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Diario YA


 

Esperando a que Godot nos saque de la crisis

Rafael González. 1 de febrero.

Después del espectáculo que ofreció el programa de Milá, en TVE, “Tengo una pregunta para usted”, todo es posible en Moncloa. Zapatero no gozaba de mucha credibilidad para buena parte de los españoles; pero ahora, después de verle mentir hasta con entusiasmo, quienes siempre le han defendido y apostando por él, tal vez lo seguirán haciendo, pero creo que, en su fuero interno, no tendrán más remedio que decirse: miente él y me miento yo a mi mismo.

La mentira más folklórica fue la de negar que él no se sentó al paso de la bandera norteamericana. Y la más dramática que él no prometió el pleno empleo. Y como no lo prometió, sino que lo que hizo fue anunciar un objetivo prioritario de Gobierno, no tiene nada de particular que, a pesar de todos sus esfuerzos, el paro en 2008 haya  alcanzado una tasa del 13,91 por ciento. Lo curioso no es este batacazo que nadie podía prever hace seis meses; lo triste es que, ya en 2009, poco antes de que el Instituto Nacional de Estadística diera ese porcentaje, el inefable Pedro Solbes anunció que la tasa de paro revisada para 2008 sería el 11,1 por ciento. Es decir, que se equivocan, o mienten, hasta cuando dan datos ya pasados. Y no en unas décimas, sino nada menos que en tres puntos. ¿Cómo vamos a fiarnos de las previsiones del Gobierno cara al futuro si nos engaña hasta con lo ya pasado?

Los expertos, basándose en estas equivocaciones, y aplicando una simple regla de tres, calculan que la tasa de paro puede alcanzar el 19 por ciento en 2009, y no el 15,9 anunciado por don Pedro Solbes. O sea, que nos engañaron prometiendo pleno empleo, nos siguieron engañado con las previsiones y tratan de equivocarnos con las retrospectivas… A ver quién se fía de lo que pueda ocurrir. 

Por éste y por otros muchos indicadores, los españoles se han percatando ya de la manifiesta incapacidad del equipo económico de Rodríguez Zapatero. Unos lo dicen y otros lo callan. Y dudan sobre qué es peor, si la incompetencia o la mala intención que revela la permanente ocultación de datos. Una estrategia torpe, de escasa duración, porque al remate se sabe la verdad. ¿Qué es lo que espera conseguir con esas fullerías y balones fuera, sin orden y con total desconcierto? ¿Ganar tiempo? ¿Ganar tiempo para qué?

Pues para nada, porque a Rodríguez Zapatero le están saliendo gratis todos sus desaguisados. No es fácil encontrar un embaucador y un mentiroso con más suerte que este individuo. Una de sus mayores mentiras, y la de su Gobierno, fue negarse a reconocer la crisis que se nos echaba encima. ¿Recuerdan a Pizarro? Toda España fue testigo de lo que le decía a esa especie de pavo real engreído en que se había convertido el “mago” de la economía española. Pero como Pizarro es hombre educado y de exquisitas maneras, sólo dijo, no gritó, y le dieron por perdedor en aquel célebre debate, por el que fue descalificado hasta por el jefe de su partido, Mariano Rajoy. Así le luce el pelo al PP y a don Mariano.

Y así le luce el pelo a la economía española, ya oficialmente en recesión. Lo acaba de declarar el Banco de España. Por eso, con las nuevas cifras que agravan el paro, sería conveniente que el Gobierno informara a cuánto ascenderá el gasto público en desempleo, en cuánto han descendido los ingresos de la Seguridad Social y qué perspectivas tiene la viabilidad del Estado del bienestar en estas condiciones. Pero no. No dice ni mu. Y nadie clama al cielo. Parece como si Zapatero se hubiese diseñado él mismo la oposición que tiene. No se digna acudir al Parlamento para dar explicaciones sobre las tenebrosas perspectivas que ofrece el empleo. ¿Qué miedo tiene? Nadie le va a pedir que haga milagros, pero al menos que diga la verdad y la exponga con toda sinceridad; que haga un ejercicio de humildad y que deje de despreciar los diagnósticos y las sugerencias de los expertos e instituciones que en España, desde principios de 2007, vienen analizando nuestra propia crisis, dentro de la crisis global.

Sin presupuestos válidos, sin cifras fiables y sin equipo competente no es posible superar la crisis. Y como todo eso se tuvo no hace demasiado tiempo, muchos, y en especial los pensionistas, se están poniendo nerviosos, y ya se habla, casi a gritos, de que se está necesitando a alguien, con energía, que ponga orden en tanto desaguisado. El nombre de Esperanza Aguirre, odiada por el PSOE y recelada en su propio partido (aunque yo creo que, que curiosamente, va a salir reforzada de las insidias en las que la han metido), y, sobre todo, el de Rodrigo Rato, artífice del milagro español de 1996 (España estaba a punto de la banca rota, ¿recuerdan?), son algunos de los Godot que se esperan en esta incierta encrucijada.

 

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