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Diario YA

La importancia de la imagen corporativa

Si a cualquier estudiante se le ha recalcado incidir en la limpieza de este trabajo a entregar al profesor; si una y otra vez hay que escuchar cuánto de imprescindible es acudir bien aseado y con un atuendo más bien formal a una entrevista de trabajo; si cada vez son más las empresas que se ponen en contacto con un profesional de la decoración para actuar en su sede central… es porque sí, la imagen cuenta. Y mucho.

Destacar en un mercado competitivo

Si bastara con una cuña en la radio o un spot en la televisión sería porque no habríamos avanzado nada desde los años 50 del siglo pasado. Por aquellos entonces la imagen era tan importante como ahora y se daba tal importancia a la comunicación que en países como España había incluso un Ministerio dedicado a ello. El marketing existía también, claro que en un concepto muy diferente al de ahora.

No basta con lanzar un producto y esperar a que los consumidores se lancen a comprarlo cuando, a no ser que sea muy nuevo y muy exclusivo, ya harán lo propio con productos similares de otras marcas. Hay que poner en marcha toda una caterva de técnicas de diversa índole encaminadas a posicionar el producto y a que éste se venda bien. Y, en este sentido, el marketing en el mundo real va inexorablemente unido al marketing online.

Es necesario poner en marcha estrategias bien medidas que focalicen en un objetivo concreto, muchas horas de trabajo delante de un dispositivo (ordenador, tableta, smartphone) para poder, sobre todo, segmentar y dar una respuesta personalizada con éxito. Así es como se vende en el siglo XXI.

La imagen corporativa en las primeras impresiones

A nadie se le ocurriría poner su casa en alquiler con antiguallas por muebles, con cortinas sin lavar desde el 1900 o con suelos en los que se podrían cultivar pimientos. Muy desesperado tendría que estar alguien para alquilar algo de esas características porque, una vez más, la imagen es fundamental.

En el caso de la empresa, si a que la imagen es importante añadimos la alta competencia, podríamos señalar que la primera impresión tiene un valor destacado en la elección que finalmente hace alguien. Es decir, que hay que buscar no solo ser buenos y bonitos, sino ser originales, marcar la diferencia.

Para obtener esa distinción habrá que hacer uso de todos los elementos de los que se dispongan, empezando por la sede central de la empresa, por la oficina. La disposición de la misma, la luz, las formas, el color y la limpieza contribuyen, en primer lugar, al bienestar y confort de trabajadores que serán más efectivos, pero también a maravillar al cliente que visita las instalaciones.

A veces la solución es más fácil de lo que imaginamos, y merece la pena hacer un desembolso que no será alto en comparación con lo mucho que va a aportar. Pensemos en un detalle como las letras corpóreas de acero que, tal y como suena, son letras de acero que se colocan en un lugar destacado de las instalaciones de la empresa (en la recepción, en el exterior), y cuyo diseño llama la atención de quien las ve. Las letras corpóreas acero inoxidable son, además, muy resistentes. Y se pueden escoger incluso iluminadas.

Las letras corpóreas, de hecho, son un valor al alza. Vienen bien en cualquier tipo de decoración, además de en cualquier evento. La diversidad de sus materiales las hacen ideales para, por ejemplo, un enlace matrimonial, donde ya sean blancas o de algún color, con bombillas o sin ellas, más pequeñas o más grandes, forman parte indispensable de la decoración. Son versátiles para adaptarse ya sea ésta vintage, clásica, boho chic…

La marca

La imagen corporativa está íntimamente relacionada con la construcción de la marca y abarca aspectos diversos, como el diseño. Pero más allá de éste, el cómo se trabaja la imagen de una marca concreta influye directamente la psicología social, en cómo una empresa (o la marca, más bien) es percibida por los consumidores y potenciales consumidores.

Hay cientos de ejemplos de marcas exitosas, que desde luego no han ocupado un lugar destacado en el imaginario colectivo de un día para otro. Es cuestión de tener los conocimientos y la voluntad para poner éstos en práctica, o al menos dejarse asesorar por profesionales.