Hipotecados de por vida
Jesús Martínez Madrid
No tengo ninguna duda en que la tardanza y la tibieza con que el Gobierno ha empezado a responder a la crisis y a cerrar el grifo de un derroche que sigue goteando y la incapacidad de hacer creíble su política complican la realidad de un deuda no solo asfixiante para el Estado, sino para los millones de españoles que hemos de pagarla con gran sacrificio.
Y es que el agujero del Estado, que a finales de abril alcanzaba los 488.392 millones de euros, representa una deuda de 11.842 euros para cada español (dos millones de pesetas). Las cifras, demoledoras para la economía nacional, son el resultado de la insostenible e irresponsable política de gasto que el Ejecutivo socialista ha llevado a cabo en los últimos años con la ilusión —interesada— de que la crisis era un fenómeno extraño, inexistente dentro de nuestras fronteras. El pasado día 9 asistí a una reunión a nivel nacional de un sindicato sectorial (FSIE), la idea que me queda más clara de entre lo mucho que se habló es que los recortes no han hecho más que empezar. Estamos hipotecados, algunos dicen que de la misma manera como se hacían las hipotecas en los últimos años, sin posibilidades de devolver y “de por vida”. La crisis puede ser aún más grave de lo que vemos.















Por eso hay que pedirles que no se molesten y que se apeen del burro; que admitan, por favor, que las medidas aplicadas hasta ahora no han dado resultado. Que dejen de engañarse y engañarnos creyendo que las cifras experimentaran una mejoría en breve.

Y si el Cardenal Rouco decía que “la advertencia la hacía Juan Pablo II no contra la democracia, sino precisamente en favor de ella”, podemos decir que el recuerdo hoy de esta advertencia es seguramente el gesto más importante para rescatar la débil democracia española.
Hay frases, sentencias, principios, imágenes, que te acompañan allá donde vayas. Una de esas sentencias define, como pocas, el sentimiento aristocrático de la vida. 


