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Diario YA


 

Examen de conciencia estatal

           En nuestro recorrido por las normas sobre educación para la ciudadanía pasamos a examinar los criterios de evaluación de esta materia, con lo que llegamos a la sala de los horrores. Respecto a la calificación  de esta asignatura en la primaria, se dispone que hay que evaluar el rechazo a la discriminación y al respeto a las diferencias personales de origen , género, ideología, religión, orientación afectivo-sexual y otras, y ver si el alumno manifiesta autonomía de criterio, actitudes de rechazo hacia las discriminaciones y respeto por las diferencias personales; también se atenderá a si los alumnos y las alumnas utilizan de forma sistemática el diálogo y la mediación como instrumento para resolver los conflictos; si el alumno elabora un pensamiento propio y crítico; si reconoce y asume actuaciones para mejorar los problemas en los medios urbanos; se evalúan actitudes de solidaridad con los grupos desfavorecidos; y se mide la reflexión sobre la participación humanitaria.

 
En cuanto al rechazo y al respeto, éstos siempre se deben a las personas, pero  no lo merecen todas las ideologías y diferencias, no debemos olvidar que las cámaras de gas o los campos de concentración de épocas pasadas obedecieron a ideologías perfectamente acabadas, pero no son dignos de respeto alguno, tampoco las orientaciones afectivo- sexuales hacia el mismo sexo lo merecen, porque nada arrojan hacia el bien común, aunque indudablemente homosexuales y lesbianas como personas merezcan toda consideración. Por otra parte, esta evaluación de actuaciones y actitudes buenas será muy loable, pero de imposible realización fehaciente pues supondría la convivencia con el alumno fuera del aula. Se exige una evaluación del pensamiento del alumno que se adentra en la intimidad personal, lo que excede de la competencia de cualquier docente, muchísimo más de la del Estado.
 
Profesores de esta asignatura podemos alegar imposibilidad de calificación de la misma, pues es tan grande la evaluación de las conciencias que habríamos de exigir un confesionario ¡líbrenos Dios! para comprobar los progresos en la autonomía de criterio, elaboración de pensamientos, actuaciones y actitudes. Esto no es exageración, es excelencia docente. Y lo malo es que el confesor obligatorio en este caso, es el Estado.
 
La arbitrariedad del profesorado ante la falta de criterios objetivos es total. Ya no hay normas, ni referentes, ni verdad. Si la verdad no importa todo vale. Si la autonomía de la razón significa la creación por la misma de los valores y las normas morales olvidando la verdad, olvidando la sabiduría del Creador divino, destruiremos nuestra ciudad. Esta educación para la ciudadanía nos lleva a la opresión de las conciencias de los niños, camino seguro para la destrucción de la ciudad que habitamos,  por eso, esta educación para la ciudadanía no nos vale.  

 

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