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Diario YA


 

“Se debe orar que se nos conceda una mente sana en un cuerpo sano…Que no sepa de ira, y esté libre de deseos” Juvenal

F. C. Barcelona: Deporte y política, un matrimonio imposible

Miguel Massanet Bosch. James A. Michener, escritor y novelista estadounidense, autor de la obra “Sucedió en el Pacífico” (1.947) fue el creador de la siguiente reflexión: “Estoy comenzando a sentirme sumamente intranquilo al ver que se pide que los deportes sirvan para promover la política, el militarismo y el patriotismo extravagante”.  Todos sabemos lo que fueron los famosos juegos olímpicos de Berlín de 1.936, perfectamente organizados por Goebels, el ministro de Propaganda del Tercer Reich, con el sólo fin de demostrar al mundo la superioridad de la raza Aria, unos magníficos juegos que, sin embargo, siempre han sido tachados como racistas, antijudios y un ejemplo de la más sutil propaganda nazi. Sin embargo, no hace falta posar nuestros ojos en ejemplos de politización del deporte en otras naciones cuando, en nuestra propia España, existe un club de fútbol que siempre, desde hace años se ha venido caracterizando por ser, más que un club deportivo una organización en la que se han venido juntando todos aquellos pioneros que empezaron a sentirse incómodos en España y que decidieron, desde el camuflaje de un club deportivo, comenzar a fraguar en su seno lo que ha sido el espíritu independentista de una parte del pueblo catalán. Este club ha sido y es: el Barcelona F.C.

Creado en 1.899 por Hans Gamper y otros once futbolistas aficionados, se puede decir que, el C.F.Barcelona, casi desde el principio, aparte de su aspecto deportivo quiso incluir un componente político que consistía en promover la defensa de la lengua y las costumbres del pueblo catalán. Su primera acción en este sentido fue escribir los que fueron los estatutos del club en lengua catalana cuando esto no era usual. Fueron de los primeros en pedir un Estatuto de Autonomía para Catalunya, una pretensión que dio lugar a que, durante la dictadura del general Primo de Rivera, el club sufriera una clausura por seis meses. En la II República, con el lema “deporte y ciudadanía” se constituyó en defensor de la República. Con el triunfo de las tropas del general Franco se les acabaron todas aquellas aventuras “nacionalistas”, debiendo ajustarse a desarrollar sus actividades deportivas. En los últimos años de vida del general Franco, cuando ya no dominaba la escena política, el club Barcelona recuperó su faceta política, convirtiéndose en lo que, según sus dirigentes, era un referente “democrático y anticentralista”.

Sólo los más obtusos pueden ignorar lo que ha sido este club catalán durante estos últimos años en los que, sin el menor rebozo, se han producido (con motivo de partidos en los que asistía el Rey o las más altas autoridades de la nación) verdaderas y multitudinarias asonadas, en lo que ha sido un verdadero hervidero del más radical nacionalismo cuando, el Camp Nou, ha explotado en alaridos, pitos, insultos, berridos y protestas en contra de los reyes o de cualquier representante del gobierno español que haya acudido al palco presidencial para presenciar el evento deportivo. Curiosamente, en demostración de la debilidad de los últimos gobiernos que ha tenido el Estado español, en ninguno de los casos la autoridad gubernativa ha tomado medidas sancionadoras como las que, en su día, no dudó en utilizar el general Primo de Rivera.

No es raro, pues, que los socios catalanistas del club hayan seguido siendo los impulsores de una política de enfrentamiento, de crítica, de insultos y de todo menos de lo que debiera ser espíritu deportivo en lo que ha sido el aspecto deportivo del club. Sus propios jugadores catalanes no se han recatado en pronunciarse por la independencia de España y, así y todo, parece que el seleccionador nacional, no ha dejado de citarlos para acudir a representar a España en las competiciones internacionales. Y es que, señores, no nos queda más remedio que reconocer que todos se achantan, sean representantes del deporte, sean ministros de Cultura o, si me apuran, hasta los propios monarcas, que no paran de darles jabón a los gobernantes separatistas catalanes, en las ocasiones en las que deben de encontrarse con ellos.

La última de las hazañas de club Barcelona ha sido la carta, enviada por su presidente J.M.Bartomeu al señor Mas, en la que se manifiesta la adhesión del club y de sus más de tres mil “entidades cívicas” (el tejido clientelar del separatismo) a la llamada consulta sobre el “derecho a decidir” que acaba de ser suspendida por el TC, lo que implica que nadie puede llevar a cabo actividad alguna ni hacer propaganda respecto a la proyectada consulta del 9N. Observemos que, en esta ocasión, ya se han demostrado ser, más que una entidad deportiva catalana, una más de las ramas activas del nacionalismo radical catalán, saliéndose del espíritu estrictamente deportivo y rompiendo sus obligaciones como integrante de la liga española de Fútbol con lo que es evidente que debería ser inmediatamente sancionado y suspendido, por haber incumplido las normas deportivas y considerado como uno mas, el club y sus dirigentes, de aquellos que han osado desafiar la Constitución española.

Parece ser que, en previsión a que se pudiera producir el desgajamiento de Catalunya de España, ya se han iniciado algunas conversaciones secretas para intentar que el Barsa pueda jugar en la liga francesa. No nos extraña que lo intenten porque el verse obligados a enfrentarse al C.F Begues o al C.F. Martorell no creemos que fuera demasiado del agrado de la numerosa clientela del club catalán. Ni el Español, un club contrario al separatismo y siempre considerado como defensor de la españolidad de Catalunya, serviría para darle el máximo interés a una liga catalana o a una selección que, si Catalunya quedara excluida de Europa, en virtud de las vigentes leyes comunitarias al respecto, es evidente que tampoco podría jugar en una liga de cualquier país de la CE.

Por si alguno pudiera pensar otra cosa, basta que veamos lo que opina, en Francia, un partido que, hoy en día, figura entre los aspirantes a gobernar la nación y que, en todo caso, ante unas elecciones generales, van a conseguir un importante resultado que les va a proporcionar numerosos escaños en el Parlamento francés. La presidenta del Frente Nacional, Marine le Pen y los afiliados a su partido, ya se han manifestado de forma contraria a la posibilidad de que, un equipo extranjero, como el Barsa, pudiera formar parte de la Liga francesa. El señor Trias, alcalde de Barcelona, al que su manifiesta incapacidad ya le ha proporcionado sonados fiascos, como el reciente de los pisos de la Barceloneta o, el no menos vergonzoso episodio de su retractación en el caso de los ocupas a los que se debía derribar la casa usurpada y luego, ante sus amenazas, se volvió atrás, permitiendo que la reconstruyeran; fue este señor el que tuvo la brillante idea de decir “ Si Catalunya se independiza de España, el Barsa que juegue en la liga francesa”. El señor Eric Domart consejero del FN ha formulado las siguientes preguntas al alcalde de Barcelona: ¿Cómo se atreve a plantear esta hipótesis sin obtener el previo acuerdo de las autoridades deportivas francesas?; ¿pretenden que le apoyen cuando el Barsa está financiado por Qatar, una dictadura islamista? Y finalmente ¿contaría para ello con el apoyo de Valls? Concluye Domart “La Ligue 1 no es la torre de Babel del fútbol europeo.”

Pueden que en Francia sigan pensando que las aspiraciones de Catalunya se extienden a una parte del sur de dicha nación. O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, vemos a los catalanes jugando la liga infantil.
 

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