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En el cumpleaños de la Madre Patrocinio

Javier Paredes.  Catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Alcalá.  Madrid y 26 de abril de 1837, la madre Patrocinio sale desterrada hacia el convento de las Concepcionistas Calzadas de Talavera de la Reina. Culminaba así la venganza de Salustiano Olózaga, líder del partido progresista. Frustradas sus intenciones de casarse con ella, Salustiano Olózaga cercó su convento el 7 de noviembre de 1835 con fuerza pública gracias a la colaboración del gobierno liberal; la raptó y la secuestró en la casa particular de Manuela Peirote, situada en el número 119 de la calle de la Almudena, a donde acudió el político para seducirla. Todo fue inútil. Pero las Concepcionistas Franciscanas del Convento de Caballero de Gracia, la comunidad a la que pertenecía Sor Patrocinio, fueron exclaustradas y poco después su convento fue demolido, para que no quedase ni rastro de aquel lugar bendecido por la presencia de María, aparición aprobada por el Papa, que concentraba la devoción de los madrileños por miles a la Virgen del Olvido, Triunfo y Misericordias. Sor Patrocinio fue internada en la cárcel de mujeres de Madrid, hasta que partió al destierro de Talavera.

La monja estigmatizada, Sor Patrocinio, permaneció en Talavera dos años donde enfermó gravemente. Allí se manifestaron las secuelas de los malos tratos recibidos desde que los liberales la sacaran por la fuerza de su convento. Y a esto se unió el estado ruinoso del convento de Talavera, que tenía parte de sus estancias al descubierto. Y así fue como la salud de la madre Patrocinio empeoró, hasta el punto de que se le administraron los últimos sacramentos. Sin embargo, salió del trance, si bien se le paralizaron todos sus miembros sin que pudiera moverlos. Por todo ello intervinieron las autoridades eclesiásticas solicitando un traslado, a ver si con el cambio de clima mejoraba su salud. Por este motivo la llevaron al convento de las Concepcionistas Calzadas de Torrelaguna, para proseguir cumpliendo allí su pena de destierro. Y en Torrelaguna permaneció cinco años, hasta que el Gobierno le levantó el destierro el 24 de septiembre de 1844, autorizándola el traslado al convento de La Latina de Madrid, donde se encontraba su comunidad, de la que había permanecido separada nueve años.

Cuando hacía mi tesis doctoral sobre otro de los líderes del partido progresista, como era Pascual Madoz, me di cuenta de la torpeza de las calumnias sobre las que se había montado la historia de la madre Patrocinio, y desde entonces vengo defendiendo la verdad limpia y grande de su vida. Es más, me he propuesto dedicar a este propósito los últimos años de mi quehacer de historiador. Por este motivo desde hace tiempo solo investigo aquello que tiene relación con la madre Patrocinio. Hace más de un año, la madre abadesa de las Concepcionistas Franciscanas de Guadalajara, responsable del proceso de canonización de la madre Patrocinio, solicitó el pertinente permiso para que el arzobispo de Toledo me permitiera desprecintar el tomo del proceso de su canonización, que se conserva en el archivo diocesano de Toledo, cuyos testimonios voy transcribiendo en mi ordenador, cuando mis obligaciones de la Universidad de Alcalá me lo permiten. Su lectura es impresionante, y más cuando quien declara es una persona sencilla como el Señor Gumersindo, una de las declaraciones más cortas del proceso y a la vez más impresionantes por la sencillez de su verdad.

 El testimonio comienza así: “Me llamo Gumersindo María Sanz, hijo de Antonio y de Antonia Rubio, de Torrelaguna, de estado casado, de 80 años, de profesión sastre, hoy ninguna por la mucha edad y pobre”.  Y a continuación refiere las circunstancias de su encuentro con la madre Patrocinio: “Conocí personalmente a la sierva de Dios, con motivo de ser monaguillo del convento de Torrelaguna”. Y por fin el recuerdo que conservaba de ella después de tanto tiempo, que a pesar de la falta de construcción gramatical transcribo literalmente: “No sé más que cuando estuvo aquí era muy buena y que todo el pueblo la quería mucho, que hacía muchas obras de caridad, que libró a un reo del patíbulo y como yo era monaguillo cuando iba a comulgar se transformaba”. En el pueblo muy buena fama y desde que vino la llamaban la monja santa”.

 

Pues bien, hoy 27 de abril de de 2015, aniversario del nacimiento de mi muy querida madre Patrocinio he querido ofrecer esta primicia de mi investigación como regalo de cumpleaños a Sor Patrocinio y con el deseo de encontrar cómplices entre mis lectores, para que con su oración me apoyen a proseguir en mi propósito de restablecer la justa fama de la madre Patrocinio, que promovió la devoción a la Virgen del  Olvido entre los madrileños de principios del siglo XIX, y que el partido progresista de Salustiano Olózaga enterró entre los cascotes del derruido convento del Caballero de Gracia, devoción a Nuestra Madre que no me cabe duda que volverá renacer,  cuando entre todos le ganemos la partida a Salustiano Olózaga y desescombremos su diabólica demolición.

 

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