonio con Araceli una chica de la Sección Femenina que conoció en la ruta cultural y folklórica, que la obra de Coros y Danzas de esta rama del Movimiento organizó por diversos países de la América sureña y central, durante un semestre al filo de los años 50-51. Se casó en Mallorca en 1951 nada más desembarcar del barco Monte Ayala, que en versión reducida como el Juan Sebastián Elcano, llevó a España por las latitudes de las tierras civilizadas después de 1492 en las Indias Occidentales. Este periplo de manifestaciones de bailes y cantos por la Argentina, el Perú, Panamá, Colombia, Venezuela y Puerto Rico fue narrado con sus crónicas en el diario Arriba y recogido en un excelente trabajo de quinientas páginas en el libro Bailando hasta la Cruz del Sur (Planeta, 1984), que recoge apuntes intimistas del flechazo y noviazgo con su mujer.