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Israel, en manos de los partidos étnicos

José Luis Orella. 24 de febrero.

Las últimas elecciones en Israel han dado como resultado una sociedad más radicalizada. La campaña electoral estuvo dominada por la miniguerra declarada contra Hamas, donde los candidatos, con discursos incendiarios, intentaron vender su cara más agresiva para ganarse al votante. Sin embargo, la sociedad israelí no es una comunidad homogénea, entre el empate técnico entre Kadima y Likud, donde los laboristas se han visto marginados a una posición secundaria, los partidos étnicos han revalidado su poder decisorio. Por un lado, Israel Beytenu de Avigdor Lieberman, ha conseguido 15 escaños, reuniendo de forma compacta el voto de la primera generación de judíos rusos llegados en los ochenta. Lieberman es un populista que conoce los medios de comunicación, oriundo de la Moldavia soviética, porque fue periodista de la radio oficial comunista en Bakú. Emigró en 1978 a Israel, siendo militante del Kach, un grupo terrorista, ilegalizado en 1988 por sus actos violentos. Ahora, convertido en el tribuno de los “rusos”, proclama un secularismo etnicista; donde el gobierno controle las conversiones al judaísmo, se legalicen las uniones civiles y se deporte a las poblaciones no judías. En el anterior gobierno fue ministro de Asuntos Estratégicos, siendo el máximo defensor de ataques preventivos a otros países.

Pero en su contra se levanta el histórico SHAS, partido religioso que reúne a los sefardíes de Israel, y presenta 11 escaños en las últimas elecciones. Los sefardíes tienen el privilegio de haber mantenido la supervivencia de su religión en un mundo mediterráneo tolerante. La formación del Estado israelí en 1948, confirmó la hegemonía de los centroeuropeos, relegando a los sefardíes marroquíes, yemeníes y balcánicos a los barrios periféricos y los peores trabajos. La reivindicación de su condición les llevó a organizarse y presentar una plataforma política que les defendiese de ser judíos de segunda. En la actualidad son la oposición más efectiva contra el xenófobo Lieberman. No obstante, como platean los partidos religiosos judíos, el secularismo se ha transformado en el peor enemigo interior israelí. Hace unos días, el canal 10 de televisión,  canal privado, donde varios miembros del gobierno Kadima son accionistas, lanzaba un programa blasfemo que tomaba como objetivo los ataques más agresivos contra los católicos. Los obispos católicos de Tierra Santa han protestado y pedido la retirada del programa. Una sociedad dividida y secularizada como la israelí, que cree como verdad lo que anuncian sus medios de comunicación, puede aglutinarse en torno a un discurso de identidad racial, abandonando sus principios religiosos, como demuestra el éxito de Lieberman, y perseguir a la indefensa comunidad cristiana (70.000 personas). El aviso de los obispos católicos previene a tiempo el desarrollo de este cáncer social, que es el anticristianismo.

 

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