España: Ocho meses y una semana por detrás de Africa
La Lupa del YA. Han pasado ya ocho meses y una semana desde que Comores, archipiélago africano, cambiase su Constitución para acabar con el ruinoso sistema autonómico que les devoraba. Ese período nos llevan de ventaja, mientras los españoles seguimos dejando que nuestra economía se desangre por sus autonomías.
Las tres islas del archipiélago que forman el estado de Comores (Grand Comore, Moheli y Anjouan) reciben el sobrenombre de las "coup-coup islands" por sus más de 20 golpes de estado e intentos de secesión desde su independencia, acaecida en 1975, el mismo año en que en España muchos brindaban por la muerte del anterior Jefe del Estado.
La cuarta isla, Mayotte, con gran acierto, decidió seguir formando parte de Francia. Tratando de contentar las aspiraciones de cada una de las islas diseñaron un sistema de gobierno que multiplicó y encareció la administración. La Constitución de Comores de 1991, más conocida como los Acuerdos de Fomboni, establecía un sistema de Gobierno que dotaba de "gobiernos autónomos" a cada una de las islas y establecía que el presidente debía de pertenecer a cada una de las islas de manera rotatoria. La nueva Constitución para Comores reduce el tamaño de su carísima administración Este sistema autonómico estaba arruinando al país costando un 80% del PIB. Los cambios fueron aprobados en referéndum por una mayoría aplastante (93,8%).
¿Será verdad que Africa sigue empezando en los Pirineos?















Por eso hay que pedirles que no se molesten y que se apeen del burro; que admitan, por favor, que las medidas aplicadas hasta ahora no han dado resultado. Que dejen de engañarse y engañarnos creyendo que las cifras experimentaran una mejoría en breve.

Y si el Cardenal Rouco decía que “la advertencia la hacía Juan Pablo II no contra la democracia, sino precisamente en favor de ella”, podemos decir que el recuerdo hoy de esta advertencia es seguramente el gesto más importante para rescatar la débil democracia española.
Hay frases, sentencias, principios, imágenes, que te acompañan allá donde vayas. Una de esas sentencias define, como pocas, el sentimiento aristocrático de la vida. 


