La Iglesia y las ayudas
Pilar Prados de la Plaza. Todo el mundo que no es un ignorante, sabe que todas las instituciones de la Iglesia, Diócesis con sus Parroquias, Cáritas, Manos unidas, etc. han enviado abundante dinero y medios materiales a Haití para aliviar los efectos devastadores del reciente terremoto y por supuesto, el trabajo de cuantos religiosos, misioneros de los que han sobrevivido a la catástrofe, siguen trabajando allí muy generosamente.
Desde el primer momento en que se dio a conocer la noticia de la gran catástrofe, la cabeza de la Iglesia y el representante de Cristo en la tierra que es el Papa actualmente, Benedicto XVI que alienta e impulsa toda esta labor además de la oración, lanzó un llamamiento a todas las instituciones.
Con esto contesto a un comentario poco afortunado que he leído.















Por eso hay que pedirles que no se molesten y que se apeen del burro; que admitan, por favor, que las medidas aplicadas hasta ahora no han dado resultado. Que dejen de engañarse y engañarnos creyendo que las cifras experimentaran una mejoría en breve.

Y si el Cardenal Rouco decía que “la advertencia la hacía Juan Pablo II no contra la democracia, sino precisamente en favor de ella”, podemos decir que el recuerdo hoy de esta advertencia es seguramente el gesto más importante para rescatar la débil democracia española.
Hay frases, sentencias, principios, imágenes, que te acompañan allá donde vayas. Una de esas sentencias define, como pocas, el sentimiento aristocrático de la vida. 


