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La biomasa: de las viejas cocinas de leña hasta nuestros días

Los quemadores de biomasa no son un invento reciente. Las cocinas de leña que muchos hemos llegado a conocer no eran otra cosa que quemadores de biomasa: madera, piñas de coníferos u hojas secas servían como combustible para obtener calor con el que calentar los hogares.

Los quemadores de biomasa en la industria

La Revolución Industrial hubiera sido imposible sin la máquina de vapor, que permitió transformar la energía calorífica resultante de la combustión en otras formas de energía. Los trenes de leña y todas las turbinas que obtenían la energía calorífica de materiales renovables ya eran quemadores de biomasa, aunque no se manejara todavía ese concepto. Empresas como la española Natural Fire han sabido ver el potencial de la biomasa como combustible y apostaron por llevar esta forma de usar la energía también fuera de las grandes industrias.

Volviendo a finales del siglo XX, la desaparición de las cocinas de leña, que servían para calentar el hogar y reunía a la familia en una misma estancia, se produjo a la vez que la industria adopta cada vez más quemadores de biomasa, con otro diseño para un mejor aprovechamiento de la energía liberada.

Los quemadores de biomasa industriales suponen una ventaja frente a las calderas alimentadas con combustibles fósiles porque emplean materiales renovables. Es más, según la definición de actual de biomasa, recogida en el Real Decreto 661/2007, del 25 de mayo, explica que la biomasa hace referencia a “la fracción biodegradable de los productos, subproductos y residuos procedentes de la agricultura (incluidas las sustancias de origen vegetal y de origen animal), de la silvicultura y de las industrias conexas, así como la fracción biodegradable de los residuos industriales y municipales”.

Los quemadores de biomasa se alimentan con subproductos vegetales o con materiales a los que no se puede dar otra utilidad mejor, como podría ser los restos de poda. Por tanto, el uso de la biomasa como combustible ayuda a reducir la acumulación de residuos sólidos urbanos y de vertidos procedentes de ciertas industrias.

Aquí entra en escena el ingenio español de los creadores de Natural Fire. Ellos pensaron que sería interesante ofrecer quemadores de biomasa de menores dimensiones a empresas como los pequeños obradores artesanos. Empresas que necesitan energía calorífica y que consiguen reducir su gasto energético al evitar las pérdidas inevitables con el paso de energía eléctrica a térmica.

La diferencia de estos quemadores de biomasa adaptados con los hornos tradicionales está en el rendimiento energético. Son productos diseñados para minimizar las pérdidas de calor, por lo que una misma cantidad de pellets cunde más que en un horno tradicional.

Y así fue como una empresa española, ya en el siglo XXI, comenzó ofreciendo una solución económica mejor a una panadería y terminó siendo aplicado en varios países del mundo. La alta eficiencia de estos quemadores de biomasa, el hecho de que muchos de ellos son multicombustible, la necesidad de ser limpiados sólo una o dos veces por semana y la idea de acercar las ventajas energéticas a empresas que no son tan grandes como una planta industrial fueron los ingredientes de una receta que permite evitar los combustibles fósiles y gestionar residuos de manera eficiente, obteniendo energía en el proceso.

La biomasa se extiende como combustible alternativo a los fósiles en muchos sectores y ya se pueden encontrar en pequeñas industrias textiles, en granjas porcinas y avícolas, en secaderos de cereales, en la industria de la pintura de automóviles y en otros muchos sectores e industrias.