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Diario YA

En la iglesia de Jadraque puede admirarse un cuadro, copia de una Inmaculada de Murillo, con una historia más que interesante

Historia de un cuadro

Enrique De la Puente. Hay cuadros que tienen historia, como el que pintó Velázquez al Papa Inocencio X, por poner un ejemplo, o el de la rendición de Breda, de la que se dice que en el campo de batalla estaba Descartes en un bando y Calderón en el otro. En fin, cosas que se pueden contar de algunos cuadros conocidos y que, por serlo, han inspirado relatos sobre ellos. No es el caso del cuadro objeto de este artículo, del que no se cuenta nada.

En la iglesia de Jadraque puede admirarse un cuadro, copia de una Inmaculada de Murillo, con una historia más que interesante; una historia que refleja lo que es el pueblo español en lo bueno y en lo malo, en sus amores y en sus odios; una historia que conocen los viejos del pueblo y los descendientes de los protagonistas, una historia que merece ser conocida y que voy a contar reuniendo los recuerdos de algunos de ellos.

Antes de empezar, os presento el cuadro. En él se ve una copia de una Inmaculada Concepción, de las muchas que pintó Bartolomé Esteban Pérez Murillo, el genial pintor español, conocido por todos simplemente como Murillo. Es de la serie en que no tiene sus manos juntas y se la ve triunfante y rodeada de ángeles. No voy a hablar de las telas de Murillo, ni de sus azules espectaculares, porque no es el objeto de este artículo, pero sí quiero dejar constancia de que en el cuadro de Jadraque el pintor que lo copió, al que conocí, puso todo el cariño que ponía cuando pintaba cuadros religiosos, consiguiendo prácticamente los mismos efectos en su cuadro que los que lograba Murillo en los suyos.

La iglesia de Jadraque fue construida sobre los restos de una pequeña iglesia románica en el siglo XVII, bajo la dirección del arquitecto Pedro de Villa Monchalián y gracias a las grandes aportaciones de un habitante del lugar, José Gutiérrez de Luna, “El Indiano”, y la colaboración del Duque del Infantado, entre otros. Hay bastantes escritos sobre esta iglesia, porque parece que fue la primera con cruz latina de la diócesis de Sigüenza. El templo tenía un órgano del siglo XVI y un retablo de estilo rococó, que fueron destruidos durante la Guerra Civil, salvándose un lienzo de Francisco de Zurbarán, “Cristo recogiendo las vestiduras después de la flagelación”, porque una parroquiana lo escondió en su casa, pero no es esta la historia del cuadro que pretendo contar.

En la propaganda turística que se puede obtener en las oficinas para visitantes, se recogen estos detalles y algunos más, como que también puede admirarse una talla del “Cristo de los Milagros”, atribuida a Juan de Mena, una pila bautismal, unas sepulturas de alabastro o una rejería, muy bonitas. Lo que no se recoge en esta propaganda, y es de lo que trata la historia que se cuenta en este artículo, es que después de los destrozos que los odios de algunos causaron en la iglesia, quedó ésta en un estado tan lamentable que los vecinos pensaron en cómo podrían contribuir a restaurar su anterior prestancia. De qué forma sería posible reponer lo destrozado, en unos tiempos en los que el dinero escaseaba y todos pasaban por situaciones difíciles. A alguien se le ocurrió la idea de reponer los cuadros, y entonces el farmacéutico que había llegado a Jadraque para trabajar en la farmacia del pueblo, sustituyendo al farmacéutico asesinado, dijo que él era también pintor y que a él también le gustaría colaborar, y que si le daban un lienzo apropiado podía pintar una Virgen digna de colgarse en las paredes de la iglesia. ¿Cómo era un lienzo apropiado? ¿Dónde se podía conseguir? Como en Fuenteovejuna todo el pueblo se dispuso a colaborar y bajo la dirección del farmacéutico, con los sacos en los que se transportaba harina, las tejedoras del pueblo cosieron con sumo cuidado los pedazos de las telas de los sacos hasta conseguir un lienzo que se consideró adecuado. El carpintero aportó su madera, su trabajo y su conocimiento del oficio para hacer el bastidor, los albañiles proporcionaron materiales para preparar la tela y darle una serie de imprimaciones, que permitieran al pintor realizar la obra que se ve en la figura que sigue, un cuadro, que es una copia de una Virgen de Murillo, que gustó a los vecinos de Jadraque. Hasta aquí todos los protagonistas de esta historia han sido anónimos.

Ahora voy a nombrar a los que conozco. Al pie del cuadro, que en la actualidad sigue en la iglesia de Jadraque, se ve a Mari Tere Piñar Mañas, la segunda hija del farmacéutico pintor José Piñar Giménez, al que puede verse en la siguiente foto, pintando otro cuadro bastantes años después. Por supuesto que tengo fotos de él, en las que se le ve de frente, pero pienso que a él le habría gustado, si me hubiera autorizado a contar esta historia, que la foto que se incorporara a este artículo fuera ésta. Era una persona muy religiosa, entrañable y sencilla y que, aunque firmaba sus cuadros, jamás presumía de ellos; sí pienso que le habría gustado mi elección de la foto suya para acompañar esta historia. Por último, yo conozco esta historia, porque estoy casado con la primera hija del pintor, María José.

El cuadro de esta historia sigue en la iglesia, tiene un tamaño considerable y está pintado con buena técnica, los colores han sido bastante logrados, reproduciendo los que Murillo eligió para el original. En cuanto a esta historia de amor y solidaridad, que dio lugar a la existencia del cuadro, poniéndose los vecinos de Jadraque de acuerdo para realizarla, ya casi no queda ninguno de los que intervinieron en ella, pero sí quedan descendientes de ellos que la conocen. El cuadro no está firmado y no me atrevo a asegurar la causa pero sí me atrevo a suponer, conociendo al pintor, que éste pensara que el verdadero autor del cuadro era el pueblo de Jadraque. Esta historia no se cuenta en la propaganda turística que se suministra a los visitantes del pueblo, ni aparece en las referencias a Jadraque que figuran en Internet. ¡Qué Pena!

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