Home

Diario YA

“Nunca se miente tanto como antes de las elecciones, durante la guerra y después de la cacería” Otto von Bismarck

Hasta aquí la precampaña, ahora empieza el tiempo de la verdad

Miguel Massanet Bosch.
Son como buitres al acecho. Su afán de encontrar cualquier detalle al que agarrarse, cualquier palabra inoportuna y cualquier frase que se pueda sacar de contexto, para darle una significación equívoca, retorcida o distinta de lo que quien la pronunció quería dar a entender cuando las pronunció, les sirve para intentar sacar provecho de ello para descalificar al adversario, presentarlo como una alimaña que intenta aprovecharse del ciudadano o como un estúpido que no sabe lo que se dice y, en consecuencia, inepto para poder aspirar al cargo al que se presenta.
En ocasiones tenemos a personas sumamente capacitadas, ampliamente cualificadas y dotadas de especiales conocimientos para hacerles aptas para ocupar cargos de responsabilidad en cualquier gobierno; pero, también es frecuente que la improvisación, la  tensión de la batalla dialéctica o la pasión del orador desde el estrado en un mitin, puedan hacer que se cometan errores que dan pábulo a que los malintencionados, los adversarios o los maledicentes se aprovechen de ellos para lo que vulgarmente se conoce como “ hacer leña del árbol caído”. Y esto le está ocurriendo al señor Pablo Casado, un hombre valiente, preparado, evidentemente entregado en cuerpo y alma a intentar, contra las circunstancias adversas que se oponen al nuevo proyecto del PP, levantar lo que dejaron del partido el señor Rajoy y la señora Sáez de Santamaría, para volverlo a situar en el lugar de partido mayoritario que tantos años ha estado ocupando dentro de la política española. Pero Casado debería tener alguien que le avisara, que le hiciera ver que cuando un líder tiene la responsabilidad de luchar en unas elecciones, por conseguir alcanzar el mejor resultado posible, se puede equivocar una vez sin que, posiblemente, le afecte de forma grave a sus posibilidades de ser elegido, pero si repite el error o, incluso, lo triplica, el efecto negativo que se puede derivar, para él, de haber dado tantas bazas a un adversario implacable, experto en estas lides, hábil en tergiversar cualquier propuesta del adversario político si, con ello, consigue puntos a su favor que le ayuden a obtener ventaja en la carrera hacia el triunfo; puede llegar a ser tan catastrófico que suponga perder opciones, en ocasiones todas, en sus planes de alcanzar el éxito.
El señor P.Sánchez puede ser un embaucador, un peligro para España si llegara a gobernar, un inconsciente que está dispuesto a negociar con los comunistas de Podemos y dejarse apoyar, a cualquier precio, por los nacionalistas vascos y catalanes; pero no es un tonto ni un enemigo fácil de derrotar, porque es astuto y lo bastante inteligente como para darle ventajas, porque se sabe aprovechar muy bien de ellas. En este aspecto y en algunos otros, comprobamos que VOX no se prodiga demasiado, tiene muy claras las ideas que quiere defender y la clase de votantes a los que dirigirse y cómo hacerlo para que se acerquen a las propuestas que presenta, todas ellas muy relacionadas con el tipo de Estado que existía antes de la transición, de la llegada de esta democracia actual y de los errores, algunos de ellos garrafales, que los gobernantes, de uno y otro partido, han venido cometiendo desde que, en España, se volvió al sistema de partidos y se optó por un formato territorial distinto al que existía con anterioridad, ahora convertida en  una nación de las autonomías en la que, lo queramos reconocer o no, el número de funcionarios ha subido y lo sigue haciendo de una manera exponencial, los gobiernos autonómicos tienen unas facultades de las que antes no gozaban y el poder del Gobierno central ha quedado muy reducido, al no tener potestad para actuar con la rapidez, autoridad y libertad con la que lo podía hacer antes de que España quedara convertida en una más de las naciones democráticas de Europa.
Vox pretende recoger el descontento de todos aquellos que quedaron disgustados con aquellos cambios, que se dieron cuenta de que, el sistema autonómico, aparte de dar demasiadas competencias a las distintas autonomías y sus respectivos gobiernos, ha creado falsas expectativas a aquellas regiones de España que ya venían reclamando trato especial, más autogobierno y especiales ventajas que premiaran ser las más ricas, más solventes y más industrializadas del Estado español. O, lo que es lo mismo, poca solidaridad con las otras autonomías del resto de la nación, más ventajas por ser “mejores” que el resto y, un plus especia, por tener otra lengua vernácula a la que, por ser ellos quienes lo decidieran, deberían ser consideradas por encima del propio idioma nacional, el español o castellano, como se prefiera; algunas de las cuales ni siquiera han querido esperar a que se les negara desde el Parlamento español y han decidido dar por concedido, motu propio, el permiso para poner en marcha toda la infraestructura de un gobierno independiente del español, utilizar el dinero que les llega desde el resto de España para dedicarlo a subvencionar sus actividades inconstitucionales que, según ellos, los han de llevar a conseguir su independencia de la nación española.
Por si hubiera algún incauto que pensara que el señor Sánchez ya no espera tener nada que ver con los catalanes por lo que se pueda desprender de sus declaraciones, de cara a los votantes, en las que afirma, utilizando de nuevo “él no es no”, que nunca va a darles lo que piden a los catalanes, es decir, un referéndum de autodeterminación para decidir si piensan seguir en España y, según el resultado del mismo, que se les conceda el visto bueno, con el apoyo de Estado español, para constituirse en lo que han decidido denominar una República Independiente Catalana. Den por descontado que, pese a los golpes en el pecho del señor Pedro Sánchez, negando cualquier posibilidad de que las demandas nacionalistas tengan éxito; si llegara el momento en el que tuviera necesidad de sus votos en el Parlamento de la nación española, para seguir gobernando; suponiendo que los escaños de Ciudadanos, a la baja en las encuestas, no le fueran prestados por el señor Ribera, algo que se puede poner en duda, dados los antecedentes de otras ocasiones en las que este líder veleta juró y perjuró que no apoyaría a ningún gobierno socialista y luego, abjurando de lo dicho, se prestó a apoyarlos en Andalucía y otros lugares de España; no tendría empacho alguno a volver a pedir los de los independentistas catalanes y vascos.
En las últimas apariciones en público del señor P.Sánchez, ya no escurre el bulto cuando se le habla de indultos en el caso de que, los separatistas catalanes, fueran condenados por el TS. Ahora ya admite que, primero, lo que corresponde hacer es esperar la sentencia del TS (¡sería espectacular que pretendiera amnistiar o indultar a unos presuntos reos de sedición o revolución, incluso antes de que el alto tribunal dictara sentencia!) pero no descarta que, luego, la política hable. ¿Y de qué es lo que va a hablar la política que tenga que ver con lo que les pueda ocurrir a los condenados, si lo fuesen, de lo que la política pueda hablar? Pues existen varias posibilidades: la primera, un indulto decidido por el gobierno socialista; en segundo lugar, una amnistía para todos los participantes en el proceso revolucionario y, en tercer lugar, algo más sutil, menos comprometido y que les puede servir a los señores del gobierno socialista para evitar aparecer como unos embusteros: el que se valgan de las instituciones penitenciarias para preparar lo que ya han hecho, en Cataluña, con el señor Pujol Jr., a quien le han concedido el tercer grado para que pueda salir en libertad de la cárcel, solamente después de dos meses de estancia en la misma, cuando su condena es de dos años y medio. ¿Será un precedente para lo que tienen preparado para reconciliarse con los soberanistas catalanes, como precedente para poner en marcha lo que ya inició el señor Iceta, hace unos días: “si se portan bien y consiguen que el número de los catalanes que prefieran romper con España alcance  la cifra al 60% del total, pudiera ser tomada en consideración, por el Estado español, la posibilidad de iniciar un proceso para satisfacer las demandas catalanas”? ¡Y aquí nadie ha dicho nada! Cómo si lo manifestado por el señor Iceta no fuera lo suficientemente grave como para  dar al traste con nuestra Constitución, con el Estado de Derecho y con la unidad de España que, para este hombrecillo con apariencia de  duendecillo de Disney, esta absurda posibilidad pudiera existir. Claro que es evidente que, detrás de él, existe el apoyo incondicional, del señor Sánchez que es consciente de que, si quiere sacar algunos escaños en Cataluña, de los 47 que aporta esta comunidad, no le queda más remedio que esperar la colaboración de Iceta, la única persona que quizá pueda conseguir algún voto catalán en apoyo del PSOE.
Y un breve comentario sobre las distintas encuestas con las que los medios de comunicación nos están bombardeando cada día, y más serán las que, hasta la fecha de la jornada de reflexión, irán apareciendo, sabiendo que no nos podemos fiar de ninguna ya que, en cada caso, según el medio que la exhiba, la cocina será distinta y los ingredientes mezclados al gusto de la tendencia política que, cada uno de ellos, defienda. Pero hay una información que, hasta el señor Tezanos (un socialista introducido para poner al CIS a disposición del PSOE) ha tenido que reconocer, a preguntas de los periodistas, que a él mismo le extraña el hecho de la gran distancia que su encuesta establece entre el número de escaños que se le otorgan al PSOE y el que, más o menos la mitad, que se le conceden al PP. Ha tenido que admitir que, con un 40% de votantes que dicen no haber decidido el sentido de su voto, es muy difícil hacer previsiones (¡Sin embargo, no ha tenido inconveniente en hacerlas y, con ello, favorecer a sus amigos socialistas!) No tenemos una varita mágica que nos permita augurar los resultados de tan reñida batalla entre los distintos partidos en disputa, pero tenemos la corazonada (lo de Andalucía ha sido un ejemplo de lo que pudiera suceder) de que, aun reconociendo ventaja al PSOE, si no sucede algo que pueda dar al traste con las posibilidades de cualquiera de ellos, la distancia de escaños entre PSOE y PP no será tan escandalosa como la que parece dar por sentada la encuesta del CIS.
O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, nos resulta muy difícil calcular lo que va a ocurrir en el grupo que pudiéramos calificar como de derechas o centro-derecha, aparte de lo que se viene apuntando como evidente, que VOX va irrumpir en el Parlamento con un número significativo de escaños. Los últimos datos no permiten que nos fiemos demasiado de que se produzca un  aumento significativo de escaños para Ciudadanos, como fue el caso de Andalucía, porque las circunstancias de uno u otro caso no parece que sean las mismas que se dieron en aquella votación y, algunas encuestas incluso pronostican que van a tener un ligero retroceso. Pero la gran incógnita, seguramente, está en el gran perjudicado en todas las encuestas, el PP del señor Casado. Algunos seguimos manteniendo la esperanza de que, muchos de los que dejaron de votar al partido de Fraga, lo hicieron desencantados por el gobierno de Rajoy y sus ministros, que demostraron una tibieza rayana en dejación de sus obligaciones como miembros del Gobierno al permitir que, durante casi un año, se fueran acumulando los desafíos, cada vez más evidentes y más atrevidos, de los políticos catalanes en contra del Estado español; y, es posible que, con el cambio de gobierno dentro del PP y el nuevo rumbo que los renovados directivos que actualmente lo dirigen, le han dado al partido, se recobren aquellos valores y principios que durante tantos años habían sido los soportes éticos y morales de la formación popular y ello ayude a que algunos de los que lo abandonaron regresen a su redil. La esperanza sigue intacta, la razón duda, pero nuestro ánimo para continuar en el empeño de defender nuestra patria, sigue incólume.