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El nuevo senador iba a prometer (lo de jurar estaba muy mal visto) acatamiento a la Constitución

KIPLING, EN RÚSTICA

Manuel Parra. El nuevo senador iba a prometer (lo de jurar estaba muy mal visto) acatamiento a la Constitución; sustituía a un titular del escaño que, por apresurada indicación de su partido, había desaparecido por el escotillón, quiero decir que había renunciado tras unas desafortunadas declaraciones que ponían en solfa aspectos elementales de la legalidad democrática.

El Presidente de la Cámara, serio y circunspecto, como correspondía a un momento tan solemne, se adelantó con “sus poderes administrativos y facultades de policía” (así reza el art. 72.3 de la Carta Magna):

- ¿Promete o jura acatamiento a la Constitución?

Al aspirante se le notaba nervioso al sentirse el centro de todas las miradas de sus futuros compañeros y de los periodistas, así como al estar en el punto de mira de todas las cámaras de televisión; tomó aire y, farfullando, respondió:

- Premita un divé que, si no acato todo eso hasta que se proclame mi república particular, me salga un divieso en salva sea la parte; porque, ¿sabe usté?, yo no estoy nada d acuerdo, pero, por impretativo legal, prometo todo lo que haiga que prometer ahora…

Ahora, el que estaba nervioso y sudaba era el Presidente del Senado, tras oír esta extraña parrafada; apresuradamente, para no prolongar la escena, dijo lo primero que se le ocurrió. Sus Señorías, los periodistas y los ujieres contenían a duras penas la risa y a más de uno se le escapó una pedorreta bucal por el esfuerzo; alguno, más serio, había ocultado su cabeza bajo el escaño, como si buscara algo, en un súbito acceso de vergüenza ajena. Unos desmayados aplausos -que sonaban a chirigota gaditana- sellaron el acto y celebraron la incorporación del nuevo compañero. ----------------------

¿Sería posible esta escena? Sí, todo es posible en nuestra política doméstica. Como se suele decir, la realidad supera muchas veces a la ficción. ¡Si Vizcaíno Casas levantara la cabeza! Y no digamos aquellos cronistas parlamentarios llamados Julio Camba, Azorín o Josep Pla…

Hace muy pocos días hemos tenido los españoles la ocasión de visualizar (¿verdad que se dice así?) una escena que parecía entresacada de un cuento de Rudyard Kipling, pero sustituyendo el habitual carácter épica e imperial de este autor por una parodia burlesca.

El juez Vidal -ese que había redactado una constitución para la república catalana y blasonaba de haber obtenido ilegalmente los ficheros fiscales de los ciudadanos españoles en Cataluña- fue urgentemente obligado por su partido, Esquerra Republicana de Catalunya, a que se hiciera humo, y él, disciplinado el chico, así lo hizo.

En su lugar, el partido presentó a un ciudadano de origen indio (de la India), Robert Masih Nahar, presunto empresario y presidente de la Federación Catalana de Críquet (deporte que, como todos sabemos, es de rancia tradición en el Principado); el sustituto del juez Vidal recitó un camelo a la pregunta reglamentaria de don Pío García Escudero; aquello no era ni castellano, ni catalán, ni catañol…; sonó a chiste de Arévalo, aunque se entendió el latiguillo: “…Hasta la república catalana, obligado…”.

Don Pío casi tronó: -Pero, ¿acata la Constitución? El señor Masih respondió: Por imperativo legal.

También fueron desafortunadas las últimas palabras del Presidente: Bienvenido y buena suerte. ¿Buena suerte? ¿En qué? ¿En que triunfen los proyectos secesionistas?

Toda España lo vio y lo oyó. Y nadie se rasgó las vestiduras ni se desgarraron los cortinajes del Senado. Oigan, y con perdón, para mear y no echar gota, como dicen en La Mancha.

Etiquetas:constituciónManuel Parra